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SECRETOS DE ÚLTIMA LÍNEA DE UN DIRIGENTE SOCIALISTA

Por Sergio Zamora

Este es el testimonio del periodo de la Unidad Popular hasta nuestros días de un militante político, miembro del Comité Central del Partido Socialista al momento del golpe de Estado, algo necesario para comprender una parte de la historia de nuestro país que ha sido ocultada o tergiversada.
Todo esto en un relato en que se entrelazan experiencias personales y momentos de su participación como político.
Durante el gobierno de Allende, Hernán es diagnosticado de un cáncer en estado avanzado, los médicos prevén no mas de tres meses de vida.
Enterado de su problema, el secretario general del partido Socialista, Carlos Altamirano, informará a Allende quien de inmediato contactará las autoridades de la URSS en donde será operado con éxito y recuperado a la vida.
 Como lo dirá más tarde Hernán, Altamirano, Allende y los médicos de Moscú le salvaron la vida.
Aprovechando su estadía en la capital soviética, Altamirano lo nombró a la cabeza de una delegación de militantes socialistas, enviados a la URSS para el establecimiento de relaciones de partidos hermanos con el Partido Comunista Soviético.
Las mejores relaciones del PS chileno eran con el gobierno de Tito en Yugoslavia por la posición independiente que este tenía con respecto al liderazgo de la Unión Soviética.
Hernán comenta, no sin humor, que quien encabezará la delegación, es decir él, seria necesariamente objeto de la critica interna (del PS), en particular cuando se enteraría de quienes componían la delegación, eran representantes de las distintas corrientes del PS, socialdemócratas, pekinistas, trotskistas, y otros militantes, todos adversarios ideológicos de la Unión Soviética.
Una parte anécdota del episodio moscovita es cuando la delegación chilena, a causa de una gran afluencia de invitados que han copados los hoteles, es convidada a alojarse ¡nada menos que en la Dascha de Stalin!
Una vez de vuelta en Chile conocerá el proceso de destabilización del gobierno impugnado por los Estado Unidos, un capitulo es dedicado al asesinato de Pérez Zujovic, por un comando de la VOP, que habría estado manipulado por la CIA.
La visita de Fidel Castro, en noviembre de 1971 es comentada con emoción por Hernán:
“La estadía estaba programada por 8 días, algo inusual en las visitas de Jefes de Estado. Esta se prolongó por 24 días y provocó fervor popular”.
En las diferentes reuniones con Fidel, Hernán dice pudo verificar la imagen que tenía de este. “En esas reuniones Fidel no me sorprendió, era el líder que admiraba, escuchando sus discursos, leyendo sus entrevistas, informado de lo épico que rodeaba la Revolución Cubana y como cuando siendo un adolescente, en el Año Nuevo del 59, escuché por radio la noticia del triunfo de la güerilla y la toma de la Habana por los barbudos.” 
Sobre la visita de Fidel a la mina de Chuquicamata, donde Hernán había sido comisionado por su partido para coordinar la protección de Fidel con los militantes de la zona, este nos trasmite toda la emoción del momento.
 “Atardecía en Chuqui, cuando Fidel salió de la mina después de doce horas de visita. Las poblaciones se vaciaron. Nadie faltó al encuentro en la explanada del centro del poblado. Un mar de cascos mineros, de mujeres acarreando chiquillos, de jóvenes, de viejos, de abuelas”.
 Al final era el delirio. Un grito de la multitud surgió, coreado al segundo: “Quédate con nosotros…Ven con nosotros”.
El día del golpe de Estado fue vivido por Hernán como lo vivieron miles de militantes de izquierda.
De la industria Lucchetti, ante el ataque militar con armas de grueso calibre, el grupo que sobrevive al ataque logra sacar a Hernán “Por calles secundarias, evadimos las patrullas militares, guareciéndonos en una casa del sector. Mientras bebía un café, fumando un cigarrillo tras otro, me adentré en mí mismo, abrumado por la certeza de la derrota, además de la convivencia próxima con los primeros muertos”.
Después del día del golpe vendrán las vicisitudes de la vida bajo una dictadura militar, el asilo en una embajada para salvar su vida, y la visita a los diferentes países que le darán refugio durante los años negros de la dictadura de Pinochet.
 De vuelta al país, Pinochet ya se ido del poder y Hernán participará a una de las marchas de protesta cerca de La Moneda: “Próximo a los setenta años, mientras empujaba junto a los demás, hacia el palacio de La Moneda, recordé todas las veces que acudiera a dialogar con el Presidente. Actué como un drogado. Quería volver a sentir lo que sintiera. Ese lugar era de todos, nos pertenecía”.

Secretos de última línea, Hernán Coloma, Ediciones Grillo M, Chile 2023.

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