EMPEZAMOS A JUGAR AL “TRUMPO” Y PARECE QUE NO SERÁ MUY DIVERTIDO
Por Claudio Jedlicki

En su primer mandato, a pesar de haber expresado su voluntad de comprar Groenlandia, Trump no nos dejó la impresión que el imperialismo tan propio a su país estuviese en sus prioridades y más bien tuvimos una sensación de repliegue detrás de fronteras protegidas con aranceles, ilustrada además con declaraciones en orden a querer retirarse de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Groenlandia es la isla más grande del mundo, cubierta de hielo en un 80%, próxima del círculo polar Ártico y de los EEUU, con una población que no alcanza los 60.000 habitantes; territorio autónomo, pero dependiente políticamente en materia de seguridad, defensa, justicia, moneda y relaciones exteriores de Dinamarca a la que esta anexado y, por ende, parte de la Unión Europea (UE).
Poco antes de asumir, Trump anunció su intención de anexar Groenlandia, el Canal de Panamá, incluso mediante la fuerza, y Canadá, este último bajo presión económica.
Las razones de este neo expansionismo son geopolíticas y económicas. Las primeras se refieren al control de las vías marítimas por las que circula la mayor parte del comercio mundial. Las económicas consisten en la necesidad de asegurarse el abastecimiento en materias primas raras y proteger la producción nacional de la competencia internacional.
En Groenlandia, Estados Unidos dispone de una base militar desde la Segunda Guerra Mundial, donde hoy está instalada una base de radar de detección de misiles que vendrían de Asia (Rusia, China y Corea del Norte).
China ha intentado estos últimos años implantarse sin éxito con su Programa de las Rutas de la Seda queriendo construir dos aeropuertos y otras infraestructuras.
La isla dispone del 25% de las tierras raras del globo. Se han identificado 38 minerales que forman parte de la lista de materiales críticos de la UE. Su atractividad es inmensa, a pesar de que sería necesario un plazo de al menos 10 años antes de poder extraerlos.
La búsqueda y explotación de petróleo en las inmediaciones constituye también una incitación suplementaria. Además, con el calentamiento climático y el deshielo, la vía marítima del Ártico se ha vuelto muy interesante.
El Canal de Panamá comenzó a ser excavado por Francia y terminado por EEUU a comienzos del siglo XX después que este promoviera la independencia de Panamá, permitiéndole así apropiarse de la franja de 16 kilómetros en torno al trazado del canal donde instaló una base militar.
Repetidas manifestaciones contra esta alienación territorial desembocaron en el Tratado Carter/ Torrijos (1977) otorgándole a Panamá el control conjunto del Canal y luego total en 1999.
Trump reclama el retorno a la soberanía norteamericana del Canal de Panamá argumentando la presencia China. Esto porque una empresa con sede en Hong Kong gestiona dos puertos en las entradas del Canal. Agrega que el alza del precio por la travesía es injustificada.
Por fin, con respecto a Canadá Trump manifestó su voluntad de añadirlo como el 51 Estado de la Unión. Se queja del importante gasto en asegurar la defensa de su vecino. Argumenta que este solo destina el 1,4% del PIB en defensa comparado con el 3,4% de EEUU.
Trump en su primer mandato nos acostumbró a su fanfarronadas, ladridos, mentiras y amenazas. Algunos dicen que es para obtener más en la negociación. En su actual mandato parece mejor preparado y todo es posible de un tal personaje y de los que lo rodean con el pedigrís que estos acarrean.
De hecho, el simple anuncio de sus pretensiones expansionistas/anexionistas constituye en sí algo inaudito en Occidente. ¿Qué pueden esperar de EEUU Ucrania y aquellos que se oponen a la invasión rusa? ¿Con qué precedentes podrá oponerse a la invasión?
Las señales que envían sus primeras medidas no son para asegurarnos del respeto del estado de derecho tanto nacional como exterior. Ahí están el indulto a los atacantes del Capitolio, el retiro de las sanciones del gobierno Biden a los colonos delincuentes israelíes de Cisjordania y las expulsiones manu militari de decenas de emigrados.
No obstante, difícilmente se atreverá a enviar tropas a un territorio cómo Groenlandia que es parte de la UE. En cambio, las amenazas sobre Panamá y Canadá aparecen más factibles si no logra avances suficientes en las negociaciones.
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