POR EL CAMINO DE LA VIOLENCIA
Por Hugo Latorre Fuenzalida
Los pueblos eligen muchas veces, de manera inconsciente, aventurarse por caminos que llevan directamente a las posturas agonales. Las más de las veces inducidos por los líderes que buscan glorias espurias, trascendencias ilusorias o sobrevivencias en el poder, que siempre es disputado por fuerzas contrarias.
La dialéctica del poder, es abordada de muchos puntos de vista: idealista con Hegel, naturalista con Rousseau, materialista con Marx y Engels, ontológica con Nietzsche, psicológica con Foucault, antropológica con Cassirer, etc. Pero en un librito del filósofo Byung-Chul Han titulado “Sobre el poder”, viene a desnudarnos muchos ámbitos y conceptos que circulan de manera aleatoria sobre el poder. Nos dice que para algunos el poder es un fenómeno oscuro, algo caótico, es decir que no siempre se deja ver donde realmente está; para otros es un facilitador de la libertad (de acción) y para otros es un sistema organizado de coerción, de limitación de la libertad. Ese poder puede garantizar derechos como conducir a la arbitrariedad más sanguinaria.
Los politólogos y sociólogos intentan dar con los secretos de los juegos de poder, es decir buscan hacer una ciencia de las relaciones de poder en la sociedad. Relaciones que son complejas, contradictorias, dinámicas, multicausales y consecuenciales.
En el Chile actual, pronto a decidir sobre un nuevo evento presidencial, donde las postulaciones vienen proponiendo discursos que en nada auguran un tiempo de consensos mínimos, sino, más bien, anuncian tiempos de confrontación de poderes.
Como ciudadanos, ante este escenario, debemos preguntarnos, tal como interrogaba Stalin al Papa, con cuántas divisiones contaba, pues en este ejercicio agonal de la política es bueno anticipar las consecuencias, y eso en ciencia política –como en la guerra- se logra sabiendo cuáles son las fortalezas y debilidades de cada bando.
Los escenarios posibles.
Si gana el candidato de derecha extrema.
Su programa está teñido de elementos pugnaces: militarización, expulsiones, encarcelamientos, eliminación de derechos, endurecimiento de las leyes coercitiva, castigos ejemplares a los indocumentados, extranjeros, delincuentes, rebeldes indígenas (tratados como terroristas, términos que pueden ser aplicados a otros estamentos que muestren signos de resistencia).
Todas estas estrategias “guerreras” pueden ser aplicadas fácilmente, dado que el ambiente psicológico creado en Chile es de una paranoia admirable (la sensación de peligro triplica a la de riesgo real). La población sentiría una gran sensación de seguridad si ven circulando vehículos militares por los barrios, si los policías se hacen visibles las veinticuatro horas del día, con bastante ruido de sirenas e intimidantes vestimentas de protección acompañados con el armamento más disuasivo. Esa estrategia, acompañada en los medios de comunicación con una cansona reiteración de las escenas callejeras de exhibicionismo armado, garantiza un par de años de legitimación del poder.
Mientras tanto se irán aplicando las medidas económicas que la derecha extrema propone: reducir impuestos a los ricos, entrega transnacional de las riquezas del país; reducción del gasto social y del aparato público en general, consolidar el modelo “empresocéntrico” (todas las garantías para el sector corporativo capitalista) con el incremento agudo de la desigualdad.
En lo social, el incremento de la desigualdad puede y debe desatar descontento, malestar o resistencia, pero estas reacciones opositoras pueden ser controladas con la militarización disuasiva y por último represiva que, como la historia nos enseña, a este sector no le tiembla la mano al momento de ejercerla, sin escrúpulos legales ni morales.
Como se sabe que la economía neoliberal no genera desarrollo y tampoco crecimiento sostenido, el extremismo en la aplicación de esas políticas, donde se saca de circulación a un componente imprescindible del desarrollo, como es la inversión pública (inversión social y económica, sobre todo la que no tenemos, es decir la inversión industrial), por tanto por mucho que se sobre exploten los recursos naturales, esa sola vía del crecimiento no será capaz de abordar los desafíos del futuro inmediato, sobre todo porque las grandes utilidades de esas explotaciones no se quedan en Chile. Ya lo vimos en el primer y segundo gobierno de la derecha piñerista, cuando se tuvo que rogar a las empresas extranjeras que prestaran algo de sus ganancias para enfrentar la reconstrucción, claro que a cambio de extender la invariabilidad tributaria y devolver esa buena acción con creces (y ya teníamos 6 años de altos precios de nuestros recursos naturales). También en el tema de la pandemia, donde el fisco tuvo que sobregirarse y acrecentar su deuda, porque el Estado es otro actor marginal (perdedor) del modelo neoliberal.
Este escenario es muy complejo ahora que el crecimiento está frenado en el 2%, desde que se acabó el auge de las materias primas (2013 hasta hoy) y donde el Fisco ha debido endeudarse permanentemente, dado que los grandes ingresos pagan un tercio en impuestos de lo que nominalmente deben pagar (por ley 27% y pagan el 10%); los grandes capitales están saliendo masivamente de Chile, ya acumulan un 45% del PIB, unos 160 mil millones de dólares (lo que el SII ha descubierto, que siempre es mucho menos que lo real).
Esta evasión tributaria y este descompromiso empresarial con Chile difícilmente se remediará con el gobierno de extrema derecha. Los empresarios ya estrujaron las posibilidades económicas graciosas que les brindó Chile, ahora se van a invertir en otras economías donde las facilidades se parecen a las que obtuvieron acá en los buenos tiempos (ganancias aseguradas, sin riesgos y sin esfuerzo creativo).
