Cultura – libro

LA GRAN GUERRA DE CHILE Y OTRA QUE NUNCA EXISTIÓ

Por Sergio Zamora

A partir del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, además de la brutalidad expresada en las detenciones masivas y asesinatos, se incorporaron al imaginario de Chile expresiones tales como guerra sucia, guerra interna, gran cruzada de la chilenidad, patria salvada de las garras del marxismo, orden, FuerzasArmadas garantes de la institucionalidad, consumo, modernidad, economía de libre mercado.este

En su obra La Gran Guerra de Chile y otra que nunca existió,VolodiaTeitelboim nos invita a comprender el origen y motivo de este nuevo léxico y de la violencia que les abrió la puerta, a través de cortos capítulosno exentos de ironía y de humor, que van desde bien atrás en la historia para llegar al presente.
Volodia sostiene que los golpistas de 1973 son de alguna manera la reencarnación de los amotinados dirigidos por el teniente coronel español Tomas de Figueroa, que en abril de 1811 se levantó en armas para restaurar el antiguo régimen y que terminó fusilado junto a los muros de la Iglesia Santo Domingo.
El mismo Volodia destaca que los procedimientos de entonces y los del pronunciamiento de 1973 guardan ciertas analogías y varias diferencias. En verdad, ni el general Mariano Osorio ni el capitán Vicente San Bruno, jefe de la represión y del Regimiento Talavera, se mostraron tan expeditivos.
San Bruno demoró hasta el siete de noviembre de 1814 los encarcelamientos masivos. Después envió 42 confinados “distinguidos” a Juan Fernández. Pinochet, a su turno, despachó rápido a la mayoría de los dirigentes políticos de la Unidad Popular, ministros y altos funcionarios del gobierno de Allende hasta la isla Dawson, cuyo climapor cierto es bastante mas inclemente que el de la isla RobinsonCrusoe.
También recuerda el comentario del ex embajador de Estados Unidos respecto al ex presidente Gabriel González Videla, quien le habría dicho que puesto que los comunistas le habían dado la ventaja (para ser elegido presidente), estaría obligado a colocar a tres ministros de ese partido en su gabinete. “Me dio la impresión de que no creía que fueran a durar mucho”, habría dicho el diplomático.
Y efectivamente no durarían mucho. Seis meses después de nombrarlos, expulsó a los ministros comunistas. En 1948 promulgó la Ley de Defensa de la Democracia, de una “democracia de la ametralladora” apuntando contra el pueblo, sin el cual no hay democracia, pero si, dentro de muchas otras delicadezas, destaca Pisagua como ejemplo de campo de concentración.
Durante el mando de González Videla un oficial hosco y oscuro llega al mando del campo de concentración de Pisagua. Se llama Augusto Pinochet.
A propósito de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que regiría la acción de los golpistas chilenos partir de 1973, Volodia nos dice que no nació en el caletre de Pinochet. La copió a José Alfredo Amaral Gurgel, quien la sintetizo ya como un calco en su exposición “Segurança o Democracia” ante la Escuela Superior de Guerra del Brasil.
Adoptada como ideología en Brasil a partir de 1964, los jerarcas brasileños reconocieron que la habían importado del National War College en los Estados Unidos. Pero el National War College tampoco es el autor. A los orígenes están las ideas del mayor general Haushofer en la Escuela de Múnich, fundada en 1923, año y teatro del primer putsch de Hitler.
Salvador Allende puso su presidencia, su vida al servicio de una idea altamente civilizada.El horror por laviolencia yla búsqueda del mayor bienestar colectivo posible se fundían en su pensamiento con la convicción deque el proceso de cambios, traducido en conciencia pública, interesaría a las Fuerzas Armadas.
O sea, lo movía un propósito ético, el ideal generoso de hacer una revolución que no pagara su precio con sangre. ¿Utopía pura? ¿Sueño imposible? ¿Quimera desprovista de base? Ese ideal correspondía al sentido de un movimiento real. Apuntaba al futuro. Es probable que en el porvenir se llegue a dicha meta por ese u otro camino.
Explica el título del libro el comentario de Volodia: Sabemos que fue verdad la Gran Guerra Larga de Caupolican y Lautaro y que fue mentira la de Pinochet, aunque humildemente él la llamara la “Batalla de Lepanto de América del Sur”.

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VolodiaTeitelboim:
La gran guerra de Chile y la otra que nunca existió
Editorial Sudamericana, Chile, 2000.

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