EX PRESIDENTE FRANCÉS CON UN PRONTUARIO QUE HARÍA MORIR DE NUEVO DE ENVIDIA A NUESTRO PIÑERA NACIONAL

Cuando el 6 de enero, el ex presidente francés Nicolas Sarkozy ingresó al local del Tribunal oral en lo penal de París, muchos de los allí presentes, periodistas, abogados, policías y público en general, dirigieron instintivamente sus miradas hacia los tobillos del ex mandatario.
Motivo de esta particular atención, el saber si Sarko, como lo llaman comúnmente, llevaba o no un brazalete electrónico luego que, justo un mes antes, fuese condenado por corrupción a tres años de cárcel, uno de los cuales de pena efectiva con asignación a residencia y bajo control mediante el dispositivo.
El andar patizambo del ex mandatario francés hizo pensar a muchos que realmente llevaba el aparato, pero esto quedó desmentido por los que sabían que la pena no había comenzado aún a ser aplicada y que su particular manera de caminar se debe a los zapatos con doble tacón con que Sarkozy compensa su escasa estatura.
En concreto, si Sarko estaba en la sala del tribunal era porque debía enfrentar una vez más a la justicia, esta vez acusado de corrupción, malversación de fondos públicos, actuación en banda organizada y financiamiento ilegal de su campaña electoral.
Ni más ni menos.
Lo que se reprocha a Sarko es el haber recibido hasta 50 millones de euros de parte del que fuera líder del régimen libio, Muammar Kadhafi, para financiar la campaña electoral al cabo de la cual, en 2007, resultó ungido como Presidente de la República.
A cambio, Sarkozy debería usar del prestigio de Francia para mejorar la imagen del régimen libio en Occidente y, en particular, resolver la situación judicial del jefe de los servicios secretos libios y cuñado de Kadhafi, Abdalá Senoussi, condenado en rebelión a perpetua en Francia, como autor del atentado contra un avión de pasajeros donde murieron 179 personas.
A esto se agregaba la entrega al régimen libio de material de espionaje policial y otros de tecnología nuclear.
Como es evidente, en este caso, como en los precedentes en que enfrentó la Justicia y en los que fue condenado, Sarko ha rechazado los cargos que pesan en su contra con toda la tirria y el furor propio de los petisos, alegando ser víctima de un complot organizado en su contra por algún poder oculto y hasta ahora desconocido.
Enfrentado a la justicia, Nicolas Sarkozy tampoco ha vacilado en descargarse sobre sus más fieles colaboradores y amigos, tres de ellos ministros de su gobierno, los que aparecen como gestores directos en los contactos con el líder libio y en la administración de los ilegales fondos durante la campaña presidencial.
El proceso debe prolongarse hasta el mes de abril próximo y en caso de ser declarado culpable, Nicolas Sarkozy podría ser condenado a diez años de prisión, a 375.000 euros (390 millones de pesos) y a la privación de sus derechos cívicos durante al menos cinco años.
El 14 de febrero de 2024, Sarkozy fue condenado ya a un año de prisión con seis meses de remisión, por haber sobrepasado los gastos legales en la campaña presidencial de 2012, en que postulaba a su reelección y en la cual resultó derrotado, pena que se encuentra en suspenso por haber presentado un recurso de casación.
El 18 de diciembre pasado, el ex mandatario francés fue condenado definitivamente a tres años de prisión por corrupción, tráfico de influencias y violación de secreto profesional, pena acomodada al porte del brazalete electrónico durante un año, actualmente en espera de comenzar a ser aplicada.
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