UNO DE LOS “ABUELITOS VALIENTES SOLDADOS” DE PUNTA PEUCO QUE KAST QUERRÍA LIBERAR
Frente a las acciones de este gobierno que se suceden como compitiendo entre la estupidez y la ignorancia, y ante el riesgo, de posibles indultos a los criminales encarcelados por asesinatos, torturas y desapariciones de miles de chilenos, en tanto participante responsable de Le Kahuin de París, me permito recordar antecedentes de uno de los “valientes soldados” detenidos en Punta Peuco.
Por Sergio Zamora

En su libro sobre Miguel Krassnoff, Mónica Echeverría explica a la luz del pasado histórico familiar el comportamiento de uno de los peores torturadores de la dictadura de Pinochet, condenado a más de mil años de prisión.
Su abuelo Piotr, nace en San Petersburgo en 1869, hijo de un oficial de alto rango de los cosacos del Don.
En los años cruciales previos a la Revolución Rusa, durante dieciocho meses, entre 1916 y 1917, el general Piotr Krassnoff, jefe de la Seguridad Interior del gobierno del Zar, será el responsable de la implacable represión contra los disidentes.
A la cabeza de su ejército de cosacos, Piotr combatirá en los años siguientes contra el Ejército Rojo y será derrotado. Forzado al exilio combatirá nuevamente contra la Unión Soviética, a la cabeza de su ejército cosaco como supletivos del ejército nazi alemán.
Conocerá una vez más la derrota, y luego de la derrota de la Alemania nazi, Piotr y sus soldados, quienes habían obtenido refugio en Austria, serán devueltos a la Unión Soviética por los ingleses, en donde después de ser detenido en una prisión en Siberia será ejecutado.
Suerte que conocerán sus hijos Nicolaj y Semjon, padre este último de Miguel Krassnoff.
Estas muertes familiares condicionarían la personalidad del inmigrante Miguel Krassnoff Martchenko nacido en Austria, quien, una vez instalado en Chile, por un odio ciego al comunismo se convertirá en el torturador que, como tal, pasará a la historia.
Lo ocurrido con Diana Aron, militante del MIR torturada por Krassnoff y su brazo derecho Osvaldo “Guatón” Romo, expresa quizás como en ningún otro caso el horror que sufrieron todos los prisioneros torturados por él.
Después de ser capturado en Brasil, Osvaldo Romo confesó:
“Cuando apremiábamos a Diana Aron fui brutalmente apartado de mi trabajo ordinario y violentamente empujado a un lado por mi capitán Krassnoff que completamente fuera de sí gritaba: – ¡A mí no me vas a engañar y aunque tenga que matarte me dirás la verdad, perra, puta! Y la golpeó con tanta brutalidad que le produjo una hemorragia; todo el suelo quedo cubierto con un charco de sangre que no se logró atajar y que debe haber sido parte del feto que perdió por culpa de los apremios…
Luego, el mismo “Guatón Romo” continúa: “Lo que más me impactó fue que Krassnoff salió de la sala de tortura con las manos ensangrentadas gritando: “Además de marxista la conchesumadre es judía, hay que matarla.”
Mónica Echeverría comenta; “El que fuera judía, para el capitán Krassnoff lo obligaba a matar como si todavía resonara en sus oídos en las constantes invasiones de los cosacos ¡Muerte a los judíos! Arenga impuesta durante siglos por sus antepasados, ahora transformada en un acceso al que no podía negarse”.
Y luego, ella misma se pregunta: “En ese instante de desvarío, esa obsesión, ¿no terminaría por nublar la mente del compuesto capitán, transformándolo en un asesino, vulgar, descontrolado y sanguinario?”
¿Krassnoff pretendió vengar en Chile la muerte de sus antepasados en la URSS?
Seguramente algo hay del desvarío, de esa obsesión, enunciada por Mónica Echeverria. Pero Chile no era la URSS, y la diferencia de lo ocurrido en el continente europeo, en donde el Ejército Rojo debió combatir la contrarrevolución dirigida por otros militares, entre los cuales los parientes de Krassnoff, es que en Chile no hubo guerra civil.
En Chile hubo un crimen cometido por los militares contra su propio pueblo, desarmado. Y de alguna manera Krassnoff estaba consciente de ese hecho. Ello puede explicar su creación de una red de “amigos periodistas de la DINA”.
Ellos debían dar un carácter épico a la lucha que daba el gobierno militar contra los supuestos terroristas. A defecto de enemigos, había que inventarlos, destacando al pasar el heroísmo, aunque fuese falso, de los actores militares.
En mayo del 2007, el Colegio de Periodistas realizó un sumario contra varios de esos “periodistas amigos”, sancionando a Julio López Blanco, conductor del programa informativo de Televisión Nacional de Chile, 60 minutos, y Claudio Sánchez, comentarista estrella de Canal 13.
Krassnoff permanece detenido en Chile, condenado a más de 1000 años de cárcel por los diversos crímenes cometidos durante la dictadura de su general, Pinochet.
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Krassnoff arrastrado por su destino, de Mónica Echeverría Yáñez, Catalonia, Santiago de Chile, 2008.
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