¡ ESO NOS PASA POR BURLARNOS DE LA DESGRACIA AJENA !

Hubo un tiempo no muy lejano en que nosotros los chilenos, que por momentos somos tan dados a mirar la paja en el ojo ajeno, nos reíamos con una cierta soberbia de los argentinos que habían elegido presidente a un payaso ridículo el que, además, las oficia encantado de perro faldero del delincuente pedófilo Donald Trump.
Siendo niño (hace muuuuucho tiempo), los mayores, entre otros consejos de buen vivir, nos indicaban que no debíamos burlarnos de la desgracia ajena, pues había una instancia divina superior, llámese Dios, que nos castigaría y que sufriríamos de los mismos males de los que nos reíamos.
Como es de imaginar, todas esas normas poco o nada significaban en nuestro comportamiento infantil, pero, pasado el tiempo, ocurre que podríamos pensar que los viejos de entonces tenían razón y que, al parecer existe ese personaje allí entre las nubes que nos está castigando por burlarnos de los argentinos.
Chile, que en Latinoamérica es uno de los países que está en la punta de la tecnología de tratamiento y transmisión de datos y comunicaciones, tenía un proyecto para instalar un cable submarino que facilitaría los intercambios entre nuestro país y uno de los polos de la economía mundial que es China.
Pues bien, este proyecto, pues era sólo esto y estaba aún lejos de su instalación y puesta en servicio, bastó para provocar la reacción de Washington que decidió castigar la osadía que significaba el que un país de lo que hoy, más que nunca considera su patrio trasero, adoptara una decisión soberana.
Fue así como el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, uno de los mejor calificados del gabinete, Juan Carlos Muñoz, más otros dos altos funcionarios chilenos, el subsecretario de Comunicaciones, Claudio Araya y su jefe de gabinete, Guillermo Petersen, vio retirada su visa de entrada a Estados Unidos.
Esta decisión, en su fondo arbitraria y atentatoria contra la soberanía y el respeto de nuestro país, fue comunicada por la Casa Blanca a través de redes sociales, sin nota diplomática ni conversaciones entre cancillerías, como corresponde en las relaciones entre Estados soberanos.
Es decir, en su forma, fue a la manera como el amo se dirige a un esclavo, con una frase: “ha comprometido infraestructura critica y erosionado la seguridad en nuestro hemisferio”.
La sanción es “arbitraria y unilateral que rechazamos en los términos más enérgicos”, declaró la ministra vocera del Gobierno, Camila Vallejo.
“Chile es un país soberano y como tal toma decisiones de manera soberana… y por lo tanto independientemente de las consideraciones, advertencias incluso que se han hecho, nuestro país toma decisiones de manera soberana y la soberanía se ejerce respetando nuestra institucionalidad y nuestro marco normativo y menos en base a presiones externas”, insistió Vallejo.
La respuesta del embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd, con el estilo resultado de la experiencia diplomática que adquirió en tanto agente de la patrulla fronteriza, replicó: “Es nuestra decisión soberana quien entra en nuestro país”.
Luego señaló que, a pesar de la advertencia, no había respuesta de las autoridades chilenas respecto al proyecto.
“Como no hemos recibido ninguna información, debemos asumir que esto ha continuado su curso, dejando vulnerables a los chilenos, a los estadounidenses y a todo el mundo”, dijo.
No es necesario ser muy hábil para comprender que esta actitud matonesca de la administración Trump es un mensaje claro que no tendría sentido dirigir a la actual administración de Gabriel Boric que termina su mandato.
Resulta evidente entonces que el mensaje está claramente dirigido para fijar los márgenes y la manera como el nuevo gobierno encabezado por José Antonio Kast debe comportarse en sus relaciones con Estados Unidos.
Todas estas afrentas están dirigidas contra la dignidad de Chile en tanto país soberano y libre de las decisiones que debe tomar en su interés, más allá de quien sea el que está en el gobierno.
A pocos días de asumir sus funciones de presidente de la República, Juan Antonio Kast debe viajar a Miami pues está convocado por Donal Trump para participar en la cumbre “Shield of America”, donde se debe actualizar el mapa de las relaciones de poder de Estados Unidos sobre el hemisferio.
En las circunstancias y en el contexto detallado anteriormente, la participación de Kast en dicho evento, junto a personajes como Javier Milei y Nayib Bukele, no puede sino ser considerada como el alineamiento del nuevo gobierno chileno con los designios del proyecto imperialista de Washington.
Parece ser que cuando los mayores nos decían que seríamos castigados con los mismos males de los cuales nos burlábamos, en este caso de los argentinos y de su payaso Milei haciendo el perro faldero de Trump, algo de razón tenían.
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