EL MODELO MALDITO
Por Claudio Jedlicki

En varias oportunidades nos hemos referido al modelo económico neoliberal (MEN) adoptado por la dictadura y mantenido en lo esencial hasta hoy, calificándolo de nefasto.
Por más que aquellos que lo implantaron, así como aquellos que se acomodaron a él lo hayan justificado, cuando no alabado, quisiéramos contrastarlo con un modelo alternativo que corresponda a los intereses objetivos* de nuestro país.
En síntesis, se trata de seguir apoyándose en los recursos naturales que nos dan ventajas comparativas con mayor valor agregado (VA) a lo exportado y eventualmente creando nuevas ventajas comparativas.
También, el desarrollar algunas otras industrias orientadas al consumo básico interno, con costos que no impliquen exceder significativamente el precio internacional a largo plazo.
El libre intercambio indiscriminado del MEN posibilita la importación de cualquier cosa desperdiciando el potencial transformador del sector exportador, en un país desprovisto de concepción y fabricación de bienes de producción al permitir importarlos con las divisas que procura.
El MEN extractivista tampoco considera que las materias primas terminan por agotarse y que nada impide, salvo la voluntad de hacerlo, de crear las condiciones para generar nuevas ventajas comparativas, las que no necesariamente provienen de las bondades de la naturaleza**.
Algunas de estas ventajas que podemos desarrollar para la producción interna pueden no ser totalmente competitivas internacionalmente, pero si los costos se acercan al precio internacional son susceptibles de serlo en el mercado nacional, exentas de costos de transporte internacional.
Algunas de estas ya existen, pero otras cuantas serían susceptibles de permitir una mayor industrialización imprescindible para asegurar un desarrollo sostenido a largo plazo.
En definitiva, se trata de optar por una inserción internacional diametralmente diferente a la del modelo maldito, en que nos especializamos únicamente en aquello a lo que nos destinó la naturaleza importando gran parte del resto.
Esto supone privilegiar sin aranceles la importación de todo aquello que no se produce localmente, ni susceptible de serlo. Aplicar en cambio, elevados aranceles a los bienes y servicios suntuarios*** importados. Igualmente gravando de manera transitoria una selección de productos que podrían ser más competitivos que aquellos provenientes de nuestras industrias incipientes, permitiéndoles que lleguen a maduración.
No es un retorno al modelo de sustitución de importaciones, produciendo localmente cualquier cosa, generalmente para una minoría, al amparo de aranceles prohibitivos, como ocurrió a partir de los años 1930 hasta 1973.
Para ejemplar lo expuesto lejos de ser exhaustivos exploramos algunas pistas que podrían seguirse.
Son fundamentalmente nuestras dos principales exportaciones las que tienen menor valor agregado. En el caso del cobre levemente transformado, el VA representa un tercio, en el cao del litio este es nulo.
Con cobre podría producirse bronce al aliarse al estaño que importaríamos de Bolivia. Otras aplicaciones son susceptibles en todo aquello relativo a la electricidad, dada su condición de excelente conductor. También en componentes múltiples requeridos en la captura y utilización de energías renovables y en materiales de construcción.
El litio componente básico de las baterías de los automóviles eléctricos, podría ser fabricado localmente asociándonos a aquellos que disponen de la tecnología.
En algunos casos, con el resto que contiene algo de VA, este podría incrementarse, como con la pasta de papel, diversificando más las conservas de frutas y mariscos, más salmón ahumado….
Necesitamos un estado interventor implicado en la industrialización, que no teme asociarse al capital extranjero que aporta las tecnologías y los capitales que no disponemos.
Requerimos también modificar la repartición primaria del ingreso con una política fiscal apropiada que permita ampliar el mercado interno, estructurando una demanda que privilegie un consumo de masas adaptado al nivel de ingreso medio en detrimento de aquella que prioriza lo suntuario.
(*) Por intereses objetivos entendemos aquellos que satisfagan las necesidades mayoritarias en coherencia con el nivel de desarrollo.
(**) Algunas han sido generadas históricamente, como la relojería en Suiza fundamentalmente formando la mano de obra y creando empresas proveedoras en su entorno. Lo mismo puede obtenerse con una política industrial activa y voluntaria.
(***) La calidad de suntuario de un bien o servicio es relativa. En nuestra visión se incluye toda una gama que pueden ser calificados de no indispensables, mientras haya otras necesidades insatisfechas.
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