EL HUMOR: SANA REACCIÓN POPULAR DE RECHAZO
AL SHOW INDECENTE DE LA SANTIFICACIÓN DE PIÑERA

Cuatro días después de que los gigantescos incendios que afectaron la región de Valparaíso, que provocaron la muerte de al menos 132 personas y dejaron a varios miles sin hogar, Sebastián Piñera murió ahogado, al caer el helicóptero que piloteaba al lago Ranco.
Como era de suponer, los 132 muertos de los incendios, en general gente humilde, así como los miles que perdieron lo poco y nada que tenían, fruto, en la mayoría de los casos, de años y años de sacrificio y de esfuerzo, pasaron a segundo plano tanto en el interés de los medios informativos, como de toda la clase política, sin excepción.
Por cierto, se podría considerar que la muerte espectacular y repentina de un personaje que en dos ocasiones ocupó un cargo público de primer orden merecía toda la atención oficial y exigía el desarrollo de un protocolo republicano, en el marco de una sociedad tan apegada a ideas como que “no hay muerto malo”.
Pero la decencia y un mínimo de honestidad y respeto por una historia que es tan reciente como la gestión presidencial del difunto exige límites que fueron sobrepasados con creces, comenzando y, como era de esperar pues no podía fallar, por nuestro inefable, bienamado y admirado guía supremo en La Moneda.
Que la derecha y todos los que se identificaban en diversos grados con la ideología del muerto hayan manifestado su sentimiento, nada más normal.
En cuanto a lo oficial, vaya y pase el show que comenzó con el traslado del féretro de Piñera desde el aeropuerto hasta la sede del ex Congreso Nacional, con un despliegue de motoristas y vehículos de escolta, en un cortejo en que sólo faltaron los disparos al aire para que pareciera el funeral de un narcotraficante.
Vaya y pase el desfile de ministros y representantes políticos haciendo guardia de honor con cara compungida y un gesto como si tuvieran un limón en la boca.
Vaya y pase la presencia de nuestro inefable y bienamado guía delante de la puerta principal del Palacio de La Moneda, llevando la banda presidencial con cara de tener los zapatos apretados y la mano en el pecho, en ese gesto ridículo que le copió a los gringos.
Todo esto corre por cuenta del protocolo.
El problema se dio desde el principio cuando el inefable se dejó llevar por la lengua y, desde que comenzó la función, adoptó una actitud de contrición y abiertamente negacionista en relación con lo que fue la actuación como presidente del muertito, sobre todo en su segundo periodo y durante el estallido social, cuando le declaró la guerra al pueblo que manifestaba en las calles.
“Actuó en ocasiones de una manera con la que discrepé, pero usando siempre, repito, siempre, los mecanismos de la democracia y la Constitución”
Sin duda pensando en las bravuconadas que había lanzado durante el estallido social cuando expresó “quienes sean responsables los vamos a perseguir nacional e internacionalmente con todas la vía de la ley así que señor Piñera, está avisado”, nuestro guía supremo terminó pidiendo disculpas:
“Durante su gobierno, las querellas y recriminaciones fueron, en ocasiones, más allá de lo justo y razonable”.
Como era de suponer, la derecha no perdió la oportunidad que les ofrecía y se lanzó en picada para exigir que, en acuerdo con este acto de contrición, se retiraran todas las querellas por violación a los DDHH en contra de los ministros y responsables durante el estallido social.
También y como era dado imaginar, los mal pensados de siempre echaron a correr la voz que el gesto del inefable era una “manito” al general director de Carabineros, Ricardo Yáñez, que debe ser formalizado también por violación de los DDHH y el que, según su defensa, “cuenta con el apoyo del presidente Boric”.
Por último y como balance, cabe preguntarse si la idea de unidad nacional en torno al duelo por la muerte de un personaje a lo menos cuestionable, que trató de imponer la clase política y sus medios de comunicación, tuvo algún impacto y una buena acogida popular.
Cualquiera que haya recorrido las redes sociales durante las últimas semanas podrá tener rápidamente la respuesta.
Desde el comentario que circuló luego que el centro de la atención nacional dejara de lado los incendios de Valparaíso para centrarse en la muerte de Piñera hasta la respuesta del público al llamado a un minuto de silencio durante el partido entre Colo Colo y Huachipato y los masivos gritos de “Piñera asesino” son hechos elocuentes.
“Piñera terminó su vida robando, ahora se robó el duelo por los muertos de Valparaíso” fue el comentario que en cierto sentido marcó el inicio de una serie de cientos de imágenes y chistes que circularon a través de las redes sociales, recordando la imagen que dejó Piñera, en el sentir popular más allá de los hipócritas homenajes de la clase política.
“Piñera hizo perro muerto”, señalaba una de esas imágenes, aludiendo al hecho de haber muerto impune desde el punto de vista legal formal.
Lo cierto es que, con esa arma devastadora que puede ser el humor popular, Piñera fue condenado como se merecía.
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