Internacional – USA

LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DE EEUU COCINADA A LA SALSA TRUMPISTA

Por Claudio Jedlicki

The Trump Corollary

Cada mandato presidencial da a conocer su estrategia de seguridad nacional en los primeros meses. La del gobierno Trump acaba de llegarnos. Nos restringiremos aquí solo a dos de sus áreas de influencia, América y Europa.
Respecto al continente americano, establece que este es la prioridad estratégica absoluta, introduciendo explícitamente un llamado ‘Trump Corollary’ a la Doctrina Monroe.
Esta última, con un par de siglos a cuestas, proclamaba la hegemonía norteamericana sobre el resto del continente al mismo tiempo que la protección contra toda injerencia extra americana de los países de América latina (AL) cuando apenas accedían a su independencia.
 Fue el comienzo de la anexión del patio trasero.  Sin embargo, en ese entonces correspondió más a la expresión de una voluntad que a una realidad. Esta, realmente empieza a hacerse realidad a fines del siglo 19, después de la guerra entre EEUU y España y del gobierno de Theodor Roosevelt, en los albores del siglo XX.
Mientras la doctrina Monroe pretendía consagrar la independencia de los Estados latinoamericanos respecto al resto del mundo, el corolario Roosevelt (1904) consagraba la preeminencia de los EEUU sobre el resto de América, otorgándose el derecho de intervenir frente a una amenaza extracontinental, especialmente europea.
Por su agresividad, el corolario Roosevelt ya había sido catalogado de gran garrote (big stick). El de Trump lo perpetua aumentándolo y, sobre todo, extendiéndolo a los dominios diplomático, comercial, activos financieros y productivos, con el objetivo muy particular de frustrar el expansionismo chino.
La inmigración y la lucha contra la droga, esgrimidas como pretexto de intervención, ocupan también un lugar importante, así como las alianzas acompañadas de intervencionismo electoral a favor de las extremas derechas del subcontinente.
En cuanto a Europa, parte subrayando su decadencia al constatar la caída de su parte en el PIB mundial de 25% en 1990 a 14% hoy.  Atribuye como causas la híper regulación económica y la erosión de la libertad política y de la soberanía como consecuencias de las políticas migratorias, natalistas, identitarias. Diagnóstico en el que converge con la extrema derecha europea.
Sin embargo, Europa permanece como una zona de influencia importante, aunque gravada de nuevas exigencias: Los gastos de defensa llevados a 5% del PIB al horizonte 2035, ambigüedades respecto a su implicancia en caso de agresión exterior a un miembro de la OTAN e impulsando condicionas draconianas a Ucrania para terminar la guerra con Rusia, muy próximas de las aspiraciones de Putin.
En lo comercial, se agregan aranceles de 15% para la gran mayoría de productos europeos importados y de 25% para los aceros.
Si con respecto a Europa se verifica un cambio cualitativo importante, con Latinoamérica parece más bien inscribirse en el continuismo. Por cierto, con mayor brutalidad y algunos cambios de estilo propios al personaje. Hoy se publicitan y se emprenden muchas acciones que antes se dejaban a los servicios secretos.
 Sobresalen las relaciones estrechas con las extremas derechas y sus gobiernos y las hostilidades con aquellos considerados como antagónicos. Se nota también un redoblado interés por las materias primas, en particular tierras raras. Igualmente ocurre con los intentos de desplazar la importancia que ha aquerido China en las relaciones comerciales y financieras con la región.
Con Europa, de cercanos aliados con una visión común, esta pasa a ser para EEUU, una civilización aliada que hay que rescatar de su propia deriva. Rescate que solo parece reposar en las distintas derechas extremas del continente “des aliándose” de las elites pro-integración.
En cuanto a la OTAN, esta aparece congelada. Su capacidad de defensa sólo debe contar de manera segura con su componente europeo. Por último, se aspira a estabilizar las relaciones con Rusia y sus dirigentes al precio de una Ucrania disminuida.
En definitiva, la orientación que asume EEUU tiene el mérito de aclararnos sobre sus intenciones y de esta manera permitirnos definir mejor lo que debe ser la nuestra.

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