Chile – Después del voto

HEMOS TOCADO FONDO, PERO PODRÍAMOS ESTAR PEOR

“Nos queda el consuelo de que podríamos estar peor”, me comentaba hace unos días un compañero que llegaba de Santiago, refiriéndose con ironía a la situación chilena después del voto del Rechazo en septiembre pasado y ahora, después de la del  7 de mayo, en el contexto del desarrollo del “Acuerdo de la infamia”, firmado en diciembre pasado por la casta política.
“Hemos tocado el fondo”, sentenció con el mismo tono y la autoridad que le daba el haber estado recientemente en Chile para conocer la realidad allí presente, frente a los pobres chilenos parisinos, limitados a conocer mejor la deriva autoritaria del joven presidente Emmanuel Macron que la deriva pura y simple del joven presidente Gabriel Boric.
 Por cierto, frente a tal autoridad era difícil argumentar, pero siempre quedaba el recurso del optimista que va a considerar que si, como en este caso, se hubiese tocado fondo, el único recurso posible es remontar y salir a la superficie.
Evidentemente, una cosa es decirlo y otra muy, pero muy difícil es conseguirlo. Comencemos entonces por el comienzo.
En las circunstancias actuales y en la perspectiva del único acontecimiento político que según la tradición sería el más importante, a saber, la elección presidencial, el camino parece no sólo trazado, sino pavimentado e iluminado para la Derecha y la extrema derecha.
A nadie debería extrañarle entonces si se supiese, por ejemplo, que José Antonio Kast ya se mandó a confeccionar una banda presidencial a la que le habría agregado una swástica, y que se compró una camisa parda nueva con la corbata negra que le hace juego.
Después de casi un año medio del gobierno, de metidas de pata, de traiciones, de vueltas de chaqueta, de acomodos y de concesiones a la derecha, proceso que, para no olvidar, comenzó un cierto 15 de noviembre de 2019, en que un tal Boric Gabriel participó en un “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, difícilmente se puede tener esperanzas por ese lado.
Por más que se esfuerce por anunciar proyectos y leyes cuyo beneficio para el país está por demostrar, por más que se saque fotos rodeado de cabros chicos o de señoras de un barrio proleta, que ande en bicicleta o que no use corbata, cada vez son menos los que creen en nuestro querido, amado y amarillo presidente. Salvo, por supuesto, los de sus fan’s clubes.
En toda esta debacle queda en lo inmediato una alternativa para recuperar terreno en la pelea por hacer prevalecer la soberanía popular en esta gran tarea de implementar una Asamblea Constituyente para lograr, por fin, una Constitución que refleje los intereses de la mayoría.
Esto es el voto a que será sometido en diciembre el engendro de proyecto constitucional que habrán de elaborar, revisar y redactar los expertos, concejales, asesores y todo tipo de jerifaltes que resultaron del “Acuerdo por Chile” de diciembre de 2022 y del voto del 7 de mayo.
Como resulta evidente, del mismo modo que la anulación del voto para elegir concejales fue una expresión de rechazo y de deslegitimación de un proceso espurio, el rechazar en diciembre próximo el proyecto de nueva Constitución, sea cual sea este, en la medida que habrá sido creado por un ente ilegítimo, aparece como la opción mas conforme a los intereses populares.
El eventual rechazo de este proyecto significará y hay que decirlo, continuar la vigencia de la Constitución de 1980, elaborada por la dictadura.
Esto plantea el peligro de que tal como ocurrió con el voto del 7 de mayo, haya organizaciones que argumentando esto último y conforme a su tradicional política de provocar los cambios “desde dentro del sistema”, estén dispuestos a votar y aceptar cualquier engendro, incluso el más antidemocrático.
Sobre la base del estudio de esta situación de desmovilización de las fuerzas progresistas en un contexto de tensión social creciente como resultado de la inflación, la cesantía, el endeudamiento crónico, la falta de expectativas de mejoramiento y el consecuente aumento de la inseguridad y el crimen, hay científicos que coinciden en pronosticar un nuevo estallido social.
A lo largo de la historia de la Humanidad, es de movimientos como estos que han nacido las ideas revolucionarias que la han transformado y los líderes respectivos, muy a pesar y como es lógico, de los privilegiados interesados en mantener un sistema que los favorece.
En Chile, estos últimos está conscientes de la posibilidad de un nuevo despertar popular y tal como lo hicieron en 1973, con la Ley de control de armas y en 2019 con la Ley Antibarricadas, ahora crearon y orquestaron las condiciones para promulgar la Ley Nain Retamal.
Como todos han comprendido muy bien, esta no tiene por objeto principal el luchar contra la delincuencia sino el reprimir con toda la violencia posible toda contestación al injusto sistema actual.
Esto hace pensar que si lo dicen los científicos y la derecha se prepara, por ahí va el camino y con toda la fuerza y la creatividad popular habrá que desarrollar los medios para superar estos obstáculos y alcanzar los objetivos a los que aspira la mayoría.

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