President of USA

¿PRESIDENT OF THE UNITED STATES (POTUS) OR PRESIDENT OF THE OUTLAW?

Por Claudio Jedlicki

A Donald Trump, President of the United States, POTUS, de acuerdo con la sigla de su cargo, ahora y según su prontuario delictual de golpista, homofóbico, machista y agresor sexual, entre otros, le cabría el de President of the Outlaws (delincuentes), con la correspondiente sigla de POTO, algo que le vendría mucho mejor.
Luego de su ascensión al poder en Washington, el POTO no se demoró demasiado en honorar su apelación. Sus declaraciones sobre sus intenciones en el plano exterior burlan casi todas las leyes y reglas internacionales:
Las de recuperar el Canal de Panamá, como el apropiarse de Groenlandia incluso por la fuerza, son algunas de sus pretensiones más belicistas, que vienen a reactualizar el imperialismo de la cañonera.
Las de chantajear con la imposición de aranceles a Canadá para anexarla luego y convertirla en el Estado número 51 de Estados Unidos y, presionar del mismo modo a México, para que este ejerza un rol policíaco para impedir el tránsito de emigrantes hacia EEUU, revelando así su carácter de imperialismo gansteril.  
Las insólitas, como la de imponerse como negociador occidental único en la guerra que desató Rusia invadiendo Ucrania. En el mismo orden de lo inusual, el querer apropiarse de la franja de Gaza para construir una Riviera Mediterránea. Ambas deschavetases sobrepasan todo lo conocido en materia de imperialismo. .
Respecto a lo primero, la utilización de la fuerza, nada nuevo que agregar al viejo imperialismo colonial, esencialmente europeo de siglos atrás y que podemos remontar hasta la Antigüedad, salvo que este resultaba de guerras de expansión y se aplicaba en territorios conquistados en un mundo sin reglas internacionales.
En cuanto al chantaje, este existió desde siempre, pero de manera solapada maquillado por la diplomacia.
Ahora, el POTO lo reivindica tal cual, de manera brutal, incluyendo explícitamente las finalidades geoeconómicas perseguidas.
Con Canadá, las reivindicaciones del POTO son difusas, quejándose que algunos emigrantes atraviesan la frontera común, algo que ocurre también con la entrada de droga (fontanillo).  Agrega el débil porcentaje en gastos militares de su vecino, manifestando la ambición de extenderse y establecer la continuidad del territorio del territorio hasta Alaska.
 Con Méjico, se trata de que este se haga cargo del trabajo sucio: Impedir el paso de los inmigrantes latinoamericanos que transitan hacia la frontera norte y  que se arregle con los países de origen de estos para mandarlos de vuelta.
En cuanto a los aranceles, estos pondrían la economía en una situación muy difícil, pues parte significativa de la industria, las llamadas maquiladoras, está totalmente integrada con cadenas de producción localizadas en los EEUU. Aranceles de un 25% acabarían con estas.
En el fondo, se trata de transferirles los costos políticos y financieros que esta cabronada conlleva. Afortunadamente para Méjico, su población no es lo suficientemente blanca como para que el POTO desee anexarla.
Por último, están las demandas descabelladas, donde el diálogo ruso/estadounidense entre un par de fascistas que piensan y razonan de manera semejante, facilita un acuerdo.
Salvo que los principales implicados no lo entienden así. Los 80 mil muertos y los 5 veces más heridos ucranianos, no lo permitirán. Tampoco los países vecinos y Europa en general, que no olvidan la Segunda Guerra, sabiendo que el someterse incita a los opresores a ir más lejos.  
Sólo les faltaría volverse a reunir en Munich para sellar la paz como en 1938.
 Además, mintiendo y sin escrúpulo, el POTO reclama a Ucrania medio billón de dólares cuando la ayuda recibida solo alcanza a un tercio, presionando así para que esta le otorgue derechos exclusivos sobre los recursos minerales de su subsuelo.
Cuando a Trump se le olvido que ahora era el POTO, se le despertó su pasado de promotor inmobiliario. Decidió entonces apropiarse la franja de Gaza, a título de no se sabe qué, lo que pasa por la expulsión de sus habitantes a Egipto y Jordania.
Sus planes son construir hoteles, casinos, restoranes y quien sabe que más … Evidentemente ni sus habitantes, ni aquellos de los dos países implicados lo entienden así y lo que es seguro es que el POTO no se la llevará pelada.

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