Editorial n° 55

MÁS ARREPENTIDOS QUE LOS QUE HABRÁ SEGURAMENTE CUANDO SUENEN LAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

Apenas dos meses después de que José Antonio Kast se instaló en La Moneda, no sólo como Presidente de República sino también como residente, el porcentaje de arrepentidos en Chile, sin duda sólo será superado por aquel que habrá cuando las trompetas del Apocalipsis anuncien la llegada deL Dios todopoderoso, llegado para juzgar a los vivos y a los muertos.
Son pocos los arrepentidos que se reconocen, salvo en el marco familiar, entre amigos íntimos y de mucha confianza o, en caso contrario, delante de un micrófono y una cámara del reportaje en la calle, para un programa de telenoticias.
En un caso como este último, el orgullo de decir ante el mismo círculo familiar o de amigos:“¿Viste que salí en la televisión?”es inmensamente superior al bochorno desentirse como aquel que, al cabo dos meses de haber contraído matrimonio, enamorado y lleno de ilusiones y proyectos, se da cuenta que ya es cornudo.
Otra manera de disimular es irse arrimando “de a poquito”, sin que se note mucho, a la cohorte de nostálgicos de un pretérito cercano y que llenan las redes sociales con frases como: Lindo mi presidente”, “Tan cerca de su pueblo mi presidente, tan joven, que iba en bicicleta a La Moneda, no llevaba corbata y ahora se pasea con su “guagüita” en brazos”.
“Paciencia, ya lo elegiremos de nuevo en 2030, total, cuatro años se pasan volando. Cuestión de apretar el poto y aguantar lo que viene”
, dirán también.
“Después de todo, si uno no está enfermo no tiene necesidad de ir al hospital y esperar ya no meses sino años para que lo atiendan, como será en lo sucesivo; o si los cabros no van a comer en la escuela, para eso están las mamás en la casa; o que haya menos locomoción, o que suba la bencina o que lo ricos van a ganar más, total si siempre ha sido así”, podrán comentar más allá.
“Ante todo, hay que dar gracias a Dios que hay algo de lo que sólo gozan contados países en el mundo, como es la democracia que existe en Chile y esto, a pesar de estar regida por una Constitución elaborada durante la Dictadura y que, a pesar de este detalle, permite a cada chileno elegir libremente”, sentenciarán otros tantos que hasta darán argumentos tales como:
“Por ejemplo, si uno se compra una Coca Cola y no le gustó, muy simple la próxima vez comprará una Pepsi Cola o una Bilz; se comió un choripán y lo encontró muy grasiento: la próxima vez se comerá un churrasco; eligió a un candidato de izquierda, no le gustó: la próxima vez votará por uno de derecha…”
Felizmente, con una tremenda carga de fresca energía y esperanza, en la última semana de este mes de abril, fueron miles los jóvenes, hombres y mujeres, liceanos y universitarios, los que en las grandes ciudades, como en los pueblos de Chile, salieron a manifestar por lo que consideran debe ser simplemente un mundo mejor.
¡Que entre ellos no haya ninguno o ninguna que se arrepienta de su juventud y su pureza moral, para convertirse más tarde en diputado, ministro, presidente, en fin, promotor de leyes, para cortar a otros y otras las alas con las que quieren volar y de las que ellos mismos se despojaron miserablemente!

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