EL PARTIDO COMUNISTA CHILENO Y LA CAIDA DE BASHAR AL-ASSAD
Por Claudio Jedlicki

¿Qué bicho picó al Comité Central del Partido Comunista Chileno (PCCH) para declarar el 8 de diciembre pasado entre otras cosas que “condena la irrupción militar de la organización terrorista Hayat Tahrir al Cham, que derrocó mediante un golpe de Estado al gobierno del Presidente Bashar al Assad”?
El comunicado se termina por “Reafirmamos nuestra condena ante este nuevo crimen masivo, de carácter expansivo y que pone en peligro la paz en toda la región y el mundo. Nadie que defienda la vida y la dignidad humana puede permanecer al margen de su condena”
El PCCH no puede ignorar que Assad es un asesino que ha gobernado Siria eximiéndose de la más elemental forma de democracia por casi un cuarto de siglo, coleccionando las ejecuciones, las torturas, las desapariciones y otras acciones de este tipo que desgraciadamente el pueblo chileno también conoció.
Si se nos antojara buscar diferencias entre ambas dictaduras, la no menos escamoteable, sería respecto al número de víctimas: las de Assad muy por encima de las de Pinochet, 25 veces más.
Excluimos de esta contabilidad macabra, los varios miles de muertos de la guerra civil producto de bombardeos de ciudades a diestra y siniestra con armas químicas o convencionales.
No evocamos tampoco los otros tantos miles de crímenes cometidos por su padre Háfez del que Bashar heredó el poder como príncipe en una monarquía cualquiera.
No lamentarse de la fuga del dictador no implica regocijarse de los que vienen en substituto.
Al contrario, por lo que sabemos hay de que inquietarse. Sin embargo, es innegable que el pueblo sirio los acogió como libertadores y que por otra parte hasta aquí han procedido con cautela y desprovistos de sectarismo.
Los prisioneros políticos aun vivos fueron puestos en libertad sin discriminación de sus etiquetas. También hasta aquí se han tenido a distancia en cuanto a imponer la ley islámica (Sharia ) y más bien han enviado signos en sentido contrario.
De todos modos, una gran vigilancia se impone, en particular respecto al estatuto de la mujer y la autonomía del pueblo kurdo. Sobre todo, no hay dejarse a llevar por algunos gestos iniciales que podrían solamente obedecer a la adopción de una táctica pasajera.
¿Como diablos entonces después de un tal prontuario de la dictadura siria y con las precauciones que se imponen sobre los que la derrocaron, comprender la posición del PCCH?
No se nos ocurre nada otro que la banal inclinación campista del PCCH desde el desmoronamiento de la Unión Soviética. Cierto que siete decenios bajo la tutela, ideológica y financiera del PC soviético marcan durablemente.
Pero ¿Cómo no desprenderse de esta después de que muchos de sus dirigentes y en particular los de su aparato policiaco represivo, el KGB, se apoderaran del aparato estatal y de buena parte de las riquezas del país?
Más aun, amparándose en un sistema que luego de enterrar el socialismo, se basa en la propiedad privada de las fuentes y medios de producción. Propiedad privada mal habida que nos recuerda las reprivatizaciones de la dictadura pinochetista.
He aquí el campismo que se traduce por la tendencia a alinearse políticamente con uno, de dos campos imperialistas que se confrontan.
De esta manera el PCCH, apoya a Rusia en cuanto conflicto en que se involucre, directa (Ucrania) o indirectamente (Siria de los Al Assad) contra los EEUU o más generalmente Occidente.
Esta posición nos parece tan absurda como deschavetada. Lo que nos cabe como militantes del progreso, de la igualdad, de la justicia social, de la libertad, del respeto del medio ambiente y de la preservación del planeta para las generaciones que vienen, es de alinearnos con estos valores y con nada más.
Menos aún con imperios o bloques que circunstancialmente evolucionan en función de sus propios intereses expansionistas.
Sabemos que no todos los militantes del PCCH adhieren a su posicionamiento actual, es hora de que le cambien el rumbo errado en el que este está enredando.
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