Viejos sectarios y cabros despelotados …

A medida que pasan los años, cada conmemoración del 11 de septiembre, frente a la embajada de Chile tiene cada vez más el aspecto de la salida de paseo de un asilo de ancianos.
Alguien podría considerar esto como un tanto exagerado. Por cierto, siempre hay uno que otro joven. Pero por seguir con la metáfora, podríamos decir que son los buenos nietos que acompañan al abuelito o a la abuelita.
Me refiero a las conmemoraciones del 11 de septiembre porque sigue siendo, en cierto sentido, una fecha obligada.
De todas maneras, la situación es exactamente la misma cada vez que se realiza un acto público de solidaridad o para llamar la atención de los franceses que, en general, no son mezquinos con su apoyo.
Lo positivo y, en eso hay que rendirle homenaje a los viejos (no a todos), es que ni la represión, ni el exilio, ni las décadas, ni la artritis, los han vencido y siguen ahí, cada vez menos, pero firme en sus ideales.
Sin tener cifras oficiales, pareciera ser que en estos momentos el número de chilenos, sobre todo jóvenes, en París y en Francia, es tanto más importante que aquel de los años 70 y 80 cuando se trataba de exiliados de la Dictadura.
El increíble número de votantes que pudo verse con ocasión del plebiscito nacional del 25 de octubre de 2020 afirman esta idea.
Del mismo modo, luego del estallido social en Chile, se pudo ver una increíble cantidad de rostros jóvenes que animaron un sinnúmero de actividades para dar a conocer lo que estaba ocurriendo allá.
Entre estas, cabe destacar un referéndum simbólico donde se afirmó la voluntad mayoritaria de los chilenos en Francia de convocar a una asamblea constituyente encargada de elaborar una nueva Constitución.
Durante ese mismo periodo y antes que la COVID determinara la suspensión de todo tipo de actividades públicas, tuvo lugar un importante acto solidario con el movimiento que se daba en Chile. Y esto, ni más ni menos que en el Teatro Chatelet, uno de los más importantes de París.
Pero, del mismo modo que se ven muy pocos jóvenes en actividades conmemorativas, los viejos que participaron en las actividades de los jóvenes eran contados con los dedos de la mano.
Como si esto fuese poco, en algunos casos, se daba una manifiesta hostilidad, por no decir guerra declarada, entre la organización que se dieron los jóvenes y una que otra de las tradicionales de los viejo(a)s instaladas desde hace varias décadas.
Si se consideran las razones aludidas por unos y otros, parecen ser estas de menor importancia, pero suficientes para crear un clima de desconfianza y hostilidad.
“Hay un señor flaco y alto, canoso y de bigotes blancos, que venía siempre a las reuniones y que quería darnos lecciones de política”, comentó un día uno de los jóvenes que participaba en el grupo Chili-Solidarité. “Cuando le replicábamos, nos retaba…”, añadió.
Por el otro lado, uno de los veteranos nos relató que un proyecto de publicación que les ofreció a los jóvenes fue postergándose hasta perderse en el olvido.
No es que la idea fuese mala. Ocurría que cada vez que se abordaba el tema en las reuniones, la cuestión se transformaba en una eterna discusión sobre si sería un “blog” o una página internet, con enconados partidarios de uno y otro modo.
Todo esto para mostrar que en el fondo y como decía el célebre cantautor francés Georges Brassens, “L’âge ne fait rien à l’affaire”…(La edad no tiene nada que ver).
Por un lado, los viejos dando lecciones sobre los errores que cometieron y que, a menudo, siguen cometiendo.
Por el otro, los jóvenes, metiendo la pata hasta que se hagan viejos y vayan a darle lecciones a los que vendrán después, sobre la manera como no meter la pata.
En resumen y aunque parezca utópico y soñador, con un poco de buena voluntad se podría encontrar un lugar físico o inmaterial donde se encuentren los chilenos de todas las edades, pero con ideales comunes, para emprender grandes acciones.
No quería decirlo, apenas sugerirlo: Le Kahuín de París, lugar de sueños y utopías, tiene las puertas abiertas.
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