Cultura – Libro

AQUELLOS QUE FUERON LOS ÚLTIMOS EXILIADOS DE LA DICTADURA CÍVICO MILITAR CHILENA

por Sergio Zamora

El 29 de enero 1990, en los momentos en que el general Pinochet se prepara a ceder su lugar como presidente de Chile a Patricio Aylwin, presidente democráticamente elegido, una espectacular evasión tiene lugar desde una prisión de Santiago.
De este modo, los prisioneros políticos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) recordaron brutalmente que detrás de las apariencias de la “transición democrática” las cuentas de la dictadura seguían pendientes.
Xavier Montanya recuerda la epopeya de esos militantes, cuya acción en la lucha armada – en particular el atentado que por poco no abate Pinochet el 7 de septiembre de 1986 – jugó un rol decisivo para sacudir el régimen de los militares y precipitará las transacciones políticas, bajo el arbitraje más o menos discreto de los Estados Unidos.
Según la Comisión chilena de los derechos humanos, al mes de diciembre de 1988, ciento catorce militantes del FPMR habían sido asesinados y cuatrocientos veintinueve otros interpelados y enviados en su gran mayoría ante tribunales militares. En tales circunstancias, la evasión de los militantes del FPMR era una acción necesaria y urgente.
No obstante, casi veinte años más tarde, en 2009, habiendo rechazado de someterse a la clemencia hipotética de una democracia en donde el antiguo dictador Pinochet seguiría al mando de las Fuerzas Armadas, algunos de los evadidos de ayer, seguían perseguidos por la justicia, siendo los últimos exiliados de Pinochet.
A este respecto, la obra recuerda entre otros hechos que Danielle Mitterrand, esposa del presidente francés François Mitterrand, ex resistente y fundadora de la Fundación France-Libertés denunció esta aberración cuando interpeló entonces a Aylwin ya en el momento en que este se preparaba para asumir sus funciones.
“¿Como es posible, señor presidente, que los hombres que arriesgaron sus vidas y perdieron su libertad, para que usted se encuentre en donde esta, estén todavía entre las manos de sus carceleros?”
Además de una descripción de la historia del FPMR, su relación con el Partido Comunista, o el intento de introducción de armas en Carrizal Bajo, así como la Operación Albania, donde la dictadura asesinó a doce jóvenes de la organización, dos grandes capítulos forman el eje de este libro:
El atentado contra Pinochet (Operación siglo XX), el 7 de setiembre de 1986 y la gran evasión (Operación Éxito), preparada durante un año y medio en el Centro de detención preventiva (antigua Cárcel Publica de Santiago) que, el 29 de enero de 1990, permitirá la fuga de 49 prisioneros políticos.
Más allá de los detalles de como se organiza y se lleva a cabo, el atentado contra Pinochet, la obra de Montanya hace una interesante y detallada descripción de los resultados de este que, si bien no alcanzó el objetivo principal, provocó grandes trastornos sicológicos a ese valiente y aguerrido soldado que pretendía ser el  dictador.
Así, según el diagnóstico del médico jefe del servicio de siquiatría del Hospital Militar de Santiago, después del ataque, Pinochet se encontraba en un estado lamentable.
 “Desde hace un mes, el paciente sufre de ansiedad generalizada, acompañadas de crisis de pánico de una frecuencia de dos o tres crisis por semana, durante la cuales se muestra agitado y ansioso, presentando trastornos neurovegetativos acentuados, con una alternancia de periodos durante los cuales el camina incansablemente soliloquiando”, comienza señalando el informe.
Este añadía que el dictador “presenta además trastornos de la memoria con deformación de recuerdos en función de sus miedos, grandes dificultades para dormir, obsesionado por ideas de amenazas y de muerte”. Este estado de agitación y de angustia alterna con largos periodos durante los cuales él se acuesta a puertas cerradas para no ver a nadie. Además, durante esas crisis de pánico, él corre y grita, sin control…”
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Les derniers exilés de Pinochet, Xavier Montanya, Ediciones Agone, Marsella 2009.

1 Comment

  1. Cuando se realizó la fuga de enero del 90, y mientras hasta los obispos celebraban, hubo un fulano llamado Ricardo Lagos que lo consideró « un hecho lamentable ».

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