HACE 33 AÑOS, UN GOLPE CONTRA LA DICTADURA Y UNA CLARA OPOSICIÓN A LA TRANSICIÓN PACTADA


Hace poco más de 33 años, un grupo de militantes de la resistencia, prisioneros en la antigua cárcel de Santiago, demostrando no haber perdido por lo tanto nada de su espíritu combativo, asestaron uno de los golpes políticos más significativos a la Dictadura y marcaron al mismo tiempo su clara oposición a la “cocina” que organizaron los que pactaron para recuperar sus privilegios de poder, dispuestos a mantener los fundamentos económicos y políticos de aquella.
El 29 de enero de 1990, 49 prisioneros políticos que se encontraban recluidos en la antigua cárcel de Santiago, escaparon a través de un túnel de 60 metros que cavaron durante más de un año a partir de un muro de una de las celdas del segundo piso, bajo uno de los patios, debajo del muro exterior y sobre el túnel del Metro, hasta salir a un patio de la Estación Mapocho.
De la manera y las condiciones en que se organizó la llamada “Operación Éxito”, la preparación del proyecto desde el punto de vista técnico, la selección de los que habrían de participar, la apertura de vías desde una de las celda para cavar el túnel, las herramientas, las condiciones de trabajo varios metros bajo tierra, son temas que han sido ampliamente tratados en libros, artículos de prensa y reportajes de televisión.
Con la perspectivas del tiempo pasado desde entonces, puede ser interesante ahora el detenerse en el trasfondo político e histórico de aquel momento, en las opciones políticas de entonces, incluso entre los que estaban prisioneros, y la proyección de estas durante todo el periodo de los gobierno post dictadura, durante la gran revuelta popular de octubre de 2019, hasta el momento actual después del plebiscito y el rechazo al proyecto de nueva Constitución.
A fines de los años 80, luego de la fuga de Sergio Buschmann, militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), desde la cárcel de Valparaíso, el 7 agosto de 1987, las autoridades decidieron agrupar a los militantes prisioneros políticos de las distintas cárceles del país en la de Santiago, para garantizar así una óptima custodia y evitar así una nueva fuga como la que ya las había ridiculizado.
Concentrados en una galería del segundo piso remodelada y situada al interior del penal, lejos de aquellas cercanas a la calle, con un refuerzo de los gendarmes, los reclusos parecían no tener absolutamente ninguna posibilidad de escape, tal como comentara después de la fuga, el propio juez en visita encargado del caso, Juan Araya.
“Se previó impedir todas las posibilidades de fuga, salvo la de un túnel, porque técnicamente era imposible”, dijo.
Pero, al mismo tiempo, el reagrupar a resistentes provenientes de distintos sectores y lugares, con experiencias y conocimientos variados en distintas especialidades técnicas e intelectuales, permitió crear un colectivo de primer orden, cuyos miembros, directa o indirectamente, incluso consciente o inconscientemente, contribuyó al éxito de la operación.
Francisco Peña Riveros
Hoy en París, Francisco Peña Riveros uno de los participantes de esa espectacular fuga, recuerda algunos de esos momentos, entre angustias y esperanzas de obtener la tan ansiada libertad, por los medios que fuese, y el contexto político de aquellos años, luego del plebiscito de 1989 y de la elección de Patricio Aylwin.
“El no haber logrado el objetivo final en el atentado contra Pinochet y luego del fracaso de la internación de armas en Carrizal, la discusión sobre todo esto había provocado divisiones que luego habrían de acentuarse y manifestarse incluso a la luz pública”, recordó Peña.
Estos desacuerdos, en muchos casos se habían acentuado por las expectativas que planteaba la evolución política del país, después del plebiscito de octubre de 1988 que decidió la no continuación del régimen militar y la celebración de comicios para elegir un presidente de la República y a los miembro de un nuevo Congreso nacional.
Fue así como muchos de los que estaban prisioneros decidieron armarse de paciencia y esperar que las nuevas autoridades con las cuales habría de “llegar la alegría”, junto con esta, dentro de un marco de nueva legalidad, traería la tal ansiada libertad
Peña Riveros recordó que “varios de los que serían candidatos a parlamentarios vinieron a buscar nuestro apoyo, asegurándonos que una vez electos votarían por la liberación de todos los presos políticos, pero advirtiéndonos que no podían poner esto en sus programas de campaña, pues podía resultar contraproducente…”.
“Varios de ellos, ni siquiera fueron elegidos”, comentó irónico.
“Para los que estábamos por correr el riesgo de una fuga, esta tenía el aliciente no sólo de la libertad sino también el de asestar un golpe político de primer orden a la Dictadura y manifestar nuestra desconfianza frente a las futuras autoridades, teniendo en cuenta las condiciones de compromiso en que se había obtenido el traspaso del poder”, explicó Peña Riveros
Resultado de la operación, 49 prisioneros consiguieron huir a través del túnel. De ese total, 7 fueron arrestados poco después, otros 4 lo fueron cuando intentaban salir hacia Argentina y otros 2 fueron capturados en Concepción, donde se encontraban clandestinos y realizando trabajo político.
Actualmente, 33 años después, varios de los que huyeron de la cárcel de Santiago en esa histórica noche del 29 de enero de 1990, se encuentran instalados en distintos países, pero siempre con encargo de detención a través de Interpol, por demanda de la Justicia chilena, que mantiene pendiente las condenas por hechos de carácter estrictamente político.
Este notable episodio de la historia de la resistencia chilena deja un sinnúmero de enseñanzas, la principal de ellas es sin duda la voluntad de no dejarse tentar, aún en las peores condiciones como fueron las de la prisión, por acuerdos al margen de la voluntad popular.
Un hijo de la que te dije, llamado Ricardo Lagos Escobar, en su momento dijo que esta fuga era « un hecho lamentable ». Después lo elegimos Presidente de la República. ¡Jueee!