Internacional : guerra Israel – Irán

AGRESIÓN CONTRA IRÁN PARA DESVIAR LA ATENCIÓN DE LA MATANZA SIN FIN DE LOS PALESTINOS DE GAZA

Edificio destruido por un misil iraní en Be’er Sheva, Israel, el 25 de junio de 2025.- Foto Abir Sultan / EPA / EFE

Cuando toda la atención del mundo esta centrada en la tregua anunciada por su cuenta por Donald Trump, en la guerra desatada doce días antes por Israel cuando atacó instalaciones militares y nucleares iraníes, 56 personas más eran asesinadas en la franja de Gaza por las tropas del ente sionista.
Según la defensa civil de Gaza, las víctimas fueron blanco de disparos de soldados israelíes en distintos puntos del territorio palestino, en numerosos casos cuando se habían concentrado en torno a lugares donde esperaban recibir algún tipo de ayuda, principalmente alimentos.
Al mismo tiempo, en el otro sector de Palestina ocupada, en Cisjordania, se registraban numerosos y repetidos ataques de colonos apoyados y protegidos por el ejército, contra las personas,  las viviendas, vehículos y propiedades de los habitantes palestinos.
Por su parte, la aviación israelí lanzó ataques en la región de Nabatiyé, en la región sur del Líbano, con el pretexto de evitar la reconstrucción de instalaciones subterráneas del Hezbolá libanés, organización aliada de Irán.
Todos estos hechos evidentemente han sido casi ignorados o simplemente silenciados por la prensa europea y los dirigentes occidentales.
Escondidos detrás del cada vez más débil argumento de que “Israel tiene derecho a defenderse”, seguramente y una vez más, de mujeres y niños buscando sobrevivir a la hambruna a que están sometidos, se han convertido en las principales cómplices de este crimen contra la Humanidad.
 Este silencio podría considerarse como la única victoria, parcial y temporal, de Netanyahu, en cuanto a atraer la atención mundial hacia la guerra contra Irán y desviarla así del genocidio en Gaza, cuando la denuncia de este se ha convertido en inspiración y motor de grandes movilizaciones populares en todo el mundo.
Única victoria, pues desde un punto de vista todo lo objetivo que se puede ser en estos casos, el balance para Israel es más bien negativo en lo que se refiere a lo que se fijó cuando atacó a Irán y cuando consiguió al apoyo directo de Estados Unidos que bombardeó luego las instalaciones nucleares subterráneas iraníes.
Así, la destrucción del potencial y las instalaciones nucleares iraníes, so pretexto de que Irán estaría en vísperas de fabricar armas, situación desmentida incluso por los propios servicios secretos estadounidenses, fue un fracaso, pues los bombardeos no provocaron daños significativos.
En cuanto a los bombardeos lanzados por Estados Unidos, estos tampoco parecen haber dado resultados definitivos. “El ataque retrasó el programa nuclear de Irán sólo por algunos meses”, señaló el New York Times mientras que CNN, en forma exclusiva informaba “según fuentes”, que las “primeras evaluaciones de los ataques contra Irán no destruyeron sitios nucleares”.
Por el contrario, la réplica iraní bien precisa, de un volumen y de un nivel tecnológico insospechados, significó el término del mito de la “invencibilidad” de Israel, provocándole importantes daños en la infraestructura económica, energética, científica, tecnológica y de seguridad.
En cuanto a otro de los objetivos de cualquier guerra, como todas las que provocado Israel a lo largo de toda su historia, cual es la de lograr una unión sagrada nacional de resistencia frente al peligro extranjero, las imágenes de miles de israelíes tratando de huir en desbandada y en un “sálvese quien pueda” hacia sus países de origen, son elocuentes.
Signo también nítido de la situación crítica que está provocando la respuesta iraní es la estricta prohibición de las autoridades israelíes de filmar, fotografiar y publicar en las redes sociales imágenes que muestren los efectos materiales y humanos que esta ha provocado.
Si hasta el propio Trump reconoció que los israelíes habían sido duramente golpeados por Irán.
Según expertos militares, hasta el momento, Teherán no habría desplegado todo su arsenal, optando por una política de dosificación de su empleo, para llevar a Israel a una guerra de desgaste que, en las condiciones actuales, este último sería incapaz de sostener más allá de algunas semanas.
Por último, la agresión contra Irán tampoco logró el levantamiento contra el cuestionado régimen religioso de Teherán y, por el momento la reacción de la población iraní, según numerosos testigos, parecía estar dirigida más a acciones de solidaridad y ayuda a las víctimas de la guerra, que en resolver las cuestiones políticas.
En cuanto al futuro, justamente la cuestión esencial que se plantean los medios occidentales es la supervivencia del régimen de Teherán y su eventual sustitución por un personaje preparado para tal efecto por Estados Unidos, Reza Palavi, hijo del ex shah de Irán, derrocado en 1979 por la revolución islámica.
En cuanto a Israel bajo el gobierno de Benjamin Netanyahu después de esta derrota, según los analistas existiría el riesgo de una escalada aún más violenta en contra de los que designe como sus enemigos.
Acusado en Israel por una serie de casos de corrupción y encargado por crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional, Netanyahu ha podido mantenerse impune gracias al fuero que le da su condición de primer ministro y sostenido por una coalición de ultraderecha colonialista.
Mientras Israel esté en guerra contra alguien, Netanyahu podrá contar con el apoyo y la protección de estos sus secuaces.

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