NO APTO PARA ALMAS SENSIBLES: EL CALVARIO DE LOS 20 DÍAS DE PRISIÓN DEL EX PRESIDENTE

La prisión que, por causa de nobles ideas, han debido enfrentar algunos de los grandes personajes que han forjado la Humanidad ha sido, en muchos casos, el terreno fértil donde germinó el legado moral, filosófico o patriótico, que habría de servir de guía e inspiración para las sucesivas generaciones.
En este contexto, el expresidente francés Nicolás Sarkozy que, desde su escasa estatura a pesar de sus zapatos compensados, se considera a sí mismo uno de los grandes de la Historia, piensa sin duda haber confirmado esta regla, con la publicación de “Diario de un prisionero” donde relata su experiencia de….20 días en la capacha.
Condenado el 25 de septiembre pasado a 5 años de cárcel por su participación en una organización criminal, Sarkozy ingresó a la prisión parisina de La Santé el 21 de octubre, siendo liberado condicionalmente y con otra tobillera el 10 de noviembre, antes de un próximo nuevo proceso en apelación.
Por cierto, y sin duda el más significativo legado de este testimonio desde la prisión, obra escrita, editada y publicada en menos de un mes (un récord mundial) es el material de inspiración que ha entregado generosamente a humoristas y a todo tipo de escritos y publicaciones satíricas, incluso más allá de las fronteras francesas.
A pesar de haber sido condenado definitivamente en dos ocasiones, por corrupción y tráfico de influencias (3 años de cárcel) y financiamiento ilegal de campaña electoral (6 meses), Sarkozy no ha escatimado esfuerzos para alegar ser más inocente que un recién nacido, pero víctima de una justicia que, según él, actuaría por odio político en su contra.
En esta operación de lavado de imagen y victimización, Sarkozy ha contado (¿y cómo no?) con el concurso de los medios franceses controlados por las grandes fortunas proclives a la derecha y a la extrema derecha, y del propio actual gobierno, incluyendo el Presidente y algunos de sus ministros.
Como es de imaginar, esta agresiva campaña publicitaria contando con medios y posibilidades ilimitadas, ha permitido dejar cauce libre y sin restricción a todo tipo de manifestaciones cuyo contenido se sitúa en numerosos casos a un nivel de absoluto ridículo.
En este contexto, “El Diario de un prisionero” es el ejemplo más elocuente, sobre todo cuando el autor describe situaciones que pretenden ser dramáticas y buscando arrancar torrentes de lágrimas de compasión, las que, situadas en el contexto de su protagonista, resultan más bien grotescas, como algunas de estas perlas:
“En esa mañana asoleada, cuando iba por las calles de París (en un automóvil oficial con escolta policial) camino a la prisión, no tenía más opción que aceptar que lo impensable había llegado…”
En la soledad de su propia conciencia, el pobre reflexiona: “¿Qué me había ocurrido para hacerme caer del lado equivocado de la Historia? ¿Qué había hecho para sufrir tal tratamiento? ¿Qué crimen pude haber cometido? Hoy tengo que reconocer lo profundo de mi ingenuidad.
Y luego, cuando Sarkozy llega “choqueado por la ausencia de todo color, donde el gris domina todo” … a la celda individual, con teléfono, WC privado y bajo la protección de dos de sus guardaespaldas que permanecen en una celda anexa, asesta el primer golpe de la serie en más de 200 páginas para quebrar emocionalmente a los lectores:
“Cuando me senté en la cama, que nadie había hecho, sufrí un shock…nunca había tenido, ni siquiera en el ejército, un colchón tan duro…”
Perdón, pero es demasiado triste para poder continuar….
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