Internacional – Argentina Milei

ESPANTAJOS PARA HACER QUE HASTA EL FASCISMO TENGA UNA PINTA PRESENTABLE

Es evidente que hay muchas razones que siguen pendientes para explicar cómo Javier Milei, una especie de espantajo histérico, con un lenguaje grosero y proposiciones que harían palidecer hasta a los ideólogos nazis, pudo obtener la más alta votación en las primarias generales en Argentina, previas a la presidencial y las legislativas del 22 de octubre próximo.
Buscando algunas de estas, con todo respeto (como dicen los borrachos solemnes), me permitiré no recurrir a Antonio Gramci, cuya cita en cuanto a los monstruos que aparecen entre una era que termina y otra por nacer, ha sido demasiado manoseada en malos discursos, de esos que comienzan con “la mucha agua que ha pasado bajo los puentes”.
Más bien y sobre la base de otras experiencias en el mundo, me atrevo a pensar que este estrafalario personaje sería una especie de vanguardia o de “tejo pasado” de una extrema derecha más formal y en apariencias más civilizada.
Esta idea parte de lo ocurrido en Francia durante la campaña presidencial para las elecciones de 2022 y en la presencia de uno de los candidatos, Eric Zemmour, que postulaba un programa de gobierno que, sin complejos, superaba por la extrema derecha al de Marine Le Pen.
 Este personaje, con pinta de híbrido salido del cruce entre una laucha y un saltamontes, hizo sus primeras armas como periodista en un diario a la imagen de El Mercurio (Le Figaro) y se hizo conocido del gran público como polemista en una emisión de televisión entre cultural y farandulera.
Con el apoyo de uno de los grandes magnates franceses, Vincent Bolloré, propietarios de varios canales de televisión, vectores de las ideas más reaccionarias, Zemmour pasó de lleno a la política, reivindicando sin complejos al régimen de Vichy y su colaboración con los nazis durante la Segunda guerra mundial, las supuestas bondades del colonialismo o la eventual deportación de los emigrantes, entre otros.
Si bien el resultado de Zemmour en las presidenciales fue sólo de un 7%, su presencia permitió que Marine Le Pen ganara varios puntos en el proceso de “desdiabolización” de su partido para hacer que sus propuestas tanto o más fascistas aparecieran casi “normales”.
En Argentina, Milei, al son de rugidos de león y gestos semejantes al de uno de esos poseídos de las películas de terror, propone en su programa cuestiones tan extravagantes como la privatización general y poco menos que la de la Casa Rosada (palacio de gobierno).  la liberación del tráfico de órganos o el cierre del Banco Central, más toda una serie de remedios simplistas para problemas complejos.
Su rival en la derecha, Patricia Bullrich, fue ministra de Seguridad del gobierno ultraliberal de Mauricio Macri y que se distinguió por la adopción de una serie de medidas para reprimir y criminalizar las protestas sociales, además de limitar la labor de los periodistas durante la cobertura de estas.
 Tal como en Francia, el extremismo de Milei, unido a sus extravagancia han servido y están sirviendo para que Patricia Bullrich, con ideas que son en el fondo muy parecidas en su extremismo  de derecha, las haga aparecer como “moderadas” y para mostrarse ella misma como la representante de una derecha “seria”.

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