Chile – Mario Dujisin

LOS HOMBRES NO LLORAN

Los hombres no lloran me decían cuando era niño. Pero ya viejo, pienso que los hombres pueden y deben llorar, sobre todo cuando pierden a un ser muy querido como puede ser un hermano.
Y cuando digo hermano pienso en esos cuya fraternidad no está determinada por lazos de sangre, sino por ideales hechos práctica cotidiana en momentos históricos en los que elegimos ser actores hasta las últimas consecuencias.
Con Mario Dujisin nos hicimos hermanos cuando trabajamos en la Oficina de Informaciones y Radio de la Presidencia de la República (OIR) durante esa época heroica que fueron los mil días del gobierno del presidente Salvador Allende.
Partió hacia lo eterno hace unas semanas y me lo imagino, allí donde estará, burlándose de mí que trato de escribir sin solemnidad algunas líneas en su recuerdo, como se burlaba de la vida y de la muerte que lo estaba acechando desde ya hace unos años.
Podría recordarlo en su carrera profesional como periodista, desde que fue uno de artífices en dar a conocer la realidad de la experiencia chilena, acogiendo, guiando y facilitando la tarea de los periodistas que acudían desde el mundo entero, hasta llegar en el exilio a ser uno de los altos mandos de la agencia italiana de noticias IPS.
Prefiero recordarlo como el amigo, con su personalidad exuberante y su talento de diplomático y de relacionador que, sistemáticamente, comentaba “es un gran amigo mío” cuando se le mencionaba cualquier personaje de cualquier nivel.
Prefiero guardar la imagen de su desplante, como cuando tres días después del Golpe Militar, muerto de miedo lo acompañé a una comisaría, donde exigió con frases como “usted no sabe con quién está hablando”, le restituyeran el auto de su cuñada, que había dejado mal estacionado y había sido retirado por una grúa.
Efectivamente, el paco de guardia, impresionado, no tenía idea con quien estaba hablando. De haberlo sabido, sin duda no habríamos contado el cuento. Pero le devolvieron el auto y le pidieron disculpas.
Lo recuerdo en nuestro trabajo en La Moneda, cuando nos burlábamos de algunos viejos, aguerridos y obtusos militantes que nos condenaban y reprochaban el que gozáramos de “privilegios” como el de ir a una conferencia de prensa con buen trago y comida, sin ser como ellos, militantes con carnet al día de algún partido del gobierno.
Los hombres no lloran, pero pueden llorar cuando pierden a un hermano.
Yo prefiero sonreír, recordando y esperando cuando nos encontremos alguna vez en algún lugar y recordemos esos momentos de vida, de lucha y de esperanzas.
Hasta siempre querido Mario

Soyez le premier à commenter

Laisser un commentaire