EN ARGENTINA CONMEMORAN EL FEROZ COMBO EN EL HOCICO QUE RECIBIÓ EN LA CALLE UNO DE LOS PEORES TORTURADORES

El 1 de septiembre habría de celebrarse en Bariloche, Argentina, un evento particular ocurrido hace 30 años y conocido como “La Piña de la Dignidad”;“piña” tal como llaman los argentinos lo que en español castizo sería un puñetazo, pero que en chileno también bien castizo, es un buen “combo en el hocico”.
En una fecha como tal, en 1995, Alfredo Chávez, quien 17 años antes había sido liberado del centro de torturas de El Vesubio, en Buenos Aires, donde había pasado ochos meses secuestrado, torturado y encadenado cuando tenía 19 años, se encontró cara a cara con uno de los más siniestros criminales de la dictadura argentina, Alfredo Astiz.
Chávez, como todos los que alguna vez sufrieron las torturas y las humillaciones de parte de algunos de los esbirros de las dictaduras latinoamericanas, se había preguntado qué haría y cómo reaccionaría si un día, de casualidad —como entonces— tuviera delante suyo a uno de estos criminales, que tanto recordaba.
Y la ocasión se presentó en aquel día 1 de septiembre de 1995, cuando Chávez volvía de dejar a sus hijas en la escuela en una esquina de la ciudad argentina de Bariloche.
“Vos sos un hijo de puta que todavía tiene cara para andar caminando por la calle” —le lanzó Alfredo Chávez, antes del puñetazo que fue a dar en plena cara de Astiz, que trastabilló antes de recibir una verdadera andanada de golpe en plena cara.
“Cada golpe iba en memoria de cada compañero desaparecido” recordó después Chávez. Recuerda que fue una catarata de golpes y patadas, y que le parecieron una eternidad. “Fue un desahogo, los criminales en la calle eran un clavo en el zapato, había que hacer algo”, contó más de una vez.
Fue la llegada de un amigo de Chávez que retuvo a este y que salvó a Astiz de recibir nuevas andanadas de golpes.
Tambaleándose y ensangrentado, el valiente oficial de Marina que llegó a infiltrarse entre las Madres con nombre falso, que asesinó por la espalda a adolescentes, que tiró gente al mar, que hizo desaparecer, entre otros a dos religiosas francesas y que se rindió en Malvinas sin disparar un solo tiro, consiguió refugiarse en un hotel, donde estuvo escondido durante dos días antes de volver incógnito a Buenos Aires.
En la capital argentina, Astiz presentó una querella que no prosperó, quizás en un gesto de la justicia que consideró quizás que una victima había actuado a su nivel allí donde ella había fallado, antes de reconsiderar y finalmente condenar al criminal a cadena perpetua.
El acto de justicia protagonizado por Alfredo Chávez fue ampliamente conocido en Argentina a pesar de la discreción de este y fueron las Madres de la Plaza de Mayo que decidieron hacerlo público y lo bautizaron como “La Piña de la Dignidad”.
En Chile, esta celebración podría servir de inspiración para conmemorar en el mes de mayo un acontecimiento de igual simbolismo y por cierto tanto o más doloroso para aquel que lo merecía.
El 5 de mayo de 2015, a la salida de un juicio en Tribunales, Luisa Toledo, madre de Rafael y Eduardo Vergara Toledo, jóvenes resistentes asesinados por Carabineros, propinó una formidable patada en las huevas a Pablo Honorato, periodista de Canal 13, conocido por haber participado activamente en las acciones de desinformaciónde la Dictadura.
Queda entonces lanzada la idea de celebrar el 5 de mayo de cada año “El día de la patada en las huevas de la dignidad”….
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