MERECIDO GALARDÓN PARA QUIEN DEMOSTRÓ QUE CON ESFUERZO SE PUEDEN GANAR 17 PALOS A TIEMPO PARCIAL Y A DISTANCIA

Aquel lunes, a 21 días del mes de septiembre del dos mil vigésimo cuarto año del Señor, el ambiente que encontró Su Serenísima Señoría entre los Honorables Miembros aparecía cargado de bronca manifestada en los ceños adustos y los gestos aparatosos que acompañaban las conversaciones casi a gritos.
A pesar del barullo, no tardó SSS en enterarse de las razones de tal malestar:
Había ocurrido que el sábado anterior, atraídos por una nutrida gastronomía chilena que prometía un afiche difundido por las redes sociales, todos los Honorables Miembros habían llegado, muchos de ellos con sus familias, hasta una celebración con motivo de las llamadas “fiestas patrias” en una comuna vecina a París.
Todo esto, para caer en cuenta que, el tal anunciado despliegue de delicias criollas era en realidad sólo una muestra y, que las empanadas, completos, pasteles de choclo, churrascos, chupes de mariscos y el pisco sour habían desaparecido no más allá de las 14 horas.
Viendo que el ánimo no estaba para debates, SSS presentó sin mayores preámbulos la candidatura que había preparado, a sabiendas que los Honorables Miembros la aprobarían sin mayores discusiones, para ir al Cap Horn a tomarse los pisco sour de los que aún estaban sedientos desde el sábado anterior.
Por eso, apenas SSS había anunciado el nombre de la candidata a alcaldesa de Las Condes Marcela Cubillos y antes que comenzara a enunciar sus antecedentes que la hacían meritoria de la Palma de Honor, todos los Honorables habían levantado la mano para aprobar mientras se dirigían hacia la salida.
Fue así como SSS no tuvo mas remedio que redactar y escribir él mismo el acta para dejar constancia de las razones que determinaron se le otorgara tan prestigiado galardón a la Cubillos, las que, en el fondo, podían resumirse en una sola.
A saber: el demostrar que se puede financiar una campaña electoral sin necesidad de recurrir a turbios e ilegales fondos y hacerlo sin más que con los escuálidos ingresos de un profesor, ganados en la noble labor de impartir conocimientos y cultura muy de vez en cuando, rara vez e incluso desde el extranjero, en una universidad de tanto prestigio como la San Sebastián.
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