GOLPES DE ESTADO DENTRO DE LAS NORMAS DE LA DEMOCRACIA

Como hace algunas décadas, buena parte de los países de América Latina se encuentran bajo gobiernos de extrema derecha cuando no francamente fascistas; ahora, ya no llegados al poder de la mano de milicos golpistas obtusos y a través de golpes de Estado, sino dentro del respeto de las normas de lo que se considera la democracia, pero no por eso menos nefastos porque fueron electos gracias a la intervención directa y abierta de Estados Unidos.
Sin olvidar la influencia directa de Trump en favor del argentino Javier Milei en las elecciones parlamentarias de octubre del año pasado, y toda la trama que quedó al descubierto en lo que se llamó el Hondurasgate, un plan para influir en la opinión pública en las elecciones y debilitar a los gobiernos progresistas, la intervención en la reciente elección presidencial en Colombia de toda la mafia trumpista ya no pudo ser más descarada.
Luego del “completo y total respaldo” declarado por Donald Trump al candidato de la extrema derecha colombiana, Abelardo de la Espriella, fueron los congresistas republicanos los que se movilizaron para hacer que los colombianos en el extranjero, tradicionalmente derechistas pero que no votaban, esta vez sí lo hicieran.
Mera coincidencia: pocos días antes de las elecciones en Colombia, las autoridades de inmigración estadounidenses detuvieron al militante Franklin Humberto Coral Garrido, más conocido como Beto Coral, que actuaba en el seno de la comunidad colombiana contra De La Espriella.
Fue ni más ni menos que el propio secretario de Estado estadounidense, el gusano Marco Rubio, quien, en un memorando cuya copia llegó al diario The New York Times, justificó la detención de Coral, “una clara muestra de persecución política”, según el afectado.
“Coral Garrido ha empleado su estancia en Estados Unidos para llevar a cabo actividades políticas en apoyo del gobierno de Petro », señalaba el documento.
En los comicios del pasado 22 de junio, donde se registró una participación récord, según la mayoría de los cálculos, en la estrechísima ventaja con que resultó electo Abelardo de la Striella, el voto de los colombianos en el extranjero y, en particular, en Estados Unidos fue decisivo.
El candidato ultraderechista contó con alrededor del 65 por ciento del voto total en el extranjero y un porcentaje cercano al 80 por ciento en Estados Unidos.
Pero esta intervención no sólo tuvo lugar entre la diáspora colombiana, pues al interior mismo del país, en Barranquilla, dos miembros republicanos del Congreso estadounidense estuvieron haciendo campaña por el candidato ultraderechista: la representante por Florida, María Elvira Salazar y el senador por Ohio, nacido en Colombia y naturalizado gringo, Bernie Moreno, uno de los grandes propagandistas de De La Espriella en Washington.
Toda esta participación oficial para influir en las elecciones en Colombia ha provocado indignadas reacciones en organizaciones de derechos humanos e incluso entre congresistas estadounidenses, los que escribieron una carta pública denunciando lo que calificaron como una “injerencia descarada”.
Dos días después de las elecciones, Iván Cepeda reconoció su derrota después de la finalización del proceso de verificación de votos por parte de las autoridades electorales.
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