Caricatura – Cuba

 A PROPÓSITO DE UNA CARICATURA

Por Claudio Jedliki

En Le Kahuin de París del mes de enero precedente, la caricatura de portada se inspiraba de la declaración de Boric sentenciando a Cuba como dictadura y un par de lectores perdieron una oportunidad de callarse.
No se trata de propugnar la censura, ni impedirle a quien sea que piense lo que se le antoje sobre Cuba, sino de refrescarle la memoria a compañeros que se reclaman del campo del progreso que se suman a la campaña de la peor reacción orquestada por Trump en contra de la isla.
Obviamente tampoco se trata de responderles, pero aprovechar la ocasión para referirme a Cuba y las amenazas que la ciernen en el contexto de la política neocolonialista expansionista de Trump y sus cortesanos.
Recordemos que en la caricatura aparece el chef Boric sirviéndole el mapa de Cuba a Trump, cuchillo y tenedor en mano, presentándole el plato como la dictadura. De ahí, los críticos extrapolan, nos caricaturan a su vez, catalogándonos de negacionistas y por ende, aprobando al susodicho, el que en algunas semanas será expresidente.
La más elemental evidencia empírica permite constatar que Cuba no es una democracia de tipo occidental, con diferentes partidos que se confrontan en elecciones a intervalos regulares.Ni tampoco un país donde impera una libertad tal que permite decir cualquier cosa (en muchos países de Europa tampoco), ni difundir mentiras a repetición que, por lo demás, muchas veces emanan para comenzar de las cúpulas gobernantes, ni menos aún tolerar violencia policial, especialmente dirigida contra las minorías étnicas.Asimismo, es cierto, que tampoco existe la libertad de dejar morirse de hambre, de enfermedad y vejez a los que no disponen de medios financieros para palearlo.
 También la economía casi estancada requiere reformas que permitan generar empleos productivos. La situación actual donde coexisten aquellos que reciben divisas de familiares emigrados con los que solo viven de sueldos cubanos esta comprometiendo gravemente el proceso igualitario engendrado por la Revolución.
Sin embargo, aunque profesemos mayor libertad política, de confrontación de ideas y de instituciones adecuadas para expresarlas, así como reformas económicas drásticas, no dudamos un instante en abstenernos de sumar nuestras críticas a las de Trump.
 Más aun cuando estas intervienen simultáneamente con las amenazas de asfixiarla, movilizando su armada en los alrededores e imponiendo aranceles a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba.
Nos oponemos porque la intervención de otro país cual sea su régimen es inaceptable, como por ejemplo la de Rusia en Ucrania, la de Francia en los asuntos de África y las de EEUU en América latina*.
Nos oponemos también porque la Revolución cubana, su pueblo y sus dirigentes no pueden ser indiferentes para la izquierda chilena. La solidaridad que siempre nos han manifestado, durante el gobierno popular, ejemplar con los exilados de la Dictadura, la ayuda y el internacionalismo revolucionario con la resistencia, por lo demás muy superior a la del resto del mundo socialista.
Aquellos que venimos de ese horizonte, cual sea nuestra evolución posterior con los grandes cambios que ha conocido el mundo desde entonces, no tenemos derecho a olvidar los sacrificios que esa solidaridad impuso a los cubanos, menos aun cuando son injustamente atacados por el imperialismo. Tan injustamente, que ni siquiera se han atrevido a inventar alguna razón que lo justifique.
Nuestra solidaridad no puede limitarse a la simple condena verbal del imperialismo. Tenemos que buscar y encontrar formas de acción que traduzcan la materialización de este apoyo.
 La primera es pesar sobre nuestros gobiernos expresando nuestra indignación e intentando desbloquear formas de solidaridad concretas. Debemos también buscar formas de resistencia a la ofensiva imperialista trumpista boicoteando el comercio con los EEUU y de  sus inversiones que se expanden por el mundo.
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*Solo es, o al menos digna de ser examinada por instancias internacionales, una intervención, en caso de genocidio y casos asimilables. Sería el caso por ejemplo en Gaza o en Cisjordania si las masacres continúan, o en Ucrania para terminar con la invasión rusa, pero de ninguna manera la decisión solitaria de un país.

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