Internacional – Gaza – Redacción

UN LLAMADO URGENTE A NUESTROS AMIGOS Y LECTORES

Hasta el momento de la presente edición, el filme “La voz de Hind Rajab”, que se refiere a la terrible agonía de tres horas de una niña palestina de cinco años, atrapada en un auto que ha sido blanco de tiros del ejército israelí en Gaza y donde ya fueron muertos seis de sus familiares, sólo habría llegado a México entre todos los países latinoamericanos.
Después de haber visto esta obra, quizás afectado en lo más íntimo por el sentimiento de impotencia renovado que deja, frente a los asesinatos de masa que sigue cometiendo Israel, día a día en Palestina, sobre todo en Gaza, pero también en Cisjordania, me permito desde nuestro medio hacer un llamado a nuestros lectores.
El genocidio que está llevando a cabo Israel es posible entre otros, gracias al ocultamiento de los crímenes mediante el asesinato de periodistas o de cualquier testigo en el lugar, pero también al silencio cómplice de los principales medios informativos, diarios, radios y televisión, propiedad de grandes capitalistas o portavoces oficiosos de gobiernos de derechas.
Se trata entonces de hacer todo lo que sea necesario para que las organizaciones que nos son afines, nuestros amigos y lectores, allí donde se encuentren, en Chile o en los países en que están repartidos por el mundo, soliciten a quien corresponda, la obtención de una copia del filme para que sea lo más ampliamente conocido.
Que sea proyectado no sólo en las salas del cine comercial sino y, sobre todo, en las universidades, liceos, centros sociales y culturales, para organizar luego intercambios, charlas y debates en torno a la realidad reflejada allí.
De Gaza, se habla que habría más de 70.000 muertos. ¿Qué significa “más” de tal o cual número por importante que este sea? ¿Cómo comprender cabalmente lo que son 20 mil o 20.001 niños o la cifra que corresponda a los que han sido asesinados por Israel?
La voz de la pequeña Hind Rajab, de apenas 5 años, atrapada y herida en un automóvil, junto a los cuerpos de sus tíos y primos, bajo el fuego de la ametralladora de un tanque israelí, que llora diciendo “Tengo mucho miedo” y que suplica una y otra vez “por favor vengan a buscarme”, es la voz de todos y cada uno de aquellos.
El mínimo deber es escucharlos para actuar, so riesgo de convertirse en cómplice de los crímenes de Israel, por los que, tarde o temprano, se pedirán cuentas.

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