Elecciones

« Yo voté por Jadue en la primaria, pero… »

Entre los que frecuentan el mundo en que se comenta la política, raro sería el que sinceramente pueda decir no haber escuchado nunca tan rotundo y violento comentario del estilo: “Yo voté por Jadue en la primaria, pero ni cagando voy a votar por el “Guatón Amarillo…”.

Después del entusiasmo y las esperanzas que generó la candidatura de Daniel Jadue en la primaria de julio pasado, para designar al candidato de la izquierda para la presidencial de noviembre próximo, el amplio triunfo de su contendor el frenteamplista Gabriel Boric, no fue un balde de agua fría, fue un chaparrón glacial para los partidarios del alcalde comunista.

En un gesto de lealtad política que merece ser destacado, inmediatamente después de conocer los resultados de esta primaria, Jadue reconoció el triunfo de su rival y llamó a sus seguidores a plegarse a la campaña de Boric, para lograr su elección en las presidenciales.

No obstante esta posición y en general la del Partido Comunista, que explicó la derrota por el arraigado anticomunismo existente en la sociedad chilena, fueron numerosos los que, incluso entre los tradicionalmente disciplinados militantes del PC, rechazaron esta postura.

¿Cómo explicar esta inédita disidencia y tan rotunda y violenta expresión?

Sin duda, la trayectoria de Gabriel Boric, el joven rebelde de las revueltas estudiantiles de 2009 y 2011, luego convertido en parlamentario y ahora flamante candidato para Presidente de la República de la coalición Apruebo Dignidad, pueden aclarar esta interrogante.

En 2014, la notoriedad que obtuvo dentro del movimiento estudiantil junto a otros líderes como Camila Vallejos, Giorgio Jackson y Francisco Figueroa, abrieron a Boric las puertas del Congreso Nacional como diputado, cargo para el cual fue reelecto en 2017.

Fue a partir de entonces que el joven rebelde comenzó a manifestar los primeros claros signos de lo que algunos llaman “maduración política”.

Así fue como en julio de 2017, trató de disculpar y explicar, sin condenar ni siquiera a medias, las declaraciones de otra de las “luminarias” del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, que así, sin más ni más, había calificado el gobierno de Salvador Allende de “régimen totalitario”.

Dentro de esta misma línea, después y en variadas ocasiones, el mismo Boric, ya menos joven y aún menos rebelde, habría de referirse a Cuba, Venezuela y Nicaragua, sin detenerse en matices históricos ni de contexto, en declaraciones muy semejantes a las que acostumbra formular la derecha y la extrema derecha.

Estas posturas, que en un momento llevaron al secretario general del PC, Jorge Teillier a comentar que Boric “le dio agüita a la derecha” y a preguntarse si este “es de izquierda”, habrían de marcar una aguda diferencia durante el debate televisivo entre Boric y Jadue, en la víspera de la primaria del 18 de julio de este año.

De todas maneras, su apoyo al Pacto por la paz y la Constitución, verdadero “salvavidas” para el tambaleante gobierno de Piñera en pleno estallido social y luego, su voto en favor de la llamada “Ley Antibarricadas”, que sirvió para criminalizar las protestas, dejaron en evidencia su “maduración política”.

Hay analistas que comparan la situación política generada por el estallido social de octubre de 2019 con aquella que se dio a fines de los años 1980.

En aquel momento, cuando las movilizaciones populares iniciadas en 1983 dejaron en evidencia la incapacidad de la dictadura de Pinochet para asegurar la continuidad del modelo económico y social impuesto por la fuerza, se “cocinó” la llamada transición.

De esta manera, la persistencia del modelo quedó a cargo de los gobiernos de la Concertación, la Nueva Mayoría y, por supuesto, en los dos periodos de la verdadera derecha.

Ahora, cuando la dinámica popular que se generó el 18 de octubre de 2019 puso en cuestión la herencia pinochetista mantenida durante treinta años, hay “vástagos” de la Concertación y sus avatares tratando de desviar, pervertir o incluso detener esa dinámica.

Por volver a lo de la próxima elección presidencial, es verdad que para muchos se trata de un terrible dilema donde el voto por un “mal menor” es la única solución, sin tener en cuenta que, como se ha demostrado (por ejemplo, en Francia, en 2017), un “mal menor” es, siempre y de todos modos, un “mal”.

Por último y, a modo de conclusión, es verdad que referirse a Gabriel Boric con apelativos tan fuertes como “guatón” y “amarillo” puede dar lugar a opiniones encontradas y más de alguno fruncirá el ceño en signo desaprobador.

Sobre lo de “guatón”, sin los adjetivos reservados en general para la policía uniformada de Carabineros que algunos le agregan, habrá seguramente variantes entre “maceteado”, “gordito” o, como se dice popularmente, “un poco entradito en carnes” .

Ahora, en cuanto al segundo calificativo….

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