Chile – Huachipato

BREVE HISTORIA DE LA CRISIS QUE SUFRE HUACHIPATO

por Claudio Jedlicki

La Compañía de Acero del Pacifico (CAP) fue creada en 1946 con capitales mixtos, privados (53%) y públicos (47%) inscribiéndose en el proceso de industrialización por sustitución de importaciones,  impulsado fundamentalmente por la Corporación de Fomento de la Producción, CORFO, creada en 1939.
En 1950, la CAP inaugura la planta siderúrgica de Huachipato. Se suman posteriormente yacimientos de hierro en Algarrobo (1959), Romeral (1971) y una planta de pellets en Huasco (1978), entre otros.
En 1968 el Estado pasó a ser mayoritario en el capital, llegando su capital a un 97,6% en 1973.
 Durante la Dictadura, en 1981, se reorganiza la CAP con la creación de una sociedad inversora (holding) de la cual dependen tres filiales: La Compañía Siderúrgica Huachipato (CSH), La Compañía Minera del Pacifico y Abastecimientos CAP.
La privatización de la empresa se inició en 1986 y se completó al año siguiente, siendo esta una parte significativa de la pérdida patrimonial total sufrida por CORFO, corresp0ndiente a cerca de 1/3 del total, por lo que se pagó apenas poco más de 10% del valor real.
Privatizaciones manipuladas por la mafia cívico militar en beneficio de la burguesía o más bien “burufiansía” nacional, al que se agregan miembros y allegados de la familia militar.
La CSH, filial de la CAP, que desde hace algunos años acumula pérdidas, en 2023 terminó por reclamar salvaguardias frente a la competencia desleal china.
En marzo pasado, la Comisión Nacional de Distorsiones de Precios en Mercaderías Importadas (CNDP) acordó exigir derechos aduaneros del orden del 15%, sin embargo  inferiores al 25% solicitado. Esto llevó a la CHS a anunciar la próxima suspensión de sus actividades, y el apelar la decisión de la Comisión.
En abril, la Comisión accedió a la demanda de la CSH que anula la suspensión de actividades programadas. Esta vez los representantes del gobierno votaron a favor, pero los del Banco Central y la Fiscalía Nacional Económica, instituciones autónomas, lo hicieron en contra.
 Por el momento la decisión es transitoria, ya que solo en septiembre habrá un pronunciamiento definitivo.
La pérdida potencial de 22.000 empleos que ocasionaría el cierre de la CSH pesó en la decisión gubernamental.
Sin embargo, los argumentos contrarios no son totalmente desechables: el eventual dumping chino no está comprobado; tampoco el considerar las represalias que podría ejercer China contra las importaciones chilenas;  o el hacer asumir a otros la ineficiencia de la CSH que, en fin de cuenta, significa dejarlo a cuestas del consumidor final.
La problemática engendrada por la CSH es compleja para el gobierno. Se trata de una empresa típica de un modelo industrialista y desarrollista con encadenamientos reales y sobre todo potenciales, por poco que sean acompañados por la potencia pública en múltiples sectores de la economía nacional.
Es una industria “industrializante”, pero inserta en un modelo que es todo lo contrario, extractivista y exportador, que lleva medio siglo afianzándose. Su excesiva apertura liquidó parte significativa de las industrias prexistentes a la dictadura.
Si bien, cuando asumió Boric algunos esperaban que cambiara el modelo heredado, después de dos años ha dejado de ser el caso incluso para los más optimistas. Si jamás la voluntad existió, admitamos que la correlación de fuerzas lo habría hecho prácticamente imposible.
No es en el cambio de paradigma que se resolverá la situación de la CSH en los próximos meses. En cambio, exijamos del gobierno la protección de los miles de empleos en peligro, pero sin seguir sirviéndole la sopa a los que se apropiaron indebidamente de la CAP.
Habrá que buscar como sea, entrando en el capital de la CSH o mediante cualquier otro tipo de control de una empresa no rentable.

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