¿PARA CUÁNDO EL PRÓXIMO 18 DE OCTUBRE?

Cinco años después de que jóvenes liceanos, a su manera y con sus medios, iniciaran un movimiento que tiró a la cara del gobierno, de los partidos políticos y de la sociedad chilena, la realidad de corrupción, mentiras y engaños que se había construido durante treinta años, ahora y como es obvio, tanto la Derecha como el gobierno, se han empeñado en desvirtuar, desvalorizar o ignorar la importancia histórica de ese momento.
Échele una mirada a todo lo que publicaron los diarios de la cadena El Mercurio y La Tercera, lo que mostraron todos los canales de televisión o lo que comenta en una radio ese clon del ex comentador vedette de CNN: el movimiento iniciado el 18 de octubre sólo habría sido la expresión de una violencia desatada espontáneamente y sin razón y, además, prólogo de la situación actual de inseguridad y de aumento de la criminalidad.
Criminalidad e inseguridad presentada a través de hechos que estos mismos medios se encargan de destacar y repetir hasta la saciedad, con gran profusión de medios humanos y materiales y con un enfoque destinado a poner en relieve lo más espectacular y sórdido de ellos.
Se trata así, una vez más y ahora en la circunstancia, de la utilización del viejo recurso del fascismo de provocar en una sociedad situaciones de terror e incertidumbre, para llegar enseguida con la solución fácil de autoritarismo, la dictadura, el régimen militar.
Vistos les hechos desde esta perspectiva, los millones de chilenos que se movilizaron a partir del 18 de octubre, habrían actuado sólo para destrozar todo lo que encontraban a su paso, sin razón, por maldad o quizás por estar hartos de vivir “en un oasis”, felices pero aburridos, sin mucho que ver en la tele o por ser “alienígenos”, como explicó esa brillante dama hoy viuda del entonces presidente Sebastián Piñera.
Por supuesto, nada tuvo que ver la herida aún sin cicatrizar de los miles de muertos, desaparecidos y torturados, de los encarcelados arbitrariamente, los exiliados de por vida, pues según estos mismos que ahora chillan histéricos por los destrozos, lo ocurrido a partir de 1973 no sería violencia, sino errores del pasado que es mejor olvidar por el bien de la Nación, el amor y la unidad entre todos los chilenos.
Tampoco nada que ver con la violencia, lo de los innumerables casos de corrupción evidenciados durante los treinta años a partir de 1990, con protagonismo no sólo de los que habían pasado “piola” a pesar de su participación y protagonismo durante la Dictadura, sino de también de parte de los que habían anunciado que “llegaba la alegría”, sin precisar que ésta sólo sería para ellos y unos pocos, los mismos de siempre.
Por cierto, la acción de esa institución ejemplo de honestidad, desde la más alta jerarquía hasta el último funcionario, que es Carabineros, que dio como resultado decenas de muertos, miles de heridos, cientos de mutilados, mujeres violadas y humilladas, detenidos arbitrariamente y muchos que aún siguen encarcelados acusados mediante montajes, tampoco sería violencia, sino sólo mantención del orden y de la paz ciudadana.
En este contexto, tampoco es de extrañar la actitud del gobierno que, tal como ocurrió con la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado, ahora también trató de restarle importancia a un acontecimiento que también y sobre todo, significo la movilización y la voluntad de participar de millones de chilenos por cambiar una situación insostenible y la creación de miles de instancias populares que aún siguen funcionando.
En este sentido y sobre todo, no hay que olvidar que el propio y actual presidente de la República, Gabriel Boric, fue uno de los participantes activos en la maniobra destinada a dividir y hacer fracasar el movimiento que se estaba gestando, a través de lo que se llamó “Acuerdo por la paz y la Constitución”, suerte de salvavidas para el gobierno de entonces de Sebastián Piñera que perdía el control de la situación.
Desde entonces y sobre todo después de la elección de Boric como presidente, se puede ver que la acción de este y de su equipo ha estado destinada a mantener, consolidar y normalizar el sistema que fue puesto en cuestión por el movimiento iniciado el 18 de octubre.
La protección y respaldo a los responsables de las violaciones de los Derechos Humanos de parte del propio Boric, la impunidad mantenida y garantizada a través de leyes como la Nain-Retamal, la violenta y sistemática represión de toda contestación, al mismo tiempo que el abandono de las víctimas y el retiro de pensiones de indemnización por presión de la Derecha, entre otras, van en este mismo sentido.
No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que las razones y condiciones que provocaron el movimiento iniciado el 18 de octubre de 2019 no sólo siguen presentes sino han aumentado, sobre todo en lo que se refiere a frustración una vez más por las promesas no cumplidas, los ideales traicionados, por una situación social y económica cada vez peor.
¿Para cuándo un próximo 18 de octubre?
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