Chile : « TOHA »

HUBO UN MINISTRO DEL INTERIOR ASESINADO ANTES DE PODER ENSEÑARLE A SU HIJA VALORES DE HUMANIDAD.

 En un lejano país y hace mucho tiempo (como decían los cuentos de las abuelitas) hubo un ministro del Interior que, en función de su cargo, debió viajar al sur de Chile para enterarse en el terreno de los daños provocados por una erupción del volcán Villarrica.
Como ocurre a menudo cuando hay una catástrofe, esta se produjo en el momento preciso en que menos que nunca, a nadie le gusta sufrir una desgracia, como es el periodo de los últimos días de diciembre, cuando todos está más bien pensando en las celebraciones del Año Nuevo.
Como lo de la erupción era la noticia y, por ende, TAMBIÉN el viaje al lugar del ministro, viajó junto a él un importante número de periodistas, camarógrafos y personal técnico de TV.
Algunos de los periodistas de los servicios estatales viajamos junto al ministro en uno de esos aparatos para ejecutivos, de unas 12 plazas, perteneciente a Carabineros.
Una vez llegados a Temuco, en razón de las características del avión y de las capacidades del aeródromo de Villarrica, cambiamos de aparatos. El ministro viajó en un helicóptero de la FACH y los periodistas en algunos aparatos más pequeños de la misma institución o de ministerios, como el de Obras Públicas, que disponía de estos medios.
Al término de la jornada y luego que el ministro cumplió todas sus obligaciones en el terreno, en el momento de partir de Villarrica a eso de las 17 horas de aquel 31 de diciembre, el motor del pequeño avión en que algunos de los periodistas debíamos volver a Temuco para emprender vuelo a Santiago, se negó a arrancar por una falla de la batería.
El percance en sí no era grave y no significaba un peligro una vez en vuelo, pero sí una cuestión de tiempo, en conseguir otra batería y despegar en los horarios fijados por las normas de la aeronáutica.
Finalmente, luego del remplazo de la batería defectuosa del avión por la de un tractor, conseguimos despegar y llegar a Temuco a eso de las 20 horas. El ministro en persona nos esperaba en la terminal y nos pidió nos apuráramos en embarcar en el aparato de Carabineros, pues estos se impacientaban y no parecían muy contentos.
Fue ya en vuelo que uno de los oficiales que viajaba en la cabina nos explicó la situación que había provocado esa tensión.
Al enterarse que un grupo de los que lo habían acompañado estaban retrasados y no alcanzarían el vuelo hacia Santiago, ordenó se hiciesen reservaciones para todos en un hotel y en restaurante para la cena de Año Nuevo.
“En esta noche en que los compañeros quisieran estar con sus familias, no le vamos a dejar botados aquí lejos. Yo me quedo con ellos y celebraremos este Año Nuevo todos, en familia entre compañeros…”, habría dicho el ministro, según la versión del oficial.
Recordando ese gesto simple, no puedo disociarlo de la noción de lo que es el respeto y la solidaridad entre compañeros, entre los que se sienten realmente unidos por ideales sin que las tareas asignadas a cada uno sean motivo de distancia o jerarquía mal entendida.
Aparte de ese gesto, tengo en el recuerdo la imagen de ese ministro que iba a menudo los domingos al ministerio y que iba por los patios del palacio de La Moneda llevando de la mano a su pequeña hija, deteniéndose para saludar a los que allí trabajábamos (también los domingos).
Con esa imagen presente en el recuerdo, me es imposible imaginarlo erguido, desafiante, orgulloso y sonriente para informar el éxito de una misión en que Carabineros bajo su mando, para tomar por asalto, allanar y destruir las instalaciones de un comedor popular, una radio comunitaria y un club deportivo y detener compañeros sin razón precisa.
Ese ministro fue asesinado por los militares que asaltaron el gobierno en septiembre de 1973 y cuando su hija, aquella que llevaba de la mano cuando iba los domingos a La Moneda, era aún muy pequeña.
Es seguramente por eso que no tuvo tiempo de enseñarle a aquella pequeña principios de humanidad y de respeto por sus semejantes que son el fundamento de las ideas de quien es verdaderamente de izquierdas.
Ese ministro del Interior se llamaba José Tohá.

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