CHILE: SEGUNDO PRODUCTOR MUNDIAL DE SALMÓN AL PRECIO DE LA DESTRUCCIÓN DE LA NATURALEZA Y DE LAS PERSONAS

Si hablamos del sistema capitalista neoliberal que denunciamos, para definir el modelo que impuso la dictadura militar y que todos los gobiernos sucesivos han mantenido con tanto cariño, es muy posible que muchos no comprendan cabalmente el significado de este término económico técnico, como tampoco lo nefasto de este para las personas, la naturaleza y el medio ambiente, en el presente como en un futuro inmediato.
A este respecto hay un ejemplo que no puede ser más claro para entender el verdadero carácter criminal de un modelo económico como este, en que las ganancias que puede obtener un grupo para su exclusivo beneficio son mil veces más importantes que la vida de las personas, la riqueza y variedad de la naturaleza y la manera de vivir de la gente con sus costumbre y tradiciones.
Este ejemplo es el de las salmoneras que operan en el sur de Chile, en una situación que ha trascendido más allá de las fronteras del país, tal como lo demuestran diversas encuestas a nivel internacional y, últimamente, un reportaje publicado por la revista francesa GEO de diciembre recién pasado
“La industria chilena del salmón está en pleno apogeo, pero cada vez más cuestionada. Además de poner en peligro a sus trabajadores, utiliza antibióticos en cantidades industriales, lo que favorece la aparición de bacterias resistentes a estos. Las poblaciones autóctonas y los pescadores artesanales denuncian el impacto ecológico: envenena el agua, destruye la fauna y amenaza los sistemas de vida tradicionales de los pueblos autóctonos”, señala la publicación.
Y, si alguien puede pensar que el daño a la naturaleza no sería importante, hay un hecho que es mucho más grave y criminal cual es el atentado contra la vida de las personas que trabajan en ese sector, resultado de las condiciones laborales impuestas por estas empresas.
“Durante los últimos doce años, la industria salmonera chilena ha registrado el índice de accidentes del trabajo más elevado a nivel mundial”, señala la revista, citando al director de la ONG ecologista Océanos, Juan Cárdenas, el que precisa que “Entre marzo 2013 y julio 2025, 83 trabajadores han perdido la vida en accidentes del trabajo vinculados a ese sector”.
Sin embargo, esta documentada realidad dada a conocer a nivel internacional ha sido enfrentada por la Asociación de Salmonicultores de Magallanes mediante una campaña de desinformación y mentiras, según han denunciado organizaciones y comunidades autóctonas del sector, entre ellas la Comunidad Indígena Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar.
La comunidad califica como una verdadera ofensa la versión de los industriales del salmón cuando pretenden mostrar como obstáculos para el desarrollo las medidas legales de protección frente a un modelo que sólo busca ganancias para unos pocos a costa de la destrucción del medio ambiente, la contaminación de los ríos y el mar y, sobre todo, al precio de la vida y la salud de las personas.
Un ejemplo descarnado de lo que es este sistema neoliberal que señalábamos al comienzo, donde el dinero para unos pocos es mil veces más importante que la vida de una persona, lo puso en evidencia, también a nivel internacional, el expresidente Eduardo Frei Ruiiz Tagle, uno de los más celosos guardianes de la herencia económica de la dictadura de Pinochet.
Eduardo Frei que, en el mes de junio pasado, participaba en una cumbre empresarial Chile-Japón, se pronunció por un desarrollo de las exportaciones chilenas, entre las cuales la del salmón. Pero para eso, lo primero que tenemos que hacer es matar la Ley Lafkenche, porque está matando la industria del salmón en Chile“, afirmó.
La Ley Lafkenche fue promulgada el 2008 para crear Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios, reconociendo el derecho de los pueblos indígenas a administrar áreas del borde costero que históricamente han utilizado, con el fin de proteger y promover el desarrollo cultural, económico y religioso de los pueblos originarios en estas zonas.
En fin, dicho de otra manera, cruda y real, las palabras de Frei convertido así en portavoz de las salmoneras no significan otra cosa que “se mueran y se vayan a la cresta esos indios de mierda que nos impiden seguir ganando más y más dinero”.
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