« TIRANDO EL CORTE AL CINE COMUNITARIO »
Por Sergio Zamora

Tirar el corte” es un termino coloquial, es decir, utilizado corrientemente en una conversación y con diferentes significados, y también es un término audiovisual, como expresión cinematográfica que define el término de una escena.
Este título que es el de un libro de Víctor Villegas e Isabel Yáñez, sirve de introducción al conocimiento del trabajo cinematográfico conocido como Cine Comunitario, realizado con la colaboración y participación de pobladores, pueblos originarios, estudiantes, luchas del feminismo, entre otros.
Característica importante del Cine Comunitario es la horizontalidad, es decir, el hecho que todos participan en la realización, producción y actuación del film.
Así, este libro nos permite conocer una de las valiosas creaciones culturales que han nacido en Chile en los últimos vente años, al calor de los diferentes movimientos sociales.
El criterio para proponer una mirada antropológica al Cine Comunitario fue situarlo dentro de un contexto mayor, darle una referencia social, cultural y política. El Cine Comunitario tendría como misión informar, comunicar, haciendo un contrapeso a la comunicación dominante, que se caracteriza por la falta de atención y participación en los procesos colectivos.
En las dos últimas décadas han surgido en Chile distintos procesos políticos que han dado centralidad a las juventudes, mujeres y pueblos originarios, diversificando el canal comunicativo.
Según los autores: “El primer hecho histórico que podemos identificar es la Revolución Pingüina del año 2006 y su extensión temporal en el año 2011 con la movilización estudiantil.
El segundo proceso histórico tiene relación con la preocupación por el medioambiente: la movilización de Patagonia Sin Represas, y la defensa del Santuario de la Naturaleza Punta de Choros, entre los años 2009 y 2010.
El tercer hecho histórico son las tomas feministas del año 2018, y el Estallido Social de 2019, donde las demandas sociales se manifiestan fuertemente vinculadas a la multiculturalidad, el feminismo, la organización social y el cambio de paradigma.
Todos estos hitos políticos y sociales reconfiguran un nosotros históricamente desconsiderado: se trata de los hechos de los cuales se desprenden los antecedentes sociales, culturales y políticos del Cine Comunitario en Chile.”
Según los autores, este libro debe leerse como si fuera una pieza fílmica dividido en tres grandes capítulos; el primero entendido como una preproducción, es decir la investigación del film, construcción del guión, preparación del equipo y materiales con el que se irá al rodaje.
El Capítulo II describe el momento de la producción de la obra, las distintas etapas por las que navega una puesta en práctica del Cine Comunitario.
El Capítulo III corresponde a las palabras del foro cuando la película se ha mostrado y exhibido. Énfasis en los cruces entre la Antropología Audiovisual y Cine Comunitario, reforzando la idea de que son disciplinas que se nutren mutuamente.
En el capítulo primero se destaca la necesidad de un giro epistemológico respecto a la posición de la mirada, ya no desde una posición de poder frente a la creación de una obra audiovisual, sino más bien desde una mirada y una perspectiva colaborativa: la mirada a partir de obras que representan la voz de los subalternos.
En el capítulo II se pone como ejemplo de Cine Comunitario la obra Historia de un talabartero, La talabartería es el arte de trabajar el cuero, y a través de esta historia los realizadores se sumergieron en la historia de un barrio. En No somos turistas, el Cine Comunitario produce una narrativa audiovisual desde horizontes locales. No es turista, porque busca que el territorio se manifieste.
Los super héroes no existen, en donde la protagonista, luego de ser salvada contra su voluntad, cierra la obra afirmando que los superhéroes no existen. Los autores utilizan esta obra como metáfora para dar cuenta que en el Cine Comunitario nadie salva a nadie.
En el capítulo III se define el Cine Comunitario como practica audiovisual que promueve la imaginación en torno a la creación de imágenes locales. Promueve la creación de imágenes desde la cercanía o del entorno cercano. Lo cotidiano se redescubre desde una mirada audiovisual. Utilizando diversos géneros y técnicas audiovisuales, como el cine de ficción, o cine documental.
El Cine Comunitario opera, por lo tanto, como un derecho humano: el derecho a comunicar lo que nos afecta, lo que nos rodea, lo que nos gusta o nos desagrada.
A través de técnicas audiovisuales se produce un acto de justicia social, visual y comunicativa. Comunicar lo que nos afecta mediante imágenes y sonidos creados en contextos comunitarios es justicia, es dar voz a la clase subalterna.
El Cine Comunitario emerge como una forma de expresión de derechos ya que los medios de difusión comerciales no reflejan la realidad de los marginados.
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Tirando el corte – Cine Comunitario y Antropología Audiovisual. Víctor Villegas Campillo – Isabel Yáñez Mena, Editorial Matecito Amargo, Chile, 2023.
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