QUÉ HAY DETRÁS DE LA CREACIÓN DE LA EMPRESA NACIONAL DEL LITIO
Por Claudio Jedlicki

Con bombos y platillos, como corresponde en el difícil momento político que vive su gobierno, Gabriel Boric anunció el 20 de abril pasado, la creación de la Empresa Nacional del Litio, estableciendo que las actividades de exploración, explotación y agregación de valor se harán en colaboraciones público-privadas y donde el Estado buscará tener mayor presencia.
En lo general, el contexto de este proyecto es más o menos el siguiente:
Chile, junto a Bolivia y Argentina forma parte del llamado “Triángulo del Litio, con el Salar de Atacama representa hoy el 30% de la producción mundial de litio y el 36% de las reservas mundiales.
Dos empresas explotan el mineral: La tristemente célebre Soquimich (SQM), empresa estatal que Pinochet “vendió a precio de amigo” a su yerno Ponce Lerou, y que en democracia pasó a ser la billetera de dirigentes políticos de todo el espectro político, que produce el 75% del total.
La otra, Albemarle, una empresa estadounidense, que produce el 25% restante.
Es la CORFO, que arrienda las tierras a ambas compañías mediante contratos hasta 2030 en el caso de SQM y hasta 2043 para Albemarle.
Existen además varios otros salares más pequeños que también contienen litio, pero no explotables, fundamentalmente por cuestiones de protección de la diversidad que emanan de la Convención Marco de Biodiversidad suscrita por Chile.
En este mismo sentido, en el anuncio hecho por Boric se estipula también que el uso de nuevas tecnologías de extracción deberá minimizar el impacto en los ecosistemas.
Mención especial en este proyecto y que el mandatario subrayó es la generación de productos de litio con valor agregado.
En un momento político particularmente difícil, la alocución de Boric aparece como eminentemente política.
Después de la derrota del Apruebo en el plebiscito Constitucional, la ausencia de mayorías parlamentarias y la desmovilización popular este anuncio aparece como una medida relativamente consensual.
Nos deja la impresión de ser un globo de ensayo por la poca precisión en su formulación (“inversión estratégica” “control mayoritario” “respeto de lo acordado y renegociación”). Deja interpretaciones alternativas posibles que permitirían ajustes y correcciones una vez convertida en proyecto de ley.
La madre del cordero de la alocución presidencial la constituye, la renegociación con SQM y Albemarle de los contratos de arriendo vigentes, varios años antes de que expiren, en vistas de asociar el Estado a la explotación del litio lo antes posible:
“En caso de conformarse una empresa pública-privada que explote el litio del Salar de Atacama, esta será controlada por el Estado a través Codelco”…..“una anticipada participación del Estado en el Salar de Atacama será fruto de un acuerdo con quienes actualmente tienen los derechos para explotar el litio”.
Con esto el Presidente, o dijo mucho, o muy poco. A las dos compañías actualmente usufructuarias del Salar nada las obliga a aceptar una negociación desembocando en la explotación mixta del mineral con el Estado, ya que Boric se comprometió públicamente a respetar los contratos vigentes.
En definitiva, así como se nos presenta las cosas, la pelota está claramente del lado de las empresas.
Conociendo el objetivo estatal, el de una empresa mixta bajo control, y la necesaria anuencia para negociar de los que hoy explotan solos el litio, únicamente nos queda especular sobre lo que podría ser esa futura negociación.
Con optimismo, y tal vez este era el punto de vista del gobierno, se podría razonablemente suponer, que las empresas con una visión de largo plazo, no querrán dificultar demasiado los objetivos estatales y asegurarse en contrapartida su mantenimiento en la explotación del litio.
De alguna manera perpetuar su presencia en la explotación más allá de los plazos contractuales vigentes, 2030 y 2043, pasaría por una buena disposición en la negociación y la aceptación de la asociación con el Estado.
Sin embargo, no hay mucho donde apoyarse para suponerles un tal comportamiento, sobretodo a SQM.
Evocábamos más arriba la situación de debilidad en que se encuentra el gobierno, a la que vino a sumarse la derrota por “Knock out” en la elección de consejeros constitucionales del 7 de mayo, que difícilmente deja augurar otra cosa que un escenario de un gobierno limitado a asegurar la gestión de los asuntos corrientes.
Por lo demás, recordemos que SQM no es una empresa que se deje intimidar por el Estado, como lo atesta su rechazo a pagar el impuesto del royalty minero por alrededor de 745 millones de dólares – que en cambio Albemarle aceptó.
Se agrega que el plazo para obtener un nuevo arriendo va hasta el 2027, y que el gobierno Boric expira “en el mejor de los casos” en marzo de 2026.
En consecuencia, no esperamos mucho de SQM, que estará infinitamente mejor tratada por el Führer Kast, así como parece que venirse la mano, o por cualquier otro que poco tendrá que ver con las fuerzas de progreso.
Por lo demás, las reacciones de la derecha registradas hasta aquí, RN y UDI y de las organizaciones patronales han sido hostiles a la proposición de Boric arguyendo la supuesta ineficacia del Estado para asumir la gestión de una tal empresa.
Desgraciadamente la tardanza en el calendario con la que aparece esta iniciativa fundamental, hace improbable su concretización. La voluntad de alterar la inserción extractivista de la economía chilena en la economía mundial anunciada en el programa de Boric, aparece frenada.
El litio, mineral indispensable para el pasaje a la electromovilidad que permite asegurar un desarrollo sostenible del planeta constituía por excelencia el producto ideal para iniciar la reconversión.
Sobre la base de la importancia de sus reservas, Chile está en condiciones óptimas para negociar en el exterior la industrialización local de una parte del litio. Accederíamos de esta manera a exportar mayor valor agregado y generar otros encadenamientos en el desarrollo industrial nacional. Fabricar baterías de litio, permitiría posicionar al país en un sector clave del comercio mundial de los próximos años.
Y que no se nos oponga el que no disponemos de la tecnología para tal. Lo haríamos asociando la empresa estatal al capital extranjero que sí dispone de ella.
Atrevámonos a afirmar que estimamos de lejos preferible, este modelo de empresa mixta que confiar el desarrollo industrial a la oligarquía criolla con su visión cortoplacista.
Una asociación que asegure la transferencia de la tecnología extranjera a la empresa nacional y que abra una perspectiva de autonomía a largo plazo, por ejemplo con empresas chinas, nos parece mucho más prometedora que la “codicia”oligárquico local.
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A propósito del Litio y de las ambiciones de Estados Unidos a este respecto, ver la excelente crónica de la periodista Inna Afinogenova en Youtube:
https://www.youtube.com/watch?v=mU7Uig1K49k
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