Por tanto, luego de los dos años de legitimidad que les puede brindar su acción “guerrera” del poder, es muy probable que se inicie un proceso de manifestación del malestar social, dado que el bolsillo es el gran decantador de las simpatías o animadversión. Lograr en Chile una legitimación carcelaria a lo Bukele no sé si será posible. Nuestra sociedad es más grande, diversa y compleja, pero no es imposible que, dado el dominio absoluto de las comunicaciones, se alcance a morigerar la capacidad reactiva de la sociedad. Lo que más juega en contra de esta clase extrema en la política son ellos mismos, su idiosincrasia, su mentalidad totalista y perentoria, su hybris. Es muy difícil de que su insensatez innata sea frenada en el poder. Lo más probable es que los lleve a cometer actos comprometedores que les pueden dejar más de un ala herida, con lo que se les complica el vuelo y el aterrizaje (está el ejemplo de los ministros de Piñera).
Si gana la candidata de la coalición de centroizquierda.
Si esto acontece, se repetirá el escenario de la presidencia de Gabriel Boric. Con la diferencia que este gobierno de Jara viene con mucho menos fervor transformador de lo que proponía el gobierno actual al llegar al poder.
Las propuestas actuales de la coalición que lidera Jeanette Jara, son mucho más modestas, pero así y todo, tendría que lidiar con un Parlamento obstruccionista. Por otra parte, la coalición de derecha ahora estaría liderada por dos partidos extremos, mucho menos permeables a los acuerdos y más proclives a una guerra sin cuartel y con todos los medios de lucha.
En el programa de la centroizquierda no aparece una estrategia alternativa que saque a Chile de la trampa del modelo extractivista: sabiendo que la inserción de Chile como exportador de materias primas, impide el crecimiento integrador y el desarrollo efectivo de las capacidades competitivas de nivel superior. Esos nos condena a ser un país dependiente, sujeto a los intereses transnacionales e impotente ante las demandas de la sociedad del conocimiento.
Esta opción subalterna, condena Chile a sufrir la violencia social, derivada de la desigualdad extrema y de la corrupción de las elites, que se juegan al todo o nada en esta piñata del poder.
Estos escenarios nos están diciendo que la sociedad chilena se encuentra atrapada en un modelo que extremó las diferencias sociales (desigualdad), pero al mismo tiempo ha creado una ilusión de integración, entre los mismos “perdedores”, mediante la oferta de un consumo habilitado por la expansión de la deuda familiar.
El abandono de la educación y la cultura en las generaciones jóvenes de Chile, ha habilitado la dosis suficiente de ignorancia y degradación como para hacerles aceptar un destino oprobioso y una dócil rebelión evasiva (drogas, alcoholismo, consumo).
Los problemas de la delincuencia de última generación, que incluye la que proviene infiltrada en la inmigración, han ayudado a incorporar el otro ingrediente de la dominación: el miedo.
La propaganda de la extrema derecha se basa justamente en presentarse como los guardianes protectores de esta ciudadanía, aterrorizada por los medios de comunicación. Vienen aprendiendo de la experiencia de otros líderes de extrema derecha que lograron grandes victorias apelando a ese infalible recurso: Bukele, Bolsonaro, Trump y Noboa. En Chile van bien encaminados con esa estrategia. Ya la insensibilidad de las personas llega a tal grado, que son capaces de aceptar el hipotecar sus libertades básicas con tal que les prometan borrar de sus mentes la pesadilla del miedo (promesa antigua y nunca cumplida por los gobiernos de derecha).
AHORA TIENEN MIEDO DE LA LIBERTAD, pues la juzgan como permisiva ante el delito, y hasta son capaces de tragarse ruedas de carreta, tan enormemente peligrosas, como amnistiar a delincuentes violadores de derechos humanos, violadores de menores y represores inmisericordes que amputaron y lisiaron a cientos de chilenos, por el delito de manifestarse. Se admiran de la dictadura de Maduro, ahí los juzgan como criminales, pero resulta que desean amnistiar en Chile a quienes hicieron lo mismo de lo que hacen en el régimen de Venezuela, como lo vimos hacer en la dictadura de Pinochet junto a la derecha política, y como se exhibió durante la represión criminal durante las manifestaciones del 2019.
También están dispuestos a aceptar la propuesta de “endurecer la mano” represiva, aplastando derechos humanos consagrados, con lo cual se abre otro averno de discrecionalidad abusiva por parte de las autoridades, las que estarían inmunes y no enjuiciables en las circunstancias de crímenes de lesa humanidad. De esto ya tenemos una larga y dolorosa experiencia.
La lucha contra el crimen, autoriza (según el criterio de estos Halcones) a todas las formas de abuso e impunidad; no se puede ofender a Carabineros (con el perro matapacos), no se puede poner en duda su integridad (a pesar de los hechos evidenciados); la autoridad es infalible e inapelable, siempre que esté de su parte. Se instala la sociedad de la “guerra interna”, la política oficial de la “seguridad nacional” y adiós derechos políticos, garantías personales y derechos privados o colectivos.
Si alguien cree que esto es una campaña del terror, les sugiero que relean estas predicciones en un año más.
Lo único que puede evitar este anunciado destino es, como fue contra Pinochet, la lucha organizada y corajuda de la sociedad civil, en todos los frentes nacionales e internacionales. Indudablemente costará vidas, represión, encarcelamientos, torturas y abusos por doquier, pero no hay otra vía para atajar la permanencia del autoritarismo de la extrema derecha, que ahora nos amenaza como ya viene nublando el horizonte en varias naciones del planeta.
Parece ya un suplicio de Sísifo, tener que lidiar con la tortura represiva cada vez que la ciudadanía olvida la historia, incluso si no es tan antigua.
Hugo Latorre Fuenzalida
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