Chile – Economía

EL ESTADO, ESE MASTODONTE TAN NOCIVO

Por Claudio Jedlicki

Las desencadenadas denuncias acerca del escándalo que constituye el que 25.000 funcionarios se tomaron días de vacaciones en el extranjero mientras se encontraban con licencia médica sugieren que algo más trascendental se ocultaba detrás de tanto ensañamiento.
No es que aquí vayamos a enaltecer a aquellos compatriotas que se las ingeniaron para hacer la cimarra tomando vacaciones suplementarias pagadas como días trabajados.
Pero esto no significa que vamos a sumarnos al coro de condenas, con intenciones políticas funestas, solapadas y no confesadas. Tampoco el que nos interesemos a los detalles jurídicos y otros que acarrea este asunto.
Lo que incita estas líneas es desentrañar la motivación y la forma en que la prensa y los políticos mayoritariamente reaccionarios presentan este hecho y las proporciones que le quieren dar.
¿De qué diablos se trata?
La respuesta es clara:  tirarse contra el Estado, como gran enemigo, a lo Milei y la motosierra, a la manera de la dupla Trump/Musk cortando cabezas. Contentémonos con estos ejemplares para no seguir alargando la lista a la que se colgó la Matthei, hablando de tijera para pasar por moderada…
¿Porque le tienen tanta tirria al Estado? Vaya cuando se trata de más pacos y milicos para garantizarles el respeto y la seguridad de sus bienes y comodidades. Pero en principio, todo el resto lo rechazan ya que significa mayor gasto e impuestos para financiarlo, además de funcionarios que ejecutan, controlan o regulan.
Sobre todo, buscan que menos funcionarios vengan a ejercer atribuciones de control de las leyes y normas que rigen en materias tales como tributación, competencia, polución, derechos de los trabajadores, etc.
Si quedaran tareas indispensables por ejecutar porque les convienen a ellos mismos, como el tener trabajadores mejor formados, en mejor estado de salud, mejorar las rutas, etc., en este caso son favorables, pero a condición de que se privaticen o concesionen. Que sean asumidas fuera de la esfera estatal para generar lucros suplementarios
Generalmente se mide el peso del Estado a través del porcentaje del gasto estatal con respecto a lo que un país produce en un año, es decir su PIB.
De acuerdo a este criterio, Chile ocupa el penúltimo puesto en el listado de países de la OCDE con solo 27,4% del PIB en gasto estatal, adelantando a Irlanda, pero muy por debajo de Francia con 57,3% y del promedio de la zona euro, con un 50%.
No es casualidad que en Chile las universidades sean mayoritariamente privadas, tal como los buenos colegios y liceos, la medicina, las pensiones, las rutas a peaje que permiten circular más rápido y más seguro…
Es así como se aterriza con un gasto público a la mitad, o casi, por debajo de los grandes países occidentales, muy lejos de ser socialistas o de algo tan peligroso que pudiese parecérsele.
Frente a los funcionarios que cometen por primera vez faltas como la de irse de vacaciones aprovechando una licencia médica, en vez de limitar la sanción a un recorte del salario recibido por los días ausentes más una multa punitiva, sólo ven en el despido la única sanción.
Indudablemente, otras muchísimo más drásticas deberán intervenir si hay recidiva o si se trata de altos funcionarios responsables de servicios o de ausencias prolongadas. Se ha desatado en cambio una campaña de desprestigio dejando entender que es una práctica corriente y limitada a la sola función pública.
Para qué detenerse entonces en el rol que desempeñan el crédito y los “endeudadores” en la alienación de estos trabajadores víctimas de la sociedad de consumo y del parecer más que del ser como sustrato del neoliberalismo triunfante y del modelo extractivista. 
Es aquí donde reside el fondo del problema. La distorsión del modelo de consumo que debiera corresponder a un país con actividades limitadas al extractivismo y al sector primario arrojando globalmente un desarrollo relativamente bajo.
 Esto, combinado con la ideología ultraliberal que logró alterar los valores de solidaridad y de autenticidad por otros derivados del winer –donde solo los mejores (los más competitivos, productivos, visionarios…) se imponen-, logra travestir los comportamientos individuales de manera de mostrarnos como formando parte de esta categoría.
No solo se trata de mentirle a los demás, pero también a sí mismo. Lo manifiestan exhibiendo su nivel de vida a través del consumo desproporcionado que emprenden.

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