EN EL MUNDO GLOBAL, LA REACCIÓN EN CADENA DE MOVIMIENTOS COMO EL DE OCTUBRE DE 2019 EN CHILE

Nada está perdido:
Por cierto, Europa está muy lejos y, seguramente es por eso que, en Chile, los medios informativos, sobre todo la televisión, tan presente a toda hora en los hogares, poco o nada hayan dicho de lo que ha estado ocurriendo en países como Bulgaria, Portugal, Eslovaquia y Hungría, entre otros, a pesar de que implica a millones de personas.
Pero, más que la lejanía, la razón de ignorar estos hechos es seguramente el “mal ejemplo” que estos pueden significar, sobre todo en el país, en los angustiosos momentos que se viven frente a la incierta y preocupante etapa que se aproxima, luego de los resultados de la elección presidencial.
En Chile, muchas veces parece no apreciarse y comprenderse el impacto real y el significado de las jornadas iniciadas en octubre de 2019, cuando más allá de las fronteras del país, este episodio tiene ya su lugar en la historia de la lucha revolucionaria mundial, con las enseñanzas que de ella resultan.
Es así como, cuando las circunstancias explosivas semejantes a las que se vivían en Chile en 2019 se hacen evidentes, la más mínima chispa hace estallar la situación que hará nacer nuevos ejemplos que habrán de provocar, tarde o temprano, una reacción en cadena.
En Sofia, capital de Bulgaria, el 11 de diciembre, la coalición de “centroderecha” en el poder dirigida por Rosen Zhelyazkov cayó luego de tres semanas de masivas protestas contra la corrupción, el aumento de los impuestos y las medidas económicas siempre en favor de las grandes empresas y fortunas.
Coincidencia o no, ese mismo día, Portugal quedó completamente paralizado por una huelga general, con tres millones de personas manifestando en las calles contra una reforma laboral lanzada por el gobierno de derecha liberal del primer ministro Luis Montenegro, recortando derechos y favoreciendo despidos masivos, con el consabido pretexto de la “modernización” y la “competitividad”.
En Eslovaquia, nació el movimiento conocido como “La Revolución de la tiza”, referido a la frase “Basta de Fico”, escrita en el muro de la escuela que debía visitar a mediados de noviembre el primer ministro Robert Fico y que se ha sido reproducida con igual medio y masivamente en los muros de todo el país.
La manifestación es de rechazo a la postura prorrusa del gobierno que cumple su cuarto mandato y, por su política distinta de la de la Unión Europea respecto a Ucrania, en un país tradicionalmente hostil a Rusia, desde la intervención militar de la Unión Soviética contra la Revolución de Terciopelo de 1989 en la antigua Checoeslovaquia.
El 13 de diciembre en Budapest, miles de manifestantes se congregaron frente a las oficinas del primer ministro Viktor Orban, líder del partido de extrema derecha nacionalista, exigiendo su renuncia, acusado de negligencia y de encubrimiento de casos de maltrato a niños confiados a instituciones sociales estatales.
En Alemania, en la ciudad de Giessen, al sureste de Colonia, en el último fin de semana de noviembre, más de 50.000 personas se congregaron para impedir una manifestación del partido neonazi Alternative für Deutschland (AfD) para reorganizar su facción juvenil, que había sido disuelta en marzo pasado.
En Marruecos, justo al sur de Europa, en septiembre, unos 50.000 jóvenes marroquíes se reunieron a través de las redes sociales para expresar su descontento frente a la corrupción y a las desigualdades sociales, reclamando reformas y mejoramiento de la salud pública y la educación.
En muchos casos, todas estas manifestaciones, de claro desafío y rechazo al sistema neoliberal, se han interrelacionado con el movimiento de solidaridad con Palestina, que añade el elemento de la defensa de los Derechos Humanos y contra el colonialismo, principalmente en países de Europa, donde los gobiernos de derecha, por su negligencia o su apoyo político y material a Israel, se han hecho cómplices del genocidio en Gaza.
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