Chile Comercio exterior

Algo para (tratar de) entender el papel del comercio exterior en el desarrollo económico y la cuestión del TPP 11   (1ª parte)

por Claudio Jedlicki

Aunque a algunos les parezca increíble, justamente por conocer a Carlos Marx sólo como un ícono casi religioso al que incluso habría que rezarle, más que por el contenido de su obra, por razones tácticas coyunturales en el contexto de mediados del siglo XIX, este señor barbudo se manifestaba favorable al librecambio.
Hoy, seguimos estando dentro de un sistema capitalista, pero muy diferente al contexto que observaba Marx. Hoy existen sindicatos, patronales y obreros, que negocian los salarios dentro de un cuadro institucional relativamente regulado por el Estado.
De esto resulta que los salarios están lejos de determinarse únicamente por la oferta y demanda de mano de obra, incluso en Chile, a pesar de la escasa regulación.
En consecuencia, aún cuando razonáramos de la misma manera que Marx no podemos llegar a la misma conclusión cuando anunció “voto por el librecambio”.
 Entonces y teniendo en cuenta que el capitalismo que vivimos actualmente es diferente del que conoció Marx, ¿Deberíamos pronunciarnos en contra de este librecambio?
En su gran mayoría, los economistas, desde A. Smith hasta hoy, han sido partidarios del librecambio, si bien para algunos de ellos bajo ciertas condiciones.
Hay una razón evidente para que esto sea así: ningún país dispone de todos los recursos, materias primas, tecnología y mano de obra adecuada para producir todo lo que necesita.
 Si acaso fuese el caso, de todas maneras, aparece como más interesante el especializarse en fabricar aquello para lo cual se tiene mejores condiciones e importar el resto.
Más aún, incluso cuando un país produce algo de mejor calidad que los otros, en un contexto general resulta más interesante para todos el que renuncié a esa suerte de “especialidad” y se limite a producir aquello donde su ventaja (relativa) es la más importante.
Evidentemente, si se cumplen los requisitos formulados por la teoría económica, todo esto es difícilmente discutible.
No obstante, la realidad de la historia del capitalismo hace aparecer toda una serie de consideraciones que nos llevan a relativizar lo que propone la teoría.
De lo anterior podemos deducir que, salvo excepciones, como podrían ser las de países muy pequeños, es muy poco común que alguna entidad nacional sea totalmente librecambista o totalmente proteccionista.
En cuanto a las tendencias a inclinarse por una u otra postura, podemos ver que se tiende al librecambismo cuando se ha alcanzado un nivel de desarrollo superior al resto, como fue el caso de Inglaterra.
Por el contrario, un país tiende a proteger su economía cuando aparece como subdesarrollado, aún cuando esto también es relativo, pues si en función de una política proteccionista se limitan o bloquean las importaciones, es decir lo que viene del extranjero, implícitamente se estará impidiendo vender (exportar) hacia los otros países.
Otro factor fundamental que debe tenerse presente es la dimensión del país. Mientras más grande es un país mayor posibilidades se le ofrecen para protegerse y lograr desarrollar actividades diversificadas y rentables.
 En cambio, mientras más pequeño solo podrá concentrarse en pocas producciones y su necesidad de exportar será mayor para alcanzar escalas de producción rentables.
Para los países subdesarrollados, más allá de la cuestión del librecambio lo fundamental es como se inserta en el contexto internacional y cual es su modelo de desarrollo.
Marx divide la economía en dos sectores, el sector 1, generador de medios de producción y el 2, productor de medios de consumo.
Para lograr su desarrollo, un país necesita medios de producción que permitirán generar los bienes de consumo.
En los países subdesarrollados, donde el sector 1 es inexistente o insuficiente, se recurre al sector exportador (venta al extranjero) para generar las divisas (dólares o euros) que permitirán importar (comprar) los bienes de producción y los bienes de consumo que no se producen localmente.
De esta manera el sector exportador viene a cumplir el rol clave que le incumbe al sector 1, es decir permitir la acumulación o inversión productiva.
 Generalmente, los países subdesarrollados se insertan en el comercio mundial exportando materias primas y/o productos agrícolas. Cuando disponen de un recurso raro a nivel mundial, (petróleo, gas, cobre) tienden a especializarse en su exportación, de manera tal que este representa más de la mitad, cuando no es la casi totalidad de sus ingresos.
Cuando el valor de las materias primas cuyos precios conocen fluctuaciones importantes en el largo plazo, se produce, entre otras, una situación que se denomina la “enfermedad holandesa”.
Esta consiste en que al aumentar las divisas que procura el sector exportador, la moneda nacional aumenta en su valor al tiempo que la divisa lo pierde. En consecuencia, se podrá comprar (importar) más productos de consumo corriente, en detrimento obviamente de la producción nacional.
Tal es la situación que se produce si se dejan los automatismos económicos libres y en ausencia de todo tipo de regulación.
 Existe otra posibilidad que se da cuando el Estado se propone acompañar el desarrollo económico y se abre así un abanico de alternativas que incluyen, necesariamente, medidas en materia de comercio exterior.
 La cuestión determinante allí es decidir los niveles de protección necesarias para desarrollar producciones locales que, por definición, no podrán ser inmediatamente rentables para competir con las importaciones, pues para esto requieren un tiempo relativamente largo.
Entre las formas de protección de la producción nacional para evitar así la competencia con los productos importados figuran las cuotas, es decir la limitación de las cantidades de productos importados o, la aplicación de impuestos (aranceles) a estos para hacerlos más caros.
En cuanto a la estrategia de desarrollo, aún más fundamental es la selección de los sectores, sub-sectores o incluso de los productos que van a ser parte de la futura producción nacional.
De esta manera se va dibujando el tipo de inserción internacional que se prevé y que permite guiar la política comercial externa en adecuación con la estrategia de desarrollo.
(Continuará)

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