ISRAELÍES TEMEN FIN DEL ESTADO HEBREO, SEGÚN CREENCIA Y TRADICIÓN HISTÓRICA COMPARTIDA INCLUSO POR LOS POLÍTICOS

Después que, de manera casi definitiva, Irán hizo perder a Israel la imagen de potencia invencible unido a la crisis moral que vive la sociedad israelí frente a la condenación universal por el genocidio en Gaza, no son pocos los que al interior del país temen que la situación culmine a corto plazo en la implosión y el fin definitivo del Estado hebreo.
Por cierto, este pesimismo se hizo más latente debido al sentimiento de vulnerabilidad que provocó, una primera vez, el ataque del Hamas, el 7 de octubre de 2023 y ahora, de manera mucho más directa y dolorosa, cuando las principales ciudades y centros neurálgicos fueron blanco de la réplica iraní en respuesta a la agresión israelí.
Como consecuencia de estas derrotas militares y diplomáticas, todos los graves conflictos religiosos, étnicos y políticos propios a la sociedad israelí y controlados mediante el recurso a la guerra exterior, se han hecho latentes y encontrado terreno fértil en el mismo caos de la guerra que buscaba justo el efecto contrario.
Creado en 1948, por voluntad y presión de las potencias europeas y norteamericana para limpiarse de la culpabilidad de su inacción frente al genocidio cometido por la Alemania nazi, el Estado de Israel, dentro de tres años, cumplirá ocho décadas de existencia.
Algo que para cualquier otro país significaría un aniversario más, sin embargo, en Israel tiene una connotación nefasta pues se vincula a una creencia tradicional de carácter religioso llamada la Maldición de la octava década.
Según esta, por una maldición divina como castigo por el pecado de soberbia del pueblo hebreo, ningún reino, institución o Estado de este perdurará más allá de los ochenta años y su decadencia antes del fin definitivo se hará cada vez más evidente a partir de los últimos cinco años antes de este aniversario fatal.
Aunque parezca increíble, esto, que podría aparecer como una superstición religiosa, es algo que ha sido tomado muy en serio por los más altos dirigentes políticos israelíes, sirviendo en algunos casos, incluso como premisa para desarrollar un proyecto electoral y el programa consecuente.
Fue Benjamin Netanyahu el primero en expresarse en este sentido, afirmando en cada una de sus campañas que el hecho de mantenerse él como primer ministro era la única garantía de que Israel siguiera existiendo después de cumplir 80 años e incluso más allá de los 100 años.
En 2020, Neftali Bennet, quien también sería primer ministro al año siguiente, llamó a los electores judíos a votar por él para asegurar la continuidad del Estado em total seguridad más allá de la octava década.
Esta misma angustia existencial fue expresada por escrito en mayo de 2022 por el también ex primer ministro Ehud Barak en el diario israelí Yedioth Aharonoth, en el que manifiesta su temor de que la historia se haga una vez más realidad.
De todas maneras, a estas consideraciones hay que agregar otras, de carácter mucho más racional que la creencia tradicional, formuladas por personajes de alto nivel de responsabilidad en cuestiones políticas y de seguridad, las que no hacen más que dar fuerza a esta última.
Yuval Duskin, ex director del Shabbak, el organismo de contraespionaje israelí, ha señalado en reiteradas ocasiones su inquietud por la grave amenaza interna que significa la crisis de identidad y democrática que está sufriendo la sociedad israelí.
Tampoco es muy optimista el general en retiro Shaul Arielli, especialista del conflicto árabe-israelí cuando estima que el proyecto sionista de un Estado israelí de mayoría judía ha fracasado rotundamente y concluye que los conflictos y las tensiones religiosas, étnicas y culturales internas amenazan la continuidad del Estado Hebreo.
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