RECHAZO MASIVO A LEY DE JUBILACIONES EN FRANCIA, NUEVO SIGNO DE CRISIS GENERAL DEL MODELO NEOLIBERAL

Después de varias semanas de manifestaciones, con millones de personas protestando en las grandes ciudades como en los pueblos rurales o menores de toda Francia y, luego de haber obtenido la aprobación del Consejo Constitucional, el presidente francés Emanuel Macron firmó la ley que prolonga el tiempo de trabajo antes de jubilar, hasta los 64 años.
El visto bueno del Consejo Constitucional, organismo encargado en Francia de verificar que una nueva ley está en conformidad con la Constitución, fue sin duda el mayor argumento legal que el presidente Macron esperaba para enfrentar a la inmensa mayoría de los franceses que rechazan el proyecto (más del 70%, según encuestas) y que se lo han hecho saber.
Este episodio podría haber marcado una derrota más para el movimiento social francés que, desde hace unos quince años, debió resignarse a aceptar toda una serie de medidas en orden a disminuir cada vez más la participación del Estado en lo económico. social, educacional y sanitario, entre otros, para entregarlo al control del sector privado.
Es decir, el desarrollo del mismo proyecto que en Chile, la dictadura militar impuso mediante el crimen, aplicado en este caso como en otros, a través de leyes creadas ex profeso y a menudo de manera anti democrática, que se conoce como sistema neoliberal.
En el caso francés, la Constitución actual, promulgada por Charles de Gaulle en 1958, en un momento de grave crisis como era el de la guerra colonial en Argelia, otorgó poderes casi absolutos y con características casi monárquicas a la institución presidencial.
De Gaulle utilizó este poder para afirmar los grandes principios de independencia económica y de política social elaborados por el Consejo Nacional de la Resistencia contra la ocupación nazi y, tratar así de recuperar para Francia el sitial de gran potencia mundial.
Paradójicamente y desde 1983, cuando el socialista François Mitterrand debió ceder a la presión de la Unión Europea y enmendar el rumbo económico iniciado dos años antes, esa misma herramienta comenzó a ser utilizada para desarticular el sistema de protección social francés y el papel protagónico del Estado en la economía, la educación, la salud, entre otros.
Desde hace unos quince años, las grandes movilizaciones -huelgas, paralización de fábricas y ferrocarriles, ocupación de industrias o universidades – contra esta deriva neoliberal no consiguieron detenerla.
En 2016, durante el gobierno del socialista (¿?) François Hollande, la ley de reforma del Código del Trabajo que, con el pretexto de dar mayor competitividad a las empresas, recortó importantes conquistas laborales como la seguridad del empleo o la indemnización de cesantía, marcó un momento cúlmine en esta línea neoliberal.
No obstante, dos años después, bajo la presidencia de Emmanuel Macron, la revuelta de los “Gilets Jaunes”, que partió contra el alza del precio de los combustibles y que alcanzó ciertos niveles de violencia, significó un sacudón a todo lo que había sido métodos de organización para la lucha social y sindical e incluso un grave cuestionamiento para la izquierda política.
La utilización desmedida de la violencia policial del gobierno y la prolongación del movimiento con objetivos no bien definidos, hicieron que este fuera disminuyendo hasta quedar reducido a grupos de irreductibles que mantuvieron las movilizaciones más como un ritual que como un método de lucha.
No obstante, este movimiento de los Gilets Jaunes habría de dar un balance positivo pues, además de sacudir esa suerte de modorra sindical, hizo que el gobierno se viese obligado a destinar unos 13 mil millones de euros para tratar de solucionar, por aquí y por allá, los problemas que potencialmente podían generar nuevos conflictos.
En esta nueva confrontación en torno a la reforma de las jubilaciones, la experiencia de los Gilets Jaunes ha sido esencial.
Así, las direcciones de las diversas centrales sindicales nacionales, enfrentadas al peligro de verse sobrepasadas por las bases, (lo que ocurrió en un comienzo del movimiento en algunos sectores), se vieron obligadas a asumir y dirigir el proceso, lo que permitió un elemento esencial en el desarrollo de este, el de la unidad de acción.
De esta unidad, en la que se integraron los partidos de izquierda, resultó un trabajo de información para desmontar toda la maquinaria de comunicación implementada por el gobierno:
No. La reforma no es necesaria, no es justa, no garantiza una pensión mínima de 1.200 euros ni tampoco protege a las mujeres trabajadoras.
Por su actitud arrogante y despiadada, “como la de un gerente que administra no un país sino una empresa”, Emmanuel Macron se han convertido en la personificación de todo el malestar y frustración que ha venido acumulando la sociedad francesa, agravada ahora por la pandemia de Covid, la inflación y las crisis energética y ecológica.
Así, la firma de la ley, lejos de provocar una desmovilización significó un nuevo impulso al movimiento contra esta. La alocución presidencial después de la promulgación fue acallada simbólica y espontáneamente por multitud de conciertos de cacerolas frente a las municipalidades en todo el país, acciones que se han venido repitiendo desde entonces.
Otra de las evidencias resultado del movimiento de los Gilets Jaunes y de las infructuosas tentativas de negociaciones en torno a la ley de reforma de las jubilaciones por los sindicatos, es que más que las manifestaciones bien ordenadas, como procesiones religiosas, lo que dio resultados en 2018 fueron las acciones más enérgicas e incluso violentas.
La reacción preventiva del gobierno y que demuestra la debilidad política en que se encuentra este, ha sido la represión de cualquier manifestación hostil, llegando al límite de la ilegalidad o del ridículo, como el detener a personas por el simple hecho de portar una cacerola “factible de convertirse en un arma”.
En el momento del cierre de nuestra edición, todas las perspectivas de un eficaz y significativo rechazo estaban centradas en la movilización y una eventual paralización de todo el país para el Primero de Mayo.
Muchas gracias por esta muy clara explicación del derrape político y económico en Francia. Este fracaso se está generalizando a muchos otros países donde desaparece lo público y lo social en beneficio de lo privado, como es el caso de España.