GOBIERNO FRANCÉS DECLARA GUERRA A LAS CACEROLAS Y PROHIBE ACCESO DEL PÚBLICO A CEREMONIAS PÚBLICAS

Después de la promulgación por el presidente Emmanuel Macron, de la ley que prolonga en Francia la edad de la jubilación hasta los 64 años, el gobierno francés se encuentra enfrentado a nuevas formas de manifestaciones de repudio a esta legislación, lo que parece estar afectándolo mucho más que los millones que salieron a las calles en los últimos meses.
A mediados de abril pasado, el Consejo Constitucional francés, organismo de última instancia que determina la conformidad con la Constitución de un cuerpo legal, dio su aprobación para el proyecto impulsado por el Gobierno, luego que este obvió su discusión en la Cámara de Diputados, donde podía haber sido rechazado.
Desde el momento mismo en que fue conocida la decisión del Consejo Constitucional y la inmediata firma de promulgación por el presidente Macron, comenzaron a generarse en todo el país manifestaciones espontáneas con cacerolas frente a las municipalidades u otros locales de la administración pública.
Fue así como, respondiendo a un llamado que circuló a través de las redes sociales, hubo “caceroleos” a lo largo del país, para acallar simbólicamente una alocución por televisión del mandatario francés en que este quiso explicar sus razones para prolongar la edad exigida para acogerse a la jubilación.
El movimiento de rechazo provocado desde un comienzo por este proyecto de ley determinó en un hecho casi insólito, una hasta ahora férrea unidad de todas las federaciones sindicales y manifestaciones de millones de personas en toda Francia, desde las principales ciudades hasta en los pequeños pueblos que nunca habían vivido tales momentos de agitación.
So pretexto de desórdenes y alteración del orden público por parte de “grupos ultra izquierdistas” infiltrados en las manifestaciones, el gobierno dio rienda suelta a la policía para actuar y utilizar gases lacrimógenos, golpes de cachiporras, granadas, disparos de bolas de goma, detenciones sin motivo real y todo tipo de violencias contra los manifestantes.
Esta represión desatada determinó nuevas formas de manifestación que se dieron espontáneamente, como fue la organización de pequeños grupos que actuaban en las calles adyacentes a la marcha principal, obligando a la policía a desplazarse constantemente para reprimir a estos grupos que se dispersaban rápidamente tal como se habían constituido.
Esta misma táctica ha sido adoptada natural y espontáneamente durante los “caceroleos” en cada ocasión en que algún ministro, alto funcionario, representante del gobierno o incluso el propio Presidente, ha querido participar en una reunión pública en la capital o en el resto del territorio.
Esta situación, difícil de controlar o de reprimir ha generado de parte de las autoridades la adopción de medidas totalmente absurdas, carentes de sentido e incluso ridículas, como el prohibir a las personas el porte de cacerolas o el acceso del público a lugares donde se celebraría un acto público.
Celoso por ajustar estas disposiciones al estricto imperio de la ley, un prefecto (representante del Ejecutivo) de un departamento del sur de Francia, en su texto oficial prohibitorio definió las cacerolas como “objetos susceptibles de constituir un arma o que puedan servir de proyectiles representando un peligro, así como el uso de dispositivos sonoros portátiles”
En este contexto, que ha sido irónicamente comentado por la prensa internacional, destacó una imagen del presidente Emmanuel durante las ceremonias de celebración de la Victoria contra el nazismo, el 8 mayo, junto al Arco del Triunfo en París.
En ella se ve al mandatario recorriendo la avenida de los Campos Elíseos en su automóvil oficial, saludando con la mano hacia las aceras completamente desiertas y vacías, luego que el público fue obligado a retirarse a varias cuadras más lejos.
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