Chile – El « Jaguar »

LAS CUATRO PATAS DEL JAGUAR CHILENO

Por Claudio Jedlicki

Un modelo de desarrollo progresista debe necesariamente tender a reducir las desigualdades, lo que en Chile implica mejorar las condiciones de vida de alrededor el 90% de la población. En consecuencia, tanto la estructura del consumo como el acceso a los bienes y servicios deben converger con este imperativo.
En un país como el nuestro, esto significa que la estructura del consumo no debe ser la que surge espontáneamente de la distribución del ingreso, la que resulta de la demanda ejercida por los consumidores en función de sus gustos y recursos. El consumo de los sectores con menos recursos debe ser superior al que les permite su nivel de ingreso. En una economía de mercado, esta no equivalencia se resuelve con la intervención estatal. El Estado debe entonces, aumentar considerablemente la disponibilidad de los bienes colectivos o públicos, aquellos que pertenecen a todos.
Son servicios de aéreas como la educación y la salud los más susceptibles de ser tratados en prioridad como tales, pero también espacios de recreo y deporte, actividades culturales, el transporte interurbano (ver Transantiago), etc.
Para el modelo neoliberal (MNL), obrar en esta dirección sería, ni más ni menos, caer en pecado mortal y exponerse ipso facto a las puertas del infierno.
Hasta hoy, el MNL que adoptó la dictadura sigue vigente. Como dijo Rolf Lüders, ex ministro de economía de esta, “la Concertación no sólo administró el sistema, sino que lo perfeccionó en forma muy significativa”*. Logró ganar 4 elecciones presidenciales seguidas y gobernar durante 20 años. Si posteriormente conoció la derrota, hasta el estallido del 2019, lo fue dos veces por más liberales que ella, Piñera en 2010 y 2017.
Subrayemos entonces que hasta ahí el electorado no cuestionó para nada el MLN en su esencia. No parece demasiado osado emitir la hipótesis que los sectores a la izquierda de la DC, pero no por eso realmente de izquierda, se acomodaron con el MLN, por decir lo menos.
Trataremos de mostrar que esto ha sido obtenido fundamentalmente por la atracción que generó el consumo de masas.
La incipiente sociedad de consumo en la que desembocó el MNL aparece en los años 1990 para consolidarse en los 2000, apoyándose, como todo cuadrúpedo, en cuatro patas para avanzar: crecimiento, competencia, publicidad y endeudamiento.
El crecimiento económico entre 1990 y 2019 fue importante. El PIB, es decir el valor de todos los bienes y servicios producidos en el país, en un período dado, se multiplicó por casi cuatro veces (3,8). Sin embargo, el ritmo de crecimiento de 1990 a 2008 es mucho mayor, que el de ahí al 2019.
Desgraciadamente resulta imposible dar una estimación fiable de la contribución, directa e indirecta del cobre, al PIB. Groseramente, es algo del orden del 20%, es decir la quinta parte. En todo caso, de 1990 a 2008, se verifica una relación directa entre un PIB que crece aceleradamente en media anual, 5,6% y la producción física de cobre, 6,87%. Inversamente, el crecimiento anual de ambos de 2009 a 2019, solo alcanza a 3,2% y 0,83% respectivamente. La evolución coincidente entre ambas variables es manifiesta.
La competencia es llevada a extremos en el MNL, ya que a fuerza de competir se optimiza el resultado, deriva en la del espíritu competitivo. Entre ellos, Estados, empresas, comercios, individuos…todos compiten con todos. Es la cultura del winner, del ganador. El éxito, el reconocimiento social proviene de la performance.
Esta se mide en dinero, los Estados, las empresas y los comercios disponen de balances y estadísticas que dan cuenta. Pero los individuos no pueden andar mostrando la billetera o la cartola del banco para jactarse o buscar admiración, respeto, envidia u otro desorden mental que se asemeje. Cuando no se tiene talento para bluffear, esto se resuelve exhibiendo lo que el dinero permite procurarse.
Es de notoriedad en los medios académicos estadounidenses, observar que rivalidad y relaciones cordiales entre sus miembros coexisten en buena armonía. Sin embargo, no es el caso en el seminario de economía de Friedman en la Universidad de Chicago**. Que la rivalidad entre colegas afecte las típicas buenas relaciones que se dan en los demás centros universitarios, sorprende. Que ocurra justamente allí donde se preconiza por excelencia la exacerbación de la competencia, nos sugiere que tal vez no sea pura casualidad.
Partiendo del hecho que las decisiones de compra se toman de manera emocional, la mercadotecnia publicitaria intenta alejar los mecanismos de compra de un proceso lógico y racional. El mensaje publicitario generalmente trata de mostrarnos como necesarios, nuevos productos, en vez de partir de una necesidad comúnmente asumida para proponer el producto que corresponde.
Del mismo modo, intenta generar nuevas necesidades, trata convencer de la superioridad del producto nuevo con respecto a la supuesta obsolescencia del que disponemos, exaltando nuevas funciones de las cuales probablemente nunca nos serviremos. O bien, trata de exaltar nuestro ego al sugerir un mejoramiento de nuestra imagen a través de la posesión del producto que se nos propone.
La democratización en el acceso al crédito o endeudamiento, al alcance de la casi totalidad de la población permitió un aumento permanente y muy por encima del salario, del ingreso disponible de las personas. Alrededor de los 2/3 de los hogares del país están endeudados.
Consumir más allá de sus posibilidades gracias a un financiamiento suplementario contribuyó de manera decisiva a la consolidación de la sociedad de consumo. No obstante, esta ampliación está limitada a la capacidad del endeudado a asumir las obligaciones financieras que resultan del préstamo. La condición de moroso conlleva la exclusión automática del deudor del sistema de sobreconsumo.
Cada uno de estos factores, contribuyó grandemente a persuadir a la mayoría que el MNL abría las puertas de la felicidad, más allá de una reflexión seria y meditada de su significado.
Marx ya nos había advertido de la distinción entre clase en sí y clase para sí.
Durante el gobierno popular, la gran mayoría de los trabajadores habían empezado a devenir una clase para sí. La derrota, el oportunismo, la extracción de clase de la cúpula de dirigentes de lo que fue la izquierda chilena, así como el derrumbe del socialismo en la URSS y Europa del Este, nos hicieron retraernos para devenir nuevamente una clase en sí, cuando no a varios tantos, en conscientes traidores.

*La Tercera 5/10/18
**Le Monde 4/08/23 pg.24

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