Palma de Honor nº 51

PALMA DE HONOR PARA UN REPRESENTANTE DE 7.225.021 POSTULANTES CON MÉRITOS SUFICIENTES

Cuando Su Serenísima Señoría (SSS) se presentó con su capa de armiño y su peluca empolvada ante los Honorables Miembros del no menos honorable jurado de la Palma de Honor, todos sin excepción adivinaron enfrentaba uno de esos terribles dilemas que debe encarar conforme a su importante cargo.
“Si queremos ser justos en la atribución de nuestro mundialmente y reconocido premio de la Palma de Honor y otorgarlo a quien, en este mismo momento. lo merece más que nadie, nos veremos enfrentados a una penuria de palmas”, declaró como prólogo.
“Si queremos otorgar la Palma de Honor según las estrictas condiciones que se imponen a los candidatos, nos veríamos en la absoluta obligación de otorgar exactamente 7.225.021 premios”, explicó.
Intrigado e impaciente, como toda la asamblea, uno de los HM asumió la representación de sus colegas y cuestionó inmediata y directamente a SSS.
¿Qué significa esa cifra que nos ha dado? inquirió.
Fiel a su (mala) costumbre de responder con una pregunta, SSS se limitó a replicar: ¿Acaso no consideráis que, como honorables miembros de esta insigne institución, vuestra obligación es la de estar al tanto del resultado de las últimas elecciones presidenciales en ese lejano paisito que está al fondo a la derecha de Sudamérica?
¡Aaaah!
 Respondieron a coro los HM, significando el haber comprendido lo expresado por SSS, pero no sin replicar a través del improvisado portavoz:
¿Y cómo vamos a hacer entonces?
SSS, que tenía todo preparado, respondió sin vacilar: “he encontrado un personaje que puede representar muy bien a todos aquellos que se sienten identificados con la pinta y las ideas de un nazi rubio, a pesar de que apenas pueden esconder la ojota”.
Y antes de que surgieran las preguntas, SSS adelantó: “el candidato que les presento es un pitecántropo que ha iniciado una cruzada que, en nombre de los mismos derechos humanos con los que los reos de Punta Peuco se limpiaron el que les dije, ahora, porque estos están muy viejos, pretende liberarlos”.
“Y como si fuese poco, este troglodita que es diputado (¿?) y se llama José Carlos Meza, quiere que por las mismas razones también se deje libre a los pedófilos, violadores y otros delincuentes del estilo Karadima…”, concluyó
“No hay más que hablar”, exclamó el HM que hacía de portavoz de la asamblea, a lo que sus colegas replicaron con un nutrido aplauso.
Luego, como todos nuestros lectores ya saben, en alegre algarabía se dirigieron a disfrutar de un pisco sour en el  Cap Horn, en la calle Birague de París, donde en el mes de enero próximo habrá una exposición referida al famoso Le Kahuin de Paris.

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