Chile – Aborto

EL ABORTO, UNA CUESTION DE LIBERTAD PERSONAL, DE SALUD PÚBLICA Y NO DE MORAL “PECHOÑA” E HIPÓCRITA

En Chile, la Ley 21.030, llamada Ley IVE o de aborto en tres causales, puede considerarse significó un avance en lo referido a los derechos esenciales de las personas y en particular de las mujeres en cuanto a la libertad de procrear, cuestión considerada hasta entonces desde un punto de vista meramente judicial y punitivo.
Sin embargo, el espíritu de esta ley, que limita y que, en cierto modo, justifica o despenaliza el aborto a través de tres causales – cuando la vida de la madre está en peligro, cuando el feto es inviable o en caso de violación – parte del supuesto que la interrupción del embarazo es de por si algo condenable.
Esto, sobre todo si se tiene en cuenta que, en cualquier otra circunstancia, el aborto sigue siendo considerado un delito pasible de diez años de cárcel.
Demostración clara del enfoque moralista con que se elaboró este cuerpo legal es también la posibilidad que dio a los profesionales de la salud de negarse a realizar este acto quirúrgico declarándose objetores de conciencia.
En junio del año pasado, nuestro bienamado y amarillo líder anunció para diciembre la presentación ante el Congreso de un proyecto de ley por el aborto legal, es decir sin las limitaciones de las tres causales, lo que provocó la reacción airada e inmediata de la derecha.
Finalmente, llegado el mes de diciembre, la ministra de la Mujer, Antonia Orellana, anunció que la presentación del proyecto de “aborto legal” sería postergada hasta enero.
La razón invocada por la ministra fue el hecho que el proceso para la implementación del cuerpo legal contaba dos etapas, la primera es la actualización del reglamento de la actual ley de aborto en tres causales y la segunda, la presentación misma del proyecto de “aborto legal”.
Como justificación, podría pasar.
En Chile como en otros países donde la religión, cualquiera sea esta y por consideraciones teológicas y morales que son propias a esta, tradicionalmente y en muchos aspectos, como el familiar, ha considerado a la mujer supeditada al hombre y sin otra función en la vida que la de “fabricar” hijos.
En este esquema, cuestiones como el placer sexual de la mujer es algo que se ignora o que se condena, de lo que resulta que si una mujer quedó embarazada y no desea tener el bebé por las razones que le son propias, necesariamente está faltando a su deber de procrear y lo único que determinó su embarazo fue la búsqueda de ese placer.
En otras palabras y como se dice vulgar y comúnmente en Chile, una mujer que tiene relaciones sexuales sin el sagrado objetivo de dar a luz un bebé, según el criterio machista imperante, está motivada “sólo porque le gusta el chagual”.
En el fondo es esta mentalidad la que puede verse en trasfondo en todas las posiciones de la derecha y de la Iglesia, disfrazadas de consideraciones teológicas, morales y de conciencia, con las que influyen sobre buena parte de la sociedad.
Como es lógico, para un gobierno y en este caso el de Gabriel Boric, autodeclarado “feminista”, el haber anunciado como uno de sus objetivos el hacer del aborto una cuestión de libertad personal y sin las limitaciones fijadas por las tres causales, fue una expresión de coraje político frente a un tal contexto hostil.
Sin embargo, el anuncio del inicio de las discusiones en torno a la implementación de la ley respectiva, proceso de por sí difícil y prolongado, hecho en junio pasado, a poco más de un año del fin de su mandato, hace nacer la duda si acaso, una vez más, se trataba sólo de buenas intenciones o de una promesa en víspera de elecciones.

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