Editorial nº 43 – Chile – Impresiones -1

ONCE AÑOS DESPUÉS, REGRESO AL PAÍS EXTRANJERO QUE HACE CINCUENTA AÑOS ERA EL MÍO

Once años después de haber estado allí, volví al país que hace cincuenta años era el mío y que, poco a poco, se ha ido reduciendo a un recuerdo lejano, como el de una juventud feliz a pesar de la pobreza y, a la nostalgia de amores y pasiones en las que estaba dispuesto a consumir la vida.
A primera vista y según mis primeras impresiones, Chile me pareció un país en estado de guerra por lo sucio y desordenado y en que todo el mundo vive atrincherado, sobre todo cuando se trata de algún “emprendimiento” o “pyme”, como se llaman ahora lo que para mí eran los boliches del barrio, cuanto más si se trata de una botillería.
Ni hablar de las garitas de los peajes, esos que, en las carreteras, te cogotean cada dos kilómetros, gracias a la iniciativa feliz de ese gran presidente que fue Ricardo Lagos.
 Cuando el auto que me llevaba del aeropuerto a Valparaíso se detuvo delante de la mirilla de un blockhaus como los que había en las torres de los castillos medievales, pensé que por ahí iba a aparecer el cañón de una ametralladora para exigirnos el pago del peaje. Afortunadamente, sólo apareció la mano del operador.
Si me decidiera algún día a volver a Chile con la intención de convertirme en emprendedor y ganar dinero, sin duda me instalaría con una fábrica de alambres de púa. No de esos como los que había otrora en los campos, con alambres retorcidos y con puntas entremedio, sino de esos que se ven ahora por todas partes, con puntas aceradas y cortantes, integradas en una sola pieza con el alambre.
Me habían advertido que ahora Chile estaba lleno de extranjeros. Entiéndase por extranjeros los peruanos, bolivianos, ecuatorianos, colombianos, venezolanos, dominicanos, haitianos y etc.
Si algo aprendí de los europeos por la visión general que tienen de todos estos y de nosotros mismos, chilenos, que nos consideramos los ingleses de América Latina, es que ellos no ven la diferencia entre unos y otros latinos, sudakas o como quieran llamarnos.
No me di cuenta si había extranjeros, solo vi muchos y variados latinoamericanos.
Al parecer, en este estado de guerra, a los pacos los reservan exclusivamente para las grandes batallas, es decir cuando la gente que está cabreada (una inmensa mayoría) sale a las calles para manifestar o para soltar la bronca durante un partido de fútbol.
Se ven poco verde en las calles. No así el negro reglamentario de los vigilantes privados. Vestidos con chalecos antibalas, cascos, anteojos tácticos, protecciones en las piernas y brazos y con una especie de bozal como el de los perros peligrosos.
Evidentemente, todo boliche que se considere de alguna importancia, desde el “mercadito” del barrio al “mall” de las ciudades, debe tener uno de estos vigilantes, equipados en proporción a la importancia del negocio.
Sin duda, en Chile, capítulo aparte merece el problema de la obesidad. Por decirlo de manera más franca, Chile me pareció un país de guatones y guatonas, lo que hace pensar que por fin y, como esperaban muchos, el país se está pareciendo a Estados Unidos.
Como es evidente, todos los expendios de comida chatarra, profusamente instalados en los “patios de comida” de los “malls” están jugando un papel fundamental en esta verdadera pandemia de obesidad.
Pero también, a un nivel más cotidiano o popular está la venta de todo tipo de comidas en la calle o en los medios de transporte público que, si existen es porque hay una demanda de parte de la gente que, en algunos casos, pareciera estar poseída por una necesidad de comer cualquier cosa y a cualquier hora.
Ejemplo de esta suerte de frenesí, la imagen que pude ver en una “micro”, esos buses pequeños de transporte público en Valparaíso, Viña del Mar y otras ciudades, en que se viaja bien apretados.
Un niño de unos ocho años, vestido con uniforme escolar, ya ostensiblemente obeso y comiendo un completo bien completo, incluyendo la mayonesa, kétchup y mostaza que, sin poder engullir, corría por la comisura de sus labios hasta el uniforme que su madre se esmeraba en ir limpiando…

Soyez le premier à commenter

Laisser un commentaire