UN AÑO DESPUÉS DEL ATAQUE DEL HAMAS, ISRAEL CONDENADO INTERNACIONALMENTE Y FRACTURADO AL INTERIOR

Un año después del shock provocado por el ataque del 7 de octubre, la sociedad israelí se encuentra enfrentada a una acusación de genocidio y al fracaso de los objetivos de represalia declarados por el gobierno de Benyamin Netanyahu de acabar con el movimiento Hamas y de recuperar los rehenes en poder de este.
Más aún y lo que es peor para Israel, el martirio a que está sometiendo a la población de Gaza, a la de los territorios ocupados en Cisjordania y ahora a la del Líbano, ha vuelto a poner de actualidad la cuestión de la Palestina, al tiempo de evidenciar ante la mayoría de la opinión pública mundial, el carácter racista, colonialista y terrorista del Estado hebreo.
Desde su creación como Estado, en 1948, Israel ha violado la mayoría, sino la totalidad, de las decisiones a su respecto provenientes de las Naciones Unidas, paradójicamente el organismo que le permitió existir, prefiriendo imponerse y extenderse en la región mediante la guerra y la fuerza, según el proyecto sionista.
Quizás por el hecho de estar compuesta por grupos humanos de orígenes e incluso culturas muy diversas, en el seno de la sociedad israelí existen profundas rivalidades y conflictos entre esos distintos componentes que, en muchos casos, presentan incluso un carácter marcadamente racista.
El judaísmo en tanto religión está lejos de ser un elemento de unidad, siendo incluso en algunos casos factor de diferencias entre sus distintas corrientes y sectas o, frente al resto de la sociedad, debido a ciertos privilegios, como el de los miembros de ciertos sectores ortodoxos dispensados del servicio militar.
Si algo tiene en común la sociedad israelí es la tradición ancestral de la persecución y la de considerar haber sido víctima a lo largo de la historia, por cierto, con justa razón después de la Segunda guerra mundial, idea aún fortalecida desde que la ONU impuso el Estado hebreo en medio de un entorno que no podía sino ser hostil.
Teniendo en cuenta estos elementos y haciendo un recorrido a lo largo de la historia de Israel, se puede ver que ha sido la guerra exterior presentada como un acto de defensa, a pesar de que haber sido siempre de agresión, el factor primordial para mantener y fortalecer esa siempre frágil unidad interna.
Pero sólo con una condición: que esta haya sido victoriosa, al menos desde un punto de vista táctico.
Esto no fue el caso en 2006, cuando Israel se enfrentó al movimiento de resistencia libanés Hezbolá, ocasión en que la invencibilidad del arma blindada, punta de lanza de sus operaciones terrestres, fue severamente cuestionada, obligándolo a suspender la ofensiva y a negociar un alto del fuego.
Actualmente en el plano interno, la cuestión de los rehenes ha provocad una de las fracturas más importantes en la historia del Estado hebreo, pues la situación de estos estaba intrínsecamente ligada a la victoria militar y la aniquilación del movimiento Hamas en la franja de Gaza.
Está claro que los casi 45.000 muertos reconocidos hasta, los miles más desaparecidos o enterrados bajo los escombros, los más de 100.000 heridos y mutilados, la destrucción total de las infraestructuras de viviendas, administrativas, hospitalarias, sanitarias o culturales de nada han servido para liberar a los rehenes y más bien habrán contribuido a su muerte.
Frente al quiebre interno resultado de esta situación, la opción elegida por Israel y en este caso por Benyamin Netanyahu, ha sido la de abrir nuevos frentes, acentuando la represión y favoreciendo aún más la colonización en Cisjordania, atacando al Líbano y bombardeando a Irán.
Todo esto con la remota esperanza de obtener alguna victoria que, eventualmente podría ayudar a aliviar la grave crisis interna e internacional que está enfrentando Israel y, quizás al mismo tiempo, servirle personalmente como atenuante para enfrentar los graves cargos que pesan en su contra, tanto a nivel interno como internacional.
A nivel interno, en Israel, pesan sobre Netanyahu graves acusaciones por corrupción los cuales están pendientes mientras se desempeñe en el cargo de Primer Ministro.
A nivel externo, es la Corte Penal Internacional que lo está esperando con un nutrido expediente acusatorio de crímenes de guerra y crímenes contra la Humanidad, entre otros.
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