LA SENADORA ISABEL ALLENDE, LA MINISTRA MAYA FERNÁNDEZ Y LAS LEYES DE MENDEL

Todos los que alguna vez pasaron por el liceo, en tiempos en que en Chile la educación estaba al nivel que ya no tiene, conocieron y debieron estudiar lo relativo a la genética expresado en las llamadas Leyes de Mendel.
Esta teoría, si bien es actualmente cuestionada en alguno de sus aspectos, en lo básico, sigue siendo válida en cuanto desvirtuó la llamada pangénesis, es decir el considerar que los hijos o los descendientes heredan caracteres que son una mezcla directa de aquellos de sus padres o antepasados más cercanos.
Mediante el cruce de arvejas de distintos tipos que cultivó y cruzó en su jardín, este cura agustino que era el tal Gregor Mendel, demostró que esta herencia de caracteres no era algo que se transmitía a los descendientes directos de manera matemática y precisa.
La situación en que se encuentran la senadora Isabel Allende y su sobrina, la ministra de Defensa Maya Fernández, a punto de ser desaforadas debido a una actuación que, sin pensar hubo mala fe, demuestra una ignorancia y una incompetencia incompatible con sus funciones, parece demostrar cuan cierto estaba Mendel.
El forro en que están metidas las dos mujeres comenzó cuando a nuestro querido, bienamado, ilustrado y amarillo presidente, el Bori, como lo llaman los flaites, se le ocurrió hacer de las casas de Patricio Aylwin y la del presidente Salvador Allende, sendos museos históricos, para lo cual el Estado debía comprarlas para integrarla a su patrimonio.
Es de pensar que tanto la senadora Allende y su sobrina ministra Fernández debían estar pasando por un muy mal momento económico, con cuentas atrasadas que pagar, con riesgo que les corten la luz y comiendo pan solo con una tacita de té, por lo que la intención del Estado de comprar la casa de su ilustre padre y abuelo les caía del cielo.
El monto estimado de la vivienda de la calle Guardia Vieja, en la comuna de Providencia, en el Gran Santiago, es cercano a los mil millones de pesos, lo que sin duda habría servido para echarle un huesito más a la sopa de la senadora y a la de la sobrina ministra.
Sin duda encandiladas por la perspectiva de salir de la miseria, las dos ilustres damas se precipitaron sobre la ocasión sin considerar que, en su calidad de parlamentaria y ministra respectivamente y según disposiciones legales y constitucionales, les estaba prohibido pasar contratos con el Estado, so pena de destitución de sus cargos.
Vaya por cuenta de la ignorancia, inconcebible cuando de trata de personas que ocupan tan altas funciones y que, en estas circunstancias, abrió la vía para que la derecha se lanzara en picada, con todos los argumentos a la mano, para desvirtuarlas, no solo a ellas, sino también al gobierno y su remedo de izquierda que pretende representar.
Basta tener el mínimo vital de inteligencia para considerar que el gesto que correspondía a la senadora Isabel Allende, hija del presidente Allende y a la ministra Maya Fernández, nieta de este e hija de la gran Tati Allende, era el donar la propiedad al Estado y demostrar ser dignas herederas de tan grandes figuras históricas.
Pero, como lo demostró Mendel, los caracteres y en este caso la grandeza, no es algo que se transmite a los descendientes directos de manera matemática y precisa.
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