Qatar : Récords antes de comenzar

Tradicionalmente, al finalizar las competencias deportivas a nivel mundial, estas siempre culminaron con nuevos récords que superaron los precedentes. La copa mundial de fútbol 2022 en Qatar pasará sin duda a la historia por haber marcado récords inéditos, registrados incluso antes de los encuentros: el de la violación de los derechos humanos y del medio ambiente, el de la corrupción y el de la hipocresía.
Para el pequeño emirato situado en el Golfo Arabe-Pérsico, el ser sede de un evento deportivo de tal envergadura era una cuestión de prestigio en el contexto de la competencia con las otras monarquías medievales de la región, principalmente Arabia Saudí.
Es fácil entender entonces que, considerando los millones de dólares que el emirato destinó para este propósito, las condiciones de vida, asimilables a la esclavitud, y la suerte de las decenas de miles de trabajadores extranjeros que llegaron para construir las faraónicas instalaciones, era cuestión de menor importancia.
A partir de datos obtenidos en los países de los cuales partieron esos trabajadores hacia Qatar, es decir India, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka, Pakistán y Filipinas, el diario inglés The Guardian estimó en unos 6.500 el número de víctimas fatales de las condiciones de trabajo extremas, en medio de un calor sofocante y alojados en condiciones insalubres.
De todas maneras, la suerte de estos trabajadores no era un hecho excepcional y estaba enmarcada dentro del sistema regular de violación de los derechos humanos que impera en Qatar como en las otras monarquías del Golfo.
En 2011, un año después de que el emirato obtuviera ser sede del Mundial, un informe de Amnistía internacional señalaba que “Las mujeres son víctimas de discriminación y de violencias. Los trabajadores emigrados son explotados, maltratados y sin protección de la ley. Cientos de personas son privadas arbitrariamente de su nacionalidad y se pronuncian penas de flagelación”.
Por otro lado, en el contexto actual de alerta contra la destrucción del planeta y del medio ambiente, nada más que las instalaciones deportivas dotadas de aire acondicionado y los miles de toneladas de elementos contaminantes que emiten, más los 160 vuelos diarios hacia y desde los países vecinos donde se alojaron los hinchas, bien podría ser considerarse como un crimen contra el futuro de la Humanidad.
Como es fácil de imaginar, todas estas aberraciones fueron posibles a punta de miles de millones de dólares, situación que comenzó a hacerse evidentes desde 2010, desde el momento mismo en que el suizo Joseph Blatter, entonces máxima autoridad del fútbol mundial, anunció que el comité ejecutivo de la FIFA habían decidido que Qatar sería la sede del mundial de fútbol de 2022.
Lo insólito de la resolución, como fue la de entregar la responsabilidad de la organización de un evento deportivo mayor a un emirato sin ninguna tradición futbolística, sin equipo nacional, con un clima agobiante y con un sistema político más que cuestionable, generó natural, espontánea e inmediatamente fundadas sospechas de corrupción.
Obligada por las circunstancias, la FIFA inició una investigación interna a cargo del ex fiscal general estadounidense Michael García, pero este renunció a su puesto cuando la Comisión de Etica de la federación emitió un veredicto en el que señalaba no habían existido irregularidades en la atribución.
No obstante, revelaciones de diversos medios de la prensa europea, señalaron que el presidente de la Federación de fútbol de Qatar, Mohamed Ben Hamman, habría pagado un total de 3,6 millones de dólares a 30 miembros de la FIFA para que votaran en favor del emirato.
La prensa europea reveló también que el presidente de la Federación qatarí y titular de la Confederación Asiática de fútbol, Mohammed bin Hamman, pagó hasta 3,6 millones a 30 miembros de la FIFA para asegurar el voto favorable a Qatar y, en este mismo sentido, un artículo de The Guardian indicó que el emirato había destinado una suma cercana a los 200 millones de dólares para favorecer su candidatura.
En toda esta saga de coimas, hubo un acontecimiento que fue clave en la atribución del evento a Qatar y tuvo lugar en el propio Elíseo, el palacio francés de gobierno, el 23 de noviembre de 2010, nueve días antes del voto.
Ese día, se reunieron en un almuerzo el presidente francés Nicolás Sarkozy, el entonces presidente de la UEFA (*) Michel Platini con el emir qatarí Tamim bin Hamad Al Thani y su primer ministro Hamed Bin Jassen, para hablar del apoyo a la candidatura de la sede qatarí.
Platini, que hasta antes del almuerzo consideraba el que Qatar fuese sede del mundial de fútbol como algo “descabellado”, al salir de este y como por milagro, había cambiado de opinión y nueve días más tarde votaba en consecuencia.
Según la agencia argentina Telam, la justicia suiza dejó en evidencia que en este escándalo de corrupción también estuvieron involucrados dirigentes de Argentina y Brasil, mediante el pago de un monto tres veces superior a lo normal por un partido amistoso en el estadio Khalifa de Doha, entre las selecciones de los dos países, en noviembre de 2010.
En mayo de 2015, la justicia estadounidense ordenó la primera ola de detenciones a dirigentes acusados de , cuando el FBI pudo comprobar que el pago de algunas coimas se efectuó a través de entidades bancarias locales.
En diciembre de ese año, el expresidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, y Michel Platini fueron suspendidos por el Comité de Ética de la entidad.
Finalmente y tal como estaba previsto, el mundial de fútbol se llevó a cabo entre el 20 de noviembre y el 18 de diciembre de 2022, logrando así el verdadero objetivo para el cual no sólo el emirato de Qatar sino directa o indirectamente, los grandes intereses financieros invirtieron miles de millones de dólares:
Hacer que buena parte del planeta siguiera embruteciéndose, preocupada por las evoluciones detrás de una pelota de unos cuantos idiotas en pantalones cortos y pagados a precio de oro, más que por su miseria cotidiana y por el destino de la Humanidad.

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