45.000 NO ES UNA CIFRA, SON SONRISAS DE NIÑOS, ESPERANZAS, SUEÑOS, PROYECTOS, INTELIGENCIAS, TERNURAS DE MADRES, AMORES, ARRANCADOS Y DESTRUIDOS PARA SIEMPRE


GAZA -
Según un informe de las Naciones Unidas que recoge informaciones de las autoridades de Gaza, el número de personas asesinadas por Israel en los últimos 14 meses en el enclave alcanza los 45.000 del cual al menos 14.000 son niños, cifras, de por sí mismo y en lo abstracto, enormes.
Porque son enormes y sólo estadísticas, no pueden comunicar la emoción para hacer comprender la enormidad de la tragedia que contienen, no como un volumen total sino la de cada uno de los rostros, de los ojos, de las manos, de las sonrisas, de los proyectos, de los sueños apagados violentamente y para siempre.
A mediados de este mes de diciembre, la UNRWA, la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos, entregaba detalles sobre el ataque contra una escuela en la localidad de Khan Younis, donde había personas que se habían refugiado.
Un hecho más de los miles ocurridos durante los últimos meses y que dejó a otras 13 personas muertas, un número que, por supuesto se agregará al de las otras 45.000 registradas oficialmente. Una cifra más.
En ese mismo ataque, uno más de los cotidianos, 48 personas resultaron heridas.
Si alguien puede imaginarse el impacto y las consecuencias que puede tener la explosión de una bomba en un local repleto de gente, podrá imaginarse los resultados en cuanto a mutilaciones y heridas que un hecho como tal puede causar.
“Ha sido otra noche muy mortífera aquí en la Franja de Gaza, nos despertamos cada día con un nuevo horror”, relató la funcionaria de la UNRWA Louise Wateridge.
“Estuve en el Hospital Nasser esta mañana. Una de las niñas con las que hablé se llamaba Mona, de 17 años; tiene heridas de metralla muy graves en la pierna y estaba en el hospital con su hermana (…) su madre murió aplastada bajo los escombros”, precisó.
“Otra víctima, Julia, de dos años, sufrió un traumatismo craneoencefálico grave y perdió la vista en un ojo; su hermano, de cinco años, también tenía una herida grave en la cabeza”.
Originarios de la ciudad de Gaza, los menores y su familia “han sido desplazados a la fuerza siete u ocho veces”, dijo Wateridge. “Terminaron en la escuela de la UNRWA, y han estado allí durante los últimos siete meses, y ahora esto; es muy desesperante”.
Todos nosotros, en un momento u otro. hemos perdido a un ser querido y hemos sentido en carne propia el inmenso dolor que esto significa y la huella que deja para toda la vida ese momento trágico.
Ese momento terriblemente doloroso lo están viviendo en este mismo momento al menos 45.000 palestinos y son otros miles los que enterrados para siempre bajo los escombros o despedazados por una bomba israelí pasarán a ser desaparecidos.
Como los nuestros, nuestros desaparecidos, aquellos que fueron víctimas de Pinochet, como los son hoy las víctimas de Netanyahu.
Son personas como cada uno de nosotros, enfrentados a menudo al mismo tiempo, a la muerte violenta y repentina de un padre o de una madre, de un hermano, de un amigo, de un bebé para el que apenas antes se soñaba un mundo mejor en paz y lleno de ilusiones.
Que nadie diga después que no sabía, pues cada cual que se declare ignorante para eludir su responsabilidad de un mínimo de humanidad, quedará manchado para siempre y llevará en su conciencia la sangre de los mártires palestinos.
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