¡ DOS VECES SIEMPRE MEJOR QUE UNA !

En aquella asoleada, pero fría mañana parisina, Su Serenísima Señoría el presidente del Honorable Jurado de la Palma de Honor se presentó ante la honorable asamblea con una de esas sonrisas amplias, que denotan el inmenso placer de cumplir una tarea exaltante en bien de la Humanidad.
“Hoy quiero presentarles un postulante o, mejor dicho, una postulante que, estoy seguro sin más, hará la unanimidad, tan importantes son sus cualidades y su curriculum anterior, que no tenemos otra opción que otorgarle una vez más, nuestro preciado y mundialmente conocido galardón”, expresó SSS iniciando la sesión.
Consciente de las eventuales fallas de la memoria que pueden afectar a los Honorables Miembros, todos plenos de la sabiduría que pueden dar no pocas décadas a cuestas, pero no menos vulnerables a los ataques de un maligno alemán llamado Alzheimer, SSS hizo un breve recapitulativo de los antecedentes de la postulante.
“Hace exactamente dos meses, esta honorable dama, hoy candidata a la más alta magistratura en ese lejano país llamado Chile, expuso una idea tan simple, pero tan eficaz para detener los flujos migratorios, algo que ni siquiera ese gran demócrata y humanista que es Donald Trump había imaginado: minar las fronteras…” explicó SSS.
“Pues bien, continuó SSS, esta señora, digna heredera de la vocación de exterminación del mal de su padre, miembro de la Honorable Junta de Gobierno que administró Chile entre 1973 y 1990, en la continuidad de lo anterior, ahora propone restablecer la pena de muerte”.
“Las grandes ideas lo son por su sencillez, comentó SSS, si los delincuentes que quieren ingresar a Chile no se transforman en hamburguesa por la explosión de una mina, una vez dentro los esperará la horca, la guillotina, el garrote vil o el pelotón, cuestión de ponerse de acuerdo”.
“Bastaba pensarlo”, acotó.
Los Honorables Miembros que, mientras SSS explicaba, estaban revisando los archivos, sin más indicios, adivinaron el nombre de tan notable personaje: Evelyn Matthei.
No obstante, considerando que tantos méritos no podían quedar solo en la entrega por segunda vez del preciado y mundialmente reconocido galardón, decidieron por unanimidad poner el retrato de la agraciada encuadrado en un marco hecho con motivos acordes a su pensamiento, más una escarapela a modo de condecoración.
Después, para no exponerse al frío exterior, los Honorables Miembros permanecieron en la sala de sesiones y celebraron allí su veredicto, esta vez no con pisco sour, sino con gin tónica, el trago preferido de Su Serenísima Señoría.
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