CONDENAN A ASESINOS DE MARTA UGARTE: COMPLICES DE LA PRENSA SIGUEN IMPUNES


Cuarenta y cinco años después del asesinato de la dirigente comunista Marta Ugarte, la Corte Suprema de Chile rechazó todos los recursos y confirmó la sentencia que condenó a 18 agentes del Estado por este crimen.
Los dieciocho condenados, todos ex miembros de la policía secreta de la dictadura de Pinochet, la DINA, o del Ejército, deberán cumplir penas que van de 15 a 4 años de reclusión, como autores de los delitos de homicidio calificado, secuestro calificado y encubrimiento.
La Justicia chilena que con este fallo definitivo sanciona a los autores directos de este crimen, no obstante, deja una vez más impunes a los periodistas Pablo Honorato y Beatriz Undurraga, que actuaron como cómplices encubridores en el montaje organizado por la DINA para disimularlo.
La profesora militante del partido Comunista fue detenida el 9 de agosto de 1976 en Santiago siendo sometida a salvajes torturas en Villa Grimaldi y después trasladada al recinto militar de Peldehue, desde donde partían los vuelos de un helicóptero del Comando de aviación del Ejército (CAE) con las víctimas que debían ser arrojadas al mar para hacerlas desaparecer.
En el momento en que fue embarcada en el helicóptero, Marta Ugarte se encontraba aún con vida a pesar de las torturas y de la inyección letal que recibían las víctimas. Por tal motivo, fue estrangulada con uno de los alambres con que se ataban los cuerpos a un riel de ferrocarril para mantenerlos sumergidos.
Esto determino que al caer al mar el riel se desprendiera del cuerpo permitiendo que finalmente este remontara a la superficie, para ira a vararse en la playa La Ballena, en la localidad de Los Molles, a 158 kilómetros al norte de Santiago, donde fue encontrado el 12 de septiembre de 1976.
Según el informe de la autopsia practicada al cadáver de Marta Ugarte, se pudo constatarse que su piel estaba quemada y el cuerpo presentaba una “luxo fractura de columna, traumatismo toracoabdominal con fracturas costales múltiples, ruptura y estallido del hígado y del bazo, luxación de ambos hombros y cadera, y una fractura doble en el antebrazo derecho”, ocasionadas cuando aún vivía.
El 23 de septiembre de ese año, las hermanas de Marta Ugarte, que ya habían realizado varias demandas ante la Corte Apelaciones e incluso la Corte Suprema, sin ser atendidas, concurrieron hasta el Instituto Médico Legal en Santiago, hasta donde había sido trasladado el cadáver.
Sobreponiéndose al espanto de ver ese cuerpo destrozado, las dos mujeres pudieron reconocer a su hermana. Allí pudieron comprobar que sus manos, más bien pequeñas, aparecían extremadamente alargadas y sin uñas, lo mismo que sus pies. Las piernas estaban casi desprendidas a la altura de la ingle y la piel presentaba en muchas partes huellas de quemaduras recientes y heridas punzantes.
Para la DINA y Ejército, el hecho que apareciera el cuerpo torturado de una de sus víctimas, significó una “falla técnica” dentro de su política de hacerlas desaparecer sin dejar huellas, por lo entró a jugar su papel
A pesar de todas las características que presentaba el cuerpo, resultado del ensañamiento y de las torturas sufridas, y sin poseer ningún conocimiento en medicina forense o criminalística, tanto Honorato como Undurraga (alias La Meme), coincidieron en apreciar se trataba de un crimen pasional, ocurrido en la playa, siendo la víctima una “bella muchacha” de 23 años. Marta Ugarte tenía 42 años en el momento que fue asesinada.
Más tarde, Honorato llegó explicar la presencia de heridas punzante en los brazos de la víctima, señalando serían el resultado del consumo de drogas mediante inyección.
La manera como los dos periodistas no fue casual y, por el contrario, correspondió perfectamente a las indicaciones que entregaba el manual de la DINA, como instructivo para sus agentes, al referirse a lo que llamaba los “Principios de la Inteligencia”.
En dicho manual, después de insistir sobre la obligación de los agentes de informar “la verdad sobre situaciones que atenten contra la seguridad nacional” definía, a pesar de la contradicción, el método de la “Historia ficticia”:“…Una versión hábil y firmemente estructurada en base a datos verdaderos, falsos o la combinación de éstos de tal manera que admita una comprobación mediante pruebas, que muestren una realidad aparente (…) , lo que ambos periodistas aplicaron al pie de la letra.
El encubrimiento en el caso del asesinato de Marta Ugarte de parte de los dos periodistas no es un hecho aislado.
La Meme Undurraga, desde El Mercurio, tuvo una activa participación en el montaje de la llamada Operación Colombo, para disimular y ocultar el asesinato y desaparición de 119 opositores a la dictadura en julio de 1975.
Honorato, señalado como agente de la DINA en los documentos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unido, siendo periodista de Canal 13 de TV, presentó el asesinato del también periodista Augusto Carmona, el 7 de diciembre de 1977, como la muerte de “un terrorista”, a pesar de conocer personalmente a la víctima y su condición profesional.
Aparte de las sanciones morales de parte del Colegio de Periodista y a pesar de su condición de cómplices encubridores de crímenes contra la Humanidad, cometidos por la Dictadura cívico-militar en Chile, ambos no han sido inquietados por la Justicia. La Meme Undurraga está retirada y al parecer sufre del Alzheimer. Honorato que no ha tenido más sanción que la formidable patada en los huevos que le dio valiente luchadora Luisa Toledo, fue separado “por la forma” de la planta de Canal 13, pero sigue ejerciendo a honorarios en dicho medio.
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