¡ ALTA TRAICIÓN !

La muerte de un carabinero a manos de un delincuente le vino de perillas a José Antonio Kast para desviar la atención hacia la cuestión seguridad y así hacer pasar a segundo plano lo que puede estimarse como un hecho de alta traición, al poner la soberanía de Chile a merced de EEUU y en particular de Trump, con la adhesión al llamado Escudo de las Américas.
Atrás había quedado lo que el gobierno sostenía incluso hasta unas horas antes en Nueva York, en el sentido que la adhesión de Chile al tratado o como quiera llamársele, continuaba siendo sujeto de estudio.
También pasaba al olvido la declaración del ministro de Defensa, Fernando Barros, que enfático afirmaba que “Chile no era el patio secreto de nadie”.
El mismo día de la firma, en la mañana, el mismo ministro de Defensa restaba importancia al asunto afirmando que la adhesión seguía siendo analizada sin plazo para una resolución, al tiempo de insistir en separar lo relacionado a los mecanismos para enfrentar el crimen organizado y el resto de los aspectos, que calificó de una iniciativa política.
También, en vísperas de la firma, el ministro de Seguridad, Martín Arrau, había informado que en los ministerios de Defensa y de Relaciones Exteriores se estaba estudiando la adhesión al Escudo de las Américas y que habría que esperar algunos días y que entonces habría una declaración oficial al respecto.
Es de pensar que algo hizo que los hechos se precipitaran pues, un día después, el 22 de septiembre, luego de una reunión a puertas cerradas con Donald Trump, José Antonio Kast, el mismo que juró ante el Congreso de la República respetar y defender la soberanía de Chile, incorporó al país a la organización también conocida como “El club Trump”.
Como poniéndose el parche antes de la herida, Kast descartó cualquier renuncia a la soberanía y enfatizó sobre el carácter del compromiso adquirido, puntualizado que no había firmado un tratado.
“Adherimos a una coordinación, aquí no hay tratado”, dijo.
Tratado, coordinación o lo que fuese, lo que una vez más quedó claro fue la voluntad del gobierno de engañar acerca de los verdaderos alcances de la adhesión, ocultando puntos esenciales factibles de ser considerados como atentatorios a la soberanía nacional.
Esto quedó en evidencia luego del comunicado oficial del ministerio de Relaciones Exteriores donde se informó sobre la adhesión chilena al Escudo de las Américas, refiriéndose y poniendo énfasis exclusivamente en su aspecto de organización de lucha contra el crimen organizado transnacional.
Por el contrario, en la versión sobre el documento de adhesión que dio a conocer el gobierno de EEUU, se señalan otros dos aspectos, tanto o más importantes, ignorados por la Cancillería chilena y que se refieren a mecanismos para revisar las inversiones, proteger los flujos de suministro de minerales críticos, promover regulaciones para proveedores confiables de infraestructura digital.
No se necesita ser muy hábil para comprender que estos dos últimos aspectos apuntan a impedir que los países firmantes mantengan todo tipo de acuerdos económicos, comerciales, científicos, tecnológicos con China al tiempo de asegurar a Estados Unidos el suministro de materias primas estratégicas que, como en el caso de Chile, son el cobre, el litio y las tierras raras,
A todo esto, se agrega la posibilidad de solicitar a la OEA una reunión de consulta en relación al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un acuerdo que data de la guerra fría y que compromete una acción conjunta de los adherentes en caso de agresión de uno de ellos por una potencia extranjera.
Todas estas actitudes para ocultar una evidencia de parte de Kast y de sus ministros muestran que actuaron en pleno conocimiento de que ponían en peligro los intereses y la soberanía de la patria, prefiriendo un alineamiento ideológico dictado desde Washington.
